lunes, 12 de septiembre de 2016

18-09-2016 - 25º domingo Tiempo ordinario (C)

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
El pasado 2 de octubre, José Antonio Pagola nos visitó en la Parroquia de San Pedro Apóstol de la Iglesia de Sopela, dándonos la conferencia:
"Volver a Jesucristo. Iniciar la reacción". 
Pulsando aquí podréis disfrutar de ella.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Para leer, compartir, bajarse o imprimir las homilias de José Antonio Pagola del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer las homilias de cada ciclo.

¡Volver a Jesucristo! Iniciar la reacción.
Video de la Conferencia de Jose Antonio Pagola. 

José Antonio Pagola: He recibido con satisfacción la resolución definitiva de la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe sobre mi libro, Jesús.Aproximación histórica.

No dejes de visitar la nueva página de VÍDEOS DE LAS CONFERENCIAS DE JOSÉ ANTONIO PAGOLA .

------------------------------------------------------------------------------------------------------------

25º domingo Tiempo ordinario (C)


EVANGELIO

No podéis servir a Dios y al dinero.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 16,1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
[Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
- ¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.
El administrador se puso a echar sus cálculos:
- ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero:
- ¿Cuánto debes a mi amo?
Éste respondió:
- Cien barriles de aceite.
Él le dijo:
- Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe «cincuenta».
Luego dijo a otro:
- Y tú, ¿cuánto debes?
Él contestó:
- Cien fanegas de trigo.
Le dijo:
- Aquí está tu recibo: escribe «ochenta».
Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.
Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.]
El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado.
Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, lo vuestro ¿quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

Palabras de Dios.

HOMILIA

2015-2016 -
18 de septiembre de 2016

DINERO

Ganas amigos con el dinero injusto.

La sociedad que conoció Jesús era muy diferente a la nuestra. Sólo las familias poderosas de Jerusalén y los grandes terratenientes de Tiberíades podían acumular monedas de oro y plata. Los campesinos apenas podían hacerse con alguna moneda de bronce o cobre, de escaso valor. Muchos vivían sin dinero, intercambiándose productos en un régimen de pura subsistencia.
En esta sociedad, Jesús habla del dinero con una frecuencia sorprendente. Sin tierras ni trabajo fijo, su vida itinerante de Profeta dedicado a la causa de Dios le permite hablar con total libertad. Por otra parte, su amor a los pobres y su pasión por la justicia de Dios lo urgen a defender siempre a los más excluidos.
Habla del dinero con un lenguaje muy personal. Lo llama espontáneamente «dinero injusto» o «riquezas injustas». Al parecer, no conoce "dinero limpio". La riqueza de aquellos poderosos es injusta porque ha sido amasada de manera injusta y porque la disfrutan sin compartirla con los pobres y hambrientos.
¿Qué pueden hacer quienes poseen estas riquezas injustas? Lucas ha conservado unas palabras curiosas de Jesús. Aunque la frase puede resultar algo oscura por su concisión, su contenido no ha de caer en el olvido. «Yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto para que cuando os falte, os reciban en las moradas eternas».
Jesús viene a decir así a los ricos: "Emplead vuestra riqueza injusta en ayudar a los pobres; ganaos su amistad compartiendo con ellos vuestros bienes. Ellos serán vuestros amigos y, cuando en la hora de la muerte el dinero no os sirva ya de nada, ellos os acogerán en la casa del Padre". Dicho con otras palabras: la mejor forma de "blanquear" el dinero injusto ante Dios es compartirlo con sus hijos más pobres.
Sus palabras no fueron bien acogidas. Lucas nos dice que «estaban oyendo estas cosas unos fariseos, amantes de las riquezas, y se burlaban de él». No entienden el mensaje de Jesús. No les interesa oírle hablar de dinero. A ellos sólo les preocupa conocer y cumplir fielmente la ley. La riqueza la consideran como un signo de que Dios bendice su vida.
Aunque venga reforzada por una larga tradición bíblica, esta visión de la riqueza como signo de bendición no es evangélica. Hay que decirlo en voz alta porque hay personas ricas que de manera casi espontánea  piensan que su éxito económico y su prosperidad es el mejor signo de que Dios aprueba su vida.
Un seguidor de Jesús no puede hacer cualquier cosa con el dinero: hay un modo de ganar dinero, de gastarlo y de disfrutarlo que es injusto pues olvida a los más pobres.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2012-2013 -
22 de septiembre de 2013

NO SOLO CRISIS ECONÓMICA

“No podéis servir a Dios y al Dinero”. Estas palabras de Jesús no pueden ser olvidadas en estos momentos por quienes nos sentimos sus seguidores, pues encierran la advertencia más grave que ha dejado Jesús a la Humanidad. El Dinero, convertido en ídolo absoluto, es el gran enemigo para construir ese mundo más justo y fraterno, querido por Dios.
Desgraciadamente, la Riqueza se ha convertido en nuestro mundo globalizado en un ídolo de inmenso poder que, para subsistir, exige cada vez más víctimas y deshumaniza y empobrece cada vez más la historia humana. En estos momentos nos encontramos atrapados por una crisis generada en gran parte por el ansia de acumular.
Prácticamente, todo se organiza, se mueve y dinamiza desde esa lógica: buscar más productividad, más consumo, más bienestar, más energía, más poder sobre los demás... Esta lógica es imperialista. Si no la detenemos, puede poner en peligro al ser humano y al mismo Planeta.
Tal vez, lo primero es tomar conciencia de lo que está pasando. Esta no es solo una crisis económica. Es una crisis social y humana. En estos momentos tenemos ya datos suficientes en nuestro entorno y en el horizonte del mundo para percibir el drama humano en el que vivimos inmersos.
Cada vez es más patente ver que un sistema que conduce a una minoría de ricos a acumular cada vez más poder, abandonando en el hambre y la miseria a millones de seres humanos, es una insensatez insoportable. Inútil mirar a otra parte.
Ya ni las sociedades más progresistas son capaces de asegurar un trabajo digno a millones de ciudadanos. ¿Qué progreso es este que, lanzándonos a todos hacia el bienestar, deja a tantas familias sin recursos para vivir con dignidad?
La crisis está arruinando el sistema democrático. Presionados por las exigencias del Dinero, los gobernantes no pueden atender a las verdaderas necesidades de sus pueblos. ¿Qué es la política si ya no está al servicio del bien común?
La disminución de los gastos sociales en los diversos campos y la privatización interesada e indigna de servicios públicos como la sanidad seguirán golpeando a los más indefensos generando cada vez más exclusión, desigualdad vergonzosa y fractura social.  Los seguidores de Jesús no podemos vivir encerrados en una religión aislada de este drama humano. Las comunidades cristianas pueden ser en estos momentos un espacio de concienciación, discernimiento y compromiso. Nos hemos de ayudar a vivir con lucidez y responsabilidad. La crisis nos puede hacer más humanos y más cristianos.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2009-2010 – CON LOS OJOS FIJOS EN JESÚS
19 de septiembre de 2010

DINERO

(Ver homilía del ciclo C - 2015-2016)

José Antonio Pagola

HOMILIA

2006-2007 – HACERNOS DISCÍPULOS DE JESÚS
23 de septiembre de 2007

CRISTIANISMO IMPOSIBLE

No podéis servir a Dios y al dinero.

Jesús era ya adulto cuando Antipas puso en circulación monedas acuñadas en Tiberíades. Sin duda, la monetización suponía un progreso en el desarrollo de Galilea, pero no logró promover una sociedad más justa y equitativa. Fue al revés.
Los ricos de las ciudades podían ahora operar mejor en sus negocios. La monetización les permitía «atesorar» monedas de oro y plata que les proporcionaban seguridad, honor y poder. Por eso llamaban a ese tesoro «mamona», dinero «que da seguridad».
Mientras tanto, los campesinos apenas podían hacerse con algunas monedas de bronce o cobre, de escaso valor. Era impensable atesorar «mamona» en una aldea. Bastante tenían con subsistir intercambiándose entre ellos sus modestos productos.
Como ocurre casi siempre, el progreso daba más poder a los ricos y hundía un poco más a los pobres. Así no era posible acoger el reino de Dios y su justicia. Jesús no se calló: «Ningún siervo puede servir a dos amos pues se dedicará a uno y no hará caso del otro… No podéis servir a Dios y al Dinero» (mamona). Hay que escoger. No hay alternativa.
La lógica de Jesús es aplastante. Si uno vive subyugado por el Dinero pensando sólo en acumular bienes, no puedes servir a ese Dios que quiere una vida más justa y digna para todos, empezando por los últimos.
Sus palabras tuvieron que sacudir la conciencia de quienes le escuchaban. Para ser de Dios, no basta formar parte del pueblo elegido ni darle culto en el templo. Es necesario mantenerse libre ante el Dinero y escuchar su llamada a trabajar por un mundo más humano.
Algo falla en el cristianismo de los países ricos, cuando somos capaces de afanarnos por asegurar y acrecentar más y más nuestro bienestar, sin sentirnos interpelados por el mensaje de Jesús y el sufrimiento de los pobres del mundo. Algo falla cuando somos capaces de vivir lo imposible: el culto a Dios y el culto al Bienestar.
Algo importante falla en la Iglesia de Jesús cuando, en vez de gritar con nuestra palabra y nuestra vida que no es posible la fidelidad a Dios y el culto a la riqueza, contribuimos a adormecer las conciencias, desarrollando una religión burguesa y tranquilizadora.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2003-2004 – A QUIÉN IREMOS
19 de septiembre de 2004

NO MIRAR PARA OTRO LADO

No podéis servir a Dios y al dinero.

El hundimiento del socialismo en los países del Este ha traído como consecuencia el fortalecimiento de un capitalismo puro y duro. Ya no hay que pensar en ningún otro sistema alternativo. El único modelo para organizar la economía mundial es el Mercado Libre.
Es difícil no dejarse «domesticar» por los predicadores de la economía liberal. Se proclama que «nadie ha inventado todavía una economía más eficiente», pero no se nos responde a dos sencillas preguntas: ¿eficiente en qué?, ¿eficiente para quién?
Se nos asegura que el sistema capitalista es la forma definitiva de economía. Se ha llegado al final de la evolución del pensamiento humano (F. Fukuyama). No hay que buscar nuevos principios orientadores. Pero nadie nos dice que este sistema olvida las necesidades de dos tercios de la humanidad.
Se habla del Mercado Libre como si fuera una religión. Hay que someterse con fe ciega a sus leyes y mecanismos. Funciona de manera espontánea e infalible como un poder benefactor. Es el camino más seguro para lograr un día el bienestar de todos, pues la economía de Mercado está dirigida por una especie de «deus absconditus» que va orientando el mundo hacia su verdadero progreso.
Eso sí. Es necesario «creer», pues de momento no es posible ninguna verificación. Lo que ahora se comprueba es que el sistema beneficia a los poderosos y excluye cada vez más a los pueblos pobres y hambrientos.
Es natural. Los intereses de los poderosos no crean una economía solidaria con los hambrientos. El egoísmo estimulado por la competitividad no piensa en la necesidad del otro. En la lógica de la economía de Mercado no se contempla el sufrimiento y la humillación de los excluidos. Lo dijo Jesús con rotunda clarividencia: No podéis servir al Dios de la compasión y al Dinero.
Los cristianos no podemos mirar para otro lado. Es cierto que la Iglesia no tiene en sus manos la solución, pero somos portadores de una conciencia animada por la compasión. Hemos de recordar sin cansarnos el horror del hambre en el mundo y gritar en voz alta la mentira de nuestro bienestar.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2000-2001 – BUSCAR LAS RAÍCES
23 de septiembre de 2001

DESAFÍO

No podéis servir a Dios y al dinero.

El evangelista Marcos resume correctamente el mensaje de Jesús cuando dice que «proclamaba la Buena Noticia de Dios» y predicaba: «El Reino de Dios está cerca. Convertíos creed la Buena Noticia». Son pocos los que sospechan el desafío y la provocación que encierran estas palabras aparentemente tan piadosas e inofensivas.
Jesús cuestiona, antes que nada, la manera de entender la realidad que domina hoy en el mundo occidental. Nuestra visión es estrecha y unidimensional. Para el hombre moderno, la realidad termina donde termina nuestra capacidad de comprobar las cosas. No hay nada más que lo que nosotros podemos verificar (!). Frente a este «ateísmo práctico» que configura la cultura moderna, Jesús habla de Dios. Hay otra dimensión que está más allá del mundo visible de nuestra experiencia ordinaria; la realidad es más rica y profunda que lo que la ciencia nos quiere hacer creer: hay Dios.
Esta Realidad que Jesús llama Dios no es algo tenebroso para el ser humano. No es tampoco un Ídolo insaciable al que las diversas religiones se esfuerzan por aplacar. Dios es una «Buena Noticia», pues lo único que busca es una vida digna y dichosa para todos. Es un grave error que la cultura moderna arranque de las conciencias la fe en este Dios, pues es dejar al ser humano sin su fuerza más poderosa de orientación y realización.
Olvidado ese Dios que defiende la vida y dignidad de todo ser humano, incluso del más indefenso y desgraciado, Occidente va desarrollando una idolatría cada vez más masiva y decadente. Obsesionados por el culto al dinero, al bienestar, a la satisfacción material o el poder, estamos cada vez más ciegos para ver las víctimas sacrificadas en honor de nuestros ídolos. Los políticos más poderosos justifican de manera vergonzosa el egoísmo increíble de Occidente, y las Iglesias, domesticadas por la cultura del bienestar, no tienen fuerza para gritar y despertar las conciencias.
La llamada de Jesús es más actual que nunca. «No podéis servir a Dios y al dinero». Hay que cambiar nuestra manera de ver la realidad. Hay que centrar de nuevo la historia en ese Dios que nos recuerda la dignidad de todo ser humano. Hemos de transformar las conciencias y rebelamos frente a la indignidad de esta civilización. Al menos, que no cuenten con los que queremos seguir a Jesús.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1997-1998 – UN CAMINO DIFERENTE
20 de septiembre de 1998

PROGRESO

No podéis servir a Dios y al dinero.

El concepto de progreso que tan familiar resulta al hombre moderno es de origen relativamente reciente y ha nacido de la voluntad de emancipación y del avance de las ciencias en los últimos siglos. En otras épocas se ha vivido con la idea de estar anclados en un «eterno retorno» e incluso con la mirada puesta con añoranza en una «edad de oro» ya pasada.
Hoy tenemos la conciencia de estar viviendo en constante progreso. Cada generación edifica sobre lo construido por las generaciones anteriores mejorando el pasado. Este progreso se toma como algo inexorable. Nada ni nadie podrá detenerlo. La Humanidad seguirá progresando indefinidamente hacia un futuro siempre mejor.
Naturalmente esta idea de un progreso irreversible es una creencia que no puede ser fundamentada científicamente. Se trata de una especie de «artículo de fe» o «dogma moderno» que se acepta casi de manera ciega y sin mayor sentido crítico. De hecho sus mayores defensores han utilizado más de una vez un lenguaje religioso. Se ha hablado de una «mística del progreso».
Sin embargo, es evidente que el ser humano sigue siendo libre para elegir el bien o el mal. Más aún, cuanto más poder tenga en sus manos, más capacidad tendrá para hacer el bien o el mal. Por otra parte, es evidente también que no en todo se progresa para bien. El bienestar de unos se construye, muchas veces, sobre el sufrimiento y la opresión de otros. Al progreso material no responde de forma automática un progreso en solidaridad, justicia y vida mejor para todos.
De ahí la necesidad de mantener siempre la lucidez necesaria y el sentido crítico. ¿De qué sirve un desarrollo material indefinido, si nos hace más egoístas e insolidarios y si atrofia en nosotros el sentido de la justicia o la búsqueda de la verdad? Son conocidas las palabras de Jesús: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida?» (Mt 16, 26). Algunos comentaristas contemporáneos quieren ver en estas palabras una contestación penetrante de nuestra «civilización unidimensional» que no desarrolla el progreso del ser humano como tal en todas sus dimensiones ni crea mayor solidaridad y comunión entre los hombres. Alguien parafrasea así el dicho evangélico: «¿De qué sirve tener todo, si ya no se es nada?»
Lucas nos recuerda en su evangelio el dicho rotundo de Jesús: «No podéis servir a Dios y al dinero.» Los creyentes están llamados a criticar todo progreso orientado al mayor bienestar de los fuertes pero cada vez más ajeno al sufrimiento de los débiles. No se puede servir a Dios, Padre de todos, y defender tal progreso.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1994-1995 – VIVIR DESPIERTOS
24 de septiembre de 1995

DIOS O EL DINERO

No podéis servir a Dios y al Dinero.

La frase es conocida. Ningún exégeta duda de su autenticidad. Al contrario, es la sentencia que mejor refleja la actitud de Jesús ante el dinero. Por otra parte, la claridad y contundencia con que Jesús se expresa excluye todo intento de suavizar su sentido: «No podéis servir a Dios y al Dinero. »
Hoy se habla mucho de la crisis religiosa provocada por el racionalismo contemporáneo, pero se olvida ese «alejamiento» de Dios que tiene su origen no en el agnosticismo, sino en el poder seductor del dinero. Sin embargo, según Jesús, quien se ata al dinero termina alejándose de Dios.
Siempre se ha hecho notar que, curiosamente, el evangelio no denuncia tanto el origen inmoral de las riquezas conseguidas de manera injusta cuanto el poder que el dinero tiene de deshumanizar a la persona separándola del Dios vivo.
Las palabras de Jesús buscan impactar al oyente oponiendo
frontalmente el señorío de Dios y el del dinero. No se puede ser fiel a Dios y vivir esclavo del dinero. La riqueza tiene un poder subyugador irresistible. Cuando el individuo entra en la dinámica del ganar siempre más y del vivir siempre mejor, el dinero termina sustituyendo a Dios y exigiendo obediencia absoluta. En esa vida ya no reina el Dios que pide amor y solidaridad, sino el dinero que sólo mira el propio interés.
Los exégetas han analizado con rigor el texto evangélico. El «dinero» viene designado con el término de mammona», que sólo aparece cuatro veces en el Nuevo Testamento y siempre en boca de Jesús. Se trata de un término que proviene de la raíz aramea «aman» (confiar, apoyarse) y significa cualquier riqueza en la que el individuo apoya su existencia. El pensamiento de Jesús aparece así con más claridad: cuando una persona hace del dinero la orientación fundamental de su vida, su único punto de apoyo y su única meta, la obediencia al Dios verdadero se diluye.
La razón es sencilla. El corazón del individuo atrapado pór el dinero se endurece. Tiende a buscar sólo su propio interés, no piensa en el sufrimiento y la necesidad de los demás. En su vida no hay lugar para el amor desinteresado y la solidaridad. Por eso mismo, no hay lugar para un Dios Padre de todos.
El mensaje evangélico no ha perdido actualidad pues restituye al dinero su verdadero valor y su carácter humano. También hoy es un error hacer del dinero el «absoluto» de la existencia. ¿Qué humanidad puede encerrarse en quien sigue acaparando más y más, olvidado absolutamente de quienes padecen necesidad?

José Antonio Pagola

HOMILIA

1991-1992 – SIN PERDER LA DIRECCIÓN
20 de septiembre de 1992

CONSUMO, LUEGO EXISTO

No podéis servir a Dios y al dinero.

Probablemente, todavía no nos hemos percatado del profundo cambio socio-cultural que se ha producido entre nosotros, cuando grandes sectores de la sociedad han tenido acceso a un consumismo masivo.
En pocos años, la tecnología ha hecho posible la producción de toda clase de objetos, ingenios y aparatos. Pero, naturalmente, para poder venderlos, ha sido necesario estimular el apetito de los posibles compradores. Se han producido entonces dos hechos revolucionarios que van a configurar en adelante el estilo de vida del hombre contemporáneo.
Por una parte, se pone en marcha una publicidad cada vez más intensa y agresiva que acosa a las personas a lo largo de toda su vida, tratando de seducirlas con un mensaje muy sencillo: el ideal más deseable consiste en poseer cosas y disfrutarlas. Sin eso, la vida queda manca y sin aliciente.
Por otra parte, con el fin de facilitar la compra, se introduce el sistema de la venta a plazos. De esta manera, todos pueden tener ya acceso al consumismo masivo y adquirir toda clase de productos.
Sin duda, todo ello ha traído consigo una mejora de las condiciones de vida, que hemos de valorar y agradecer debidamente. Pero, al mismo tiempo, ha introducido un estilo de vivir enormemente peligroso, que no hemos de ignorar.
Para muchas personas, el ideal supremo consiste hoy en ganar más para tener más y disfrutar más. Se ha despertado en la sociedad un deseo insaciable de cosas. «De la satisfacción de necesidades hemos pasado a la insaciabilidad de las necesidades» (J. M. Mardones).
Poco a poco, este consumismo descontrolado va configurando la vida de no pocas personas. «El hombre consumista» lo ve todo desde la utilidad o satisfacción que le puede reportar. Incluso en las relaciones con las demás personas, se acostumbra a buscar la rentabilidad o el placer que el otro le puede proporcionar, no el encuentro amoroso y la mutua entrega.
De esta manera, «el consumista» corre el riesgo de volverse insolidario. No ve las necesidades y sufrimientos de los otros. Sólo vive para acaparar cosas, acumular experiencias placenteras y atrapar posesivamente a las personas.
Tampoco Dios tiene sitio en su corazón. Su religión es el consumo. No puede acoger a Alguien que es Amor. En último caso, sólo entendería una relación mercantilista con Dios: darle misas, oraciones y culto para ganar méritos y poseer el cielo.
En esta cultura del consumo resuenan con nueva fuerza las palabras de Jesús: «No podéis servir a Dios y al dinero.» No se puede vivir consumiendo egoístamente toda clase de bienes y pretender, al mismo tiempo, ser fieles a un Dios que pide amor y fraternidad.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1988-1989 – CONSTRUIR SOBRE LA ROCA
24 de septiembre de 1989

CON DINERO PERO SIN FELICIDAD

No podéis servir a Dios y al dinero.

Para aprender a vivir de manera nueva, lo primero y más importante no es hacer grandes esfuerzos para cambiar nuestra vida. Lo verdaderamente decisivo es despertar y atrevemos a ver las cosas tal como son, dándoles su verdadero nombre.
Es sorprendente con qué sencillez desenmascara Jesús nuestras ilusiones y falsedades. Escuchemos sus palabras sobre el dinero: “No podéis servir a Dios y al dinero”.
Nosotros creemos ingenuamente que nos servimos del dinero. Jesús nos habla de que servimos al dinero. Pensamos que somos dueños de nuestro dinero y no vemos que es el dinero nuestro dueño y señor. Creemos poseer las cosas y no nos damos cuenta de que las cosas nos poseen.
Nuestra sed de poseer y tener siempre más nace sencillamente de nuestra inseguridad. Necesitamos reafirmamos a nosotros mismos, protegernos ante los demás, asegurarnos el futuro. Pero cometemos una grave equivocación. Cuantas más cosas poseemos y acumulamos a nuestro alrededor, más crece nuestra inseguridad y nuestra preocupación. Más difícil se nos hace asegurar nuestra felicidad.
La razón es sencilla. Si depositamos nuestra felicidad en las cosas, el dinero y la cuenta corriente y les entregamos el poder de hacernos felices, nuestra felicidad corre un riesgo cada vez mayor. La fuente de nuestra felicidad ya no está en nosotros mismos sino en esas cosas y ese dinero que tenemos que defender y asegurar contra todos y contra todo.
Pero, por lo general, los hombres y las mujeres prefieren hacer dinero y tener cada vez más cosas, en vez de vivir y ser felices. No quieren ver que, precisamente, el vivir esclavos de tantas cosas es lo que les impide conocer la felicidad y saborear la vida.
Y, mientras se agotan discurriendo qué último modelo adquirirán o con qué artículo sofisticado nos “sorprenderán”, ni ellos mismos se dan cuenta cómo se van empobreciendo e incapacitando para disfrutar todo lo bueno, lo grande y hermoso que se encierra en una vida sencilla y modesta.
La felicidad no es algo que se alcanza poseyendo cosas y más cosas, sino algo que se comienza a intuir y experimentar cuando nuestro corazón se va liberando de tantas ataduras y esclavitudes.
Demasiado habituados ya a escuchar las palabras de Jesús, no queremos “entender” que mientras sigamos “sirviendo al dinero”, no nos abriremos ni sabremos lo que es la vida, el amor y la alegría.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1985-1986 – BUENAS NOTICIAS
21 de septiembre de 1986

NO HAY DOLOR AJENO

No podéis servir a Dios y al dinero.

Teóricamente ya entendemos la radical incompatibilidad que denuncia Jesús, cuando nos grita: «No podéis servir a Dios y al dinero».
Sabemos que no puede uno, al mismo tiempo, vivir esclavo de su bienestar económico y escuchar sinceramente las exigencias de un Dios que es Padre predilecto de los más pobres y nos llama a estar cerca de los más necesitados.
Pero no nos sentimos demasiado interpelados. No creemos que estamos tan esclavizados por el dinero sino sencillamente que nos preocupamos de asegurar las necesidades más «normales» hoy en una familia.
Por otra parte, tampoco terminamos de creernos que la fe exija una constante y real solidaridad con los más abandonados. ¿No es suficiente «dar alguna ayuda» de vez en cuando?
La catástrofe que hemos vivido recientemente ha provocado reacciones que merecerían un estudio detenido. De pronto, hemos podido ver a hombres y mujeres, unidos por la tragedia, luchando juntos por su subsistencia, repartiéndose lo poco que tenían y compartiendo lo más indispensable para vivir.
Empobrecidos repentinamente por la calamidad y desguarnecidos ante la fuerza incontenible de la naturaleza, parecía más fácil compartirlo todo y solidarizarse como hermanos.
Pero las aguas han vuelto de nuevo a su cauce y, probablemente, también nosotros volveremos a nuestra vida egoísta de siempre, al aislamiento, la insolidaridad y la lucha despiadada en que cada uno volverá a preocuparse casi exclusivamente por «lo suyo».
Ciertamente es difícil vivir la solidaridad cuando uno se organiza de nuevo la vida en función de su bienestar personal y familiar exclusivamente. Cuando más satisfacemos nuestros caprichos, más aumenta en nosotros la apatía y la insolidaridad.
Las palabras de Jesús deben interpelar nuestra conciencia cristiana. No se puede invocar a Dios como Padre de todos y vivir como expectador neutral de la desgracia ajena. Para los cristianos, no hay sufrimiento alguno que nos pueda ser ajeno.
No se puede servir al Dios de Jesucristo y aprovecharse de una desgracia general para asegurar mejor la prosperidad del propio negocio al margen de las necesidades ajenas.
No es cristiano poner la desgracia colectiva de las gentes al servicio de ideologías y partidismos interesados.
Y, sobre todo, es inadmisible ofrecer a los que sufren un «consuelo barato» hablándoles de la «ayuda de Dios en medio de la prueba», sin combatir con todos los medios a nuestro alcance, el sufrimiento que los hombres podemos evitar o suavizar.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1982-1983 – APRENDER A VIVIR
18 de septiembre de 1983

COMPROMISO IMPOSIBLE

No podéis servir a Dios y al dinero.

El mensaje de Jesús obliga a un replanteamiento total de la vida. Quien escucha sinceramente el evangelio intuye que se le invita a comprender, de una manera radicalmente nueva, el sentido último de todo y la orientación decisiva de toda su conducta.
Es difícil permanecer indiferente ante la palabra de Jesús, al menos, si uno sigue creyendo en la posibilidad de ser más humano cada día. Difícil no sentir inquietud y hasta cierto malestar al escuchar palabras como las que hoy nos recuerda el texto evangélico: «No podéis servir a Dios y al dinero».
Y, sin embargo, se entiende bien el pensamiento de Jesús. Es imposible ser fiel a un Dios que es Padre de todos los hombres y vivir, al mismo tiempo, esclavo del dinero y del propio interés.
Sólo hay una manera de vivir como «hijo» de Dios, y es, vivir realmente como «hermano» de los demás. Por eso, el que vive al servicio de sus bienes, dineros e intereses, no puede preocuparse de sus hermanos y no puede, por tanto, ser hijo fiel de Dios.
Hay algo que los cristianos olvidamos con excesiva facilidad. Ser cristiano exige cambiar radicalmente nuestros criterios de actuación y encauzar nuestra vida por caminos completamente diferentes a los que nos ofrece la sociedad actual.
En concreto, el que toma en serio a Jesús, sabe que no puede organizar su vida desde el proyecto egoísta de poseer ilimitadamente siempre más y más, sino que debe aprender a compartir y solidarizarse con los más necesitados. Al hombre que vive dominado por el interés económico, aunque viva una vida piadosa y recta, le falta algo esencial para ser cristiano: romper la servidumbre del «poseer» que le quita libertad para escuchar y responder a las necesidades de los más pobres.
No tiene otra alternativa. Y no puede engañarse, creyéndose «pobre de espíritu» en lo íntimo de su corazón. Porque el que realmente tiene alma de pobre, no puede seguir disfrutando tranquilamente de sus bienes mientras junto a él hay hombres necesitados hasta de lo más elemental.
Y no podemos tampoco engañarnos nadie, creyendo que «los ricos» siempre son los otros. La situación de crisis económica que está dejando en paro a tantos hombres y mujeres nos puede obligar a revisar nuestros presupuestos de vida, para ver si no debemos reducirlos y solidarizarnos de manera concreta con ellos. Sería un buen «test» para descubrir si servimos a Dios o a nuestro dinero.

José Antonio Pagola



Blog:               http://sopelakoeliza.blogspot.com

Para ver videos de las Conferencias de José Antonio Pagola
                        http://iglesiadesopelana3v.blogspot.com


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

La publicación de los comentarios requerirán la aceptación del administrador del blog.