lunes, 16 de octubre de 2017

22-10-2017 - 29º domingo Tiempo ordinario (A)


El pasado 2 de octubre de 2014, José Antonio Pagola nos visitó  en la Parroquia de San Pedro Apóstol de la Iglesia de Sopela, dándonos  la conferencia: Volver a Jesucristo. Iniciar la reacción.
Pulsando aquí podréis disfrutar de ella.

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¡Volver a Jesucristo! Iniciar la reacción.
Video de la Conferencia de Jose Antonio Pagola. 

José Antonio Pagola: He recibido con satisfacción la resolución definitiva de la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe sobre mi libro, Jesús.Aproximación histórica.

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29º domingo Tiempo ordinario (A)


EVANGELIO

Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:

-«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?»

Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:

-«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.»

Le presentaron un denario. Él les preguntó:

_« ¿De quién son esta cara y esta inscripción?»

Le respondieron:

-«Del César.»

Entonces les replicó:

-«Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

Palabra de Dios.

HOMILIA

2013-2014 -
22 de octubre de 2017

LOS POBRES SON DE DIOS

(Ver homilía del ciclo A - 2013-2014)

José Antonio Pagola

HOMILIA

2013-2014 -
19 de octubre de 2014

LOS POBRES SON DE DIOS

A espaldas de Jesús, los fariseos llegan a un acuerdo para prepararle una trampa decisiva. No vienen ellos mismos a encontrarse con él. Les envían a unos discípulos acompañados por unos partidarios de Herodes Antipas. Tal vez, no faltan entre estos algunos poderosos recaudadores de los tributos para Roma.

La trampa está bien pensada: “¿Es lícito pagar impuestos al César o no?”. Si responde negativamente, le podrán acusar de rebelión contra Roma. Si legitima el pago de tributos, quedará desprestigiado ante aquellos pobres campesinos que viven oprimidos por los impuestos, y a los que él ama y defiende con todas sus fuerzas.

La respuesta de Jesús ha sido resumida de manera lapidaria a lo largo de los siglos en estos términos: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Pocas palabras de Jesús habrán sido citadas tanto como éstas. Y ninguna, tal vez, más distorsionada y manipulada desde intereses muy ajenos al Profeta, defensor de los pobres.

Jesús no está pensando en Dios y en el César de Roma como dos poderes que pueden exigir cada uno de ellos, en su propio campo, sus derechos a sus súbditos. Como todo judío fiel, Jesús sabe que a Dios “le pertenece la tierra y todo lo que contiene, el orbe y todos sus habitantes” (salmo 24). ¿Qué puede ser del César que no sea de Dios? Acaso los súbditos del emperador, ¿no son hijos e hijas de Dios?

Jesús no se detiene en las diferentes posiciones que enfrentan en aquella sociedad a herodianos, saduceos o fariseos sobre los tributos a Roma y su significado: si llevan “la moneda del impuesto” en sus bolsas, que cumplan sus obligaciones. Pero él no vive al servicio del Imperio de Roma, sino abriendo caminos al reino de Dios y su justicia.

Por eso, les recuerda algo que nadie le ha preguntado: “Dad a Dios lo que es de Dios”. Es decir, no deis a ningún César lo que solo es de Dios: la vida de sus hijos e hijas. Como ha repetido tantas veces a sus seguidores, los pobres son de Dios, los pequeños son sus predilectos, el reino de Dios les pertenece. Nadie ha de abusar de ellos.

No se ha de sacrificar la vida, la dignidad o la felicidad de las personas a ningún poder. Y, sin duda, ningún poder sacrifica hoy más vidas y causa más sufrimiento, hambre y destrucción que esa “dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” que, según el papa Francisco, han logrado imponer los poderosos de la Tierra. No podemos permanecer pasivos e indiferentes acallando la voz de nuestra conciencia en la práctica religiosa.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2010-2011 -
16 de octubre de 2011

VÍCTIMAS

La pregunta que hacen a Jesús algunos sectores fariseos, confabulados con partidarios de Antipas, es una trampa preparada con astucia para ir preparando un clima propicio para eliminarlo: «¿Es lícito pagar impuesto al César o no?».

Si dice que es lícito, Jesús quedará desprestigiado ante el pueblo y perderá su apoyo: así será más fácil actuar contra él. Si dice que no es lícito, podrá ser acusado de agitador subversivo ante los romanos que, en las fiestas de Pascua ya próximas, suben a Jerusalén para ahogar cualquier conato de rebelión contra el César.

Antes que nada, Jesús les pide que le muestren «la moneda del impuesto» y que le digan de quién es la imagen y la inscripción. Los adversarios reconocen que la imagen es del César como dice la inscripción: Tiberio César, Hijo augusto del Divino Augusto. Pontífice Máximo. Con su gesto, Jesús ha situado la pregunta en un contexto inesperado.

Saca entonces una primera conclusión. Si la imagen de la moneda pertenece al César, «dad al César lo que es del César». Devolvedle lo que es suyo: esa moneda idolátrica, acuñada con símbolos de poder religioso. Si la estáis utilizando en vuestros negocios, estáis ya reconociendo su soberanía. Cumplid con vuestras obligaciones.

Pero Jesús que no vive al servicio del emperador de Roma, sino "buscando el reino de Dios y su justicia" añade una grave advertencia sobre algo que nadie le ha preguntado: «A Dios dadle lo que es de Dios». La moneda lleva la "imagen" de Tiberio, pero el ser humano es "imagen" de Dios: le pertenece sólo a él. Nunca sacrifiquéis las personas a ningún poder. Defendedlas.

La crisis económica que estamos viviendo en los países occidentales no tiene fácil solución. Más que una crisis financiera es una crisis de humanidad. Obsesionados sólo por un bienestar material siempre mayor, hemos terminado viviendo un estilo de vida insostenible incluso económicamente.

No va a bastar con proponer soluciones técnicas. Es necesaria una conversión de nuestro estilo de vida, una transformación de las conciencias: pasar de la lógica de la competición a la de la cooperación: poner límites a la voracidad de los mercados; aprender una nueva ética de la renuncia.

La crisis va a ser larga. Nos esperan años difíciles. Los seguidores de Jesús hemos de encontrar en el Evangelio la inspiración y el aliento para vivirla de manera solidaria. De Jesús escuchamos la invitación a estar cerca de las víctimas más vulnerables: los que están siendo sacrificados injustamente a las estrategias de los mercados más poderosos.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2007-2008 - Recreados por Jesús
19 de octubre de 2008

SON DE DIOS, DE NADIE MÁS

A Dios lo que es de Dios.

«Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Pocas palabras de Jesús habrán sido tan citadas como éstas. Y ninguna, tal vez, más distorsionada desde intereses muy ajenos a aquel Profeta que vivió totalmente dedicado, no precisamente al Emperador sino a los olvidados, empobrecidos y excluidos por Roma.

El episodio está cargado de tensión. Los fariseos se han retirado a planear un ataque decisivo contra Jesús. Para ello envían a «unos discípulos»; no vienen ellos mismos; evitan el encuentro directo con Jesús. Ellos son defensores del orden vigente y no quieren perder su puesto privilegiado en aquella sociedad que Jesús está cuestionando de raíz.

Pero, además, los envían acompañados «por unos partidarios de Herodes» del entorno de Antipas. Seguramente, no faltan entre ellos terratenientes y recaudadores encargados de almacenar el grano de Galilea y enviar los tributos al César.

El elogio que hacen de Jesús es insólito en sus labios: «Sabemos que eres sincero y enseñas el camino conforme a la verdad». Todo es una trampa, pero han hablado con más verdad de lo que se imaginan. Es así. Jesús vive totalmente entregado a preparar el «camino de Dios» para que nazca una sociedad más justa.

No está al servicio del emperador de Roma; ha entrado en la dinámica del reino de Dios. No vive para desarrollar el Imperio, sino para hacer posible la justicia de Dios entre sus hijos e hijas. Cuando le preguntan si «es lícito pagar impuesto al César o no», su respuesta es rotunda: «Pagad al Cesar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Jesús no está pensando en Dios y el César como dos poderes que pueden exigir cada uno sus derechos a sus súbditos. Como judío fiel, sabe que a Dios le pertenece «la tierra y todo lo que contiene, el orbe y todos sus habitantes» (salmo 24). ¿Qué le puede pertenecer al César, que no sea de Dios? Sólo su dinero injusto.

Si alguien vive enredado en el sistema del César, que cumpla sus «obligaciones», pero si entra en la dinámica del reino de Dios ha de saber que los pobres le pertenecen sólo a Dios, son sus hijos predilectos. Nadie ha de abusar de ellos. Esto es lo que Jesús enseña «conforme a la verdad».

Sus seguidores nos hemos de resistir a que nadie, cerca o lejos de nosotros, sea sacrificado a ningún poder político, económico, religioso ni eclesiástico. Los humillados por los poderosos son de Dios. De nadie más.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2004-2005 – AL ESTILO DE JESÚS
16 de octubre de 2005

LO QUE ES DE DIOS

A Dios lo que es de Dios.

La trampa que tienden a Jesús está bien pensada: «¿Es lícito pagar tributos al César o no?». Si responde negativamente, lo podrán acusar de rebelión contra Roma. Si acepta la tributación, quedará desacreditado ante aquellas gentes que viven en la miseria exprimidas por los impuestos, y a las que él tanto quiere y defiende.

Jesús les pide que le enseñen «la moneda del impuesto». El no la tiene, pues vive como un vagabundo itinerante, sin tierras ni trabajo fijo; hace tiempo que no tiene problemas con los recaudadores. Después les pregunta por la imagen que aparece en aquel denario de plata. Representa a Tiberio y la leyenda decía: «Tiberius Caesar, Divi Augusti Filius Augustus». En el reverso se podía leer: «Pontifex Maximus».

El gesto de Jesús es ya clarificador. Sus adversarios viven esclavos del sistema pues, al utilizar aquella moneda acuñada con símbolos políticos y religiosos, están reconociendo la soberanía del emperador. No es el caso de Jesús que vive de manera pobre pero libre, dedicado a los más pobres y excluidos del imperio.

Jesús añade entonces algo que nadie le ha planteado. Le preguntan por los derechos del César y él les responde recordando los derechos de Dios: «Pagadle al César lo que es del César, pero dad a Dios lo que es de Dios». La moneda lleva la imagen del emperador, pero el ser humano, como lo recuerda el viejo libro del Génesis, es «imagen de Dios». Por eso, nunca ha de ser sometido a ningún emperador. Jesús lo había recordado muchas veces. Los pobres son de Dios. Los pequeños son sus hijos predilectos. El reino de Dios les pertenece. Nadie ha de abusar de ellos.

Jesús no dice que una mitad de la vida, la material y económica, pertenece a la esfera del César, y la otra mitad, la espiritual y religiosa, a la esfera de Dios. Su mensaje es otro: si entramos en el reino, no hemos de consentir que ningún César sacrifique lo que sólo le pertenece a Dios: los hambrientos del mundo, los subsaharianos abandonados en el desierto, los sinpapeles de nuestras ciudades. Que ningún César cuente con nosotros.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2001-2002 – CON FUEGO
20 de octubre de 2002

LO PRIMERO, LA VIDA

A Dios lo que es de Dios.

La exégesis moderna no deja lugar a dudas. Lo primero para Jesús es la vida, no la religión. Basta analizar la trayectoria de su actividad. A Jesús se le ve siempre preocupado por suscitar y desarrollar, en medio de aquella sociedad, una vida más sana y más digna.

Pensemos en su actuación en el mundo de los enfermos:

Jesús se acerca a quienes viven su vida de manera disminuida, amenazada e insegura, para despertar en ellos una vida más plena. Pensemos en su acercamiento a los pecadores:

Jesús les ofrece el perdón que les haga vivir una vida más digna, rescatada de la humillación y el desprecio. Pensemos también en los endemoniados, incapaces de ser dueños de su existencia: Jesús los libera de una vida alienada y desquiciada por el mal.

Como ha subrayado J. Sobrino, «pobres son aquellos para quienes la vida es una carga pesada pues no pueden vivir con un mínimo de dignidad». Esta pobreza es lo más contrario al plan original del Creador de la vida. Donde un ser humano no puede vivir con dignidad, la creación de Dios aparece allí como viciada y anulada. No es extraño que Jesús se presente como el gran defensor de la vida ni que la defienda y la exija sin vacilar, cuando la ley o la religión es vivida «contra la vida».

Ya han pasado los tiempos en que la teología contraponía «esta vida» (lo natural) y la otra vida (lo sobrenatural) como dos realidades opuestas. El punto de partida, básico y fundamental es «esta vida» y, de hecho, Jesús se preocupó de lo que aquellas gentes de Galilea más deseaban y necesitaban que era, por lo menos vivir, y vivir con dignidad. El punto de llegada y el horizonte de toda la existencia es «vida eterna» y, por eso, Jesús despertaba en el pueblo la confianza final en la salvación de Dios.

A veces los cristianos exponemos la fe con tal embrollo de conceptos y palabras que, a la hora de la verdad, pocos se enteran de lo que es exactamente el Reino de Dios del que habla Jesús. Sin embargo, las cosas no son tan complicadas. Lo único que Dios quiere es esto: una vida más humana para todos y desde ahora, una vida que alcance su plenitud en su vida eterna. Por eso, nunca hay que dar a ningún César lo que es de Dios: la vida y la dignidad de sus hijos.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1998-1999 – FUERZA PARA VIVIR
17 de octubre de 1999

POLÍTICOS CRISTIANOS

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Nunca han sido fáciles las relaciones entre fe y política. Tampoco entre la Iglesia y los políticos. A veces, son éstos quienes tratan de utilizar lo religioso para defender su propia causa. Otras, es la Iglesia la que pretende servirse de ellos para sus propios intereses. Y con frecuencia, no se valora debidamente el importante quehacer del político ni se le ayuda a descubrir el papel que la fe puede jugar en su tarea.

Para hacer luz, hemos de comenzar, tal vez, por recordar dos datos ampliamente admitidos por la exégesis actual. Por una parte, el proyecto que pone en marcha Jesús (llamado por él «Reino de Dios») trata de promover una transformación profunda en la convivencia humana y está, por ello, llamado a tener una repercusión política en el sentido amplio y aristotélico de esta palabra, que es promover el bien común en la sociedad.

Pero, por otra parte, Jesús no utiliza el poder para llevar adelante su proyecto y, por ello, se aleja de la «política» en el sentido moderno de la palabra, que es el uso técnico del poder para estructurar la convivencia. El reino de Dios no se impone por el poder, la fuerza o la coacción, sino que penetra en la sociedad por la siembra y la acogida de valores como la justicia, la solidaridad o la defensa de los débiles.

El episodio del tributo al César es iluminador. La respuesta de Jesús dice así: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Es un anacronismo erróneo ver en estas palabras una «separación entre política y religión», como si la primera se ocupara de los problemas terrestres y la segunda sólo de lo espiritual. Su sentido es otro. A Jesús le preguntan por los derechos del César, pero él responde recordando los derechos de Dios por los que nadie le ha preguntado. La moneda imperial lleva la imagen del César, pero el ser humano es «imagen de Dios» y su dignidad de hijo de Dios no debe quedar sometida a ningún César.

El político cristiano no debe utilizar nunca a Dios para legitimar sus posturas partidistas. La fe cristiana no se identifica con ninguna opción partidista, pues los valores evangélicos pueden promoverse desde mediaciones técnicas diversas. Pero esto no significa que se deba arrinconar la fe al ámbito de lo privado. El Evangelio le ofrece al político cristiano una inspiración, una visión de la persona y unos valores que pueden orientar y estimular su quehacer. El gran reto para él es cómo hacer políticamente operativos en la vida pública esos valores que defiendan al ser humano de cuanto le puede deshumanizar.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1995-1996 – SANAR LA VIDA
20 de octubre de 1996

EL DERECHO A LA VERDAD

Enseñar el camino de Dios conforme a la verdad.

No es frecuente en nuestra sociedad defender el derecho de la persona a la verdad. Uno se pregunta por qué no se escuchan gritos de protesta contra la mentira, al menos, con la misma fuerza con que se grita contra la injusticia. ¿Será que no somos conscientes de la mentira que nos envuelve por todas partes? ¿Será que para gritar contra la mentira, la hipocresía y el engaño, es necesario vivir con un mínimo de sinceridad personal?

La mentira es hoy uno de los presupuestos más firmes de nuestra convivencia. El mentir es aceptado como algo necesario, tanto en el complejo mundo del quehacer político como en la «pequeña comedia» de nuestras relaciones personales de cada día.

La persona se ve obligada a pensar, decidir y actuar envuelta en una niebla de mentira y falsedad. Indefensa ante un cerco de falacias, engaños y ambigüedad de los que no es fácil liberarse para moverse con acierto.

¿Cómo saber la «verdad» que se oculta tras las actuaciones de los diversos partidos políticos? ¿Cómo conocer los verdaderos hilos que mueven a los autores de actos terroristas? ¿Cómo descubrir los verdaderos intereses que se encierran tras campañas y acciones que se nos pide defender o rechazar? ¿Cómo actuar con lucidez alimentados por una información parcial e interesada?

Se dirá que la mentira es necesaria para actuar con eficacia en la construcción de una sociedad más libre y justa. Pero, ¿hay alguien que pueda garantizar que estamos haciendo un mundo más humano cuando desde los centros de poder se oculta la verdad, cuando entre nosotros se utiliza la calumnia para destruir al adversario, cuando se obliga a la gente a que sea protagonista de su propia historia desde el engaño y la ignorancia de la verdad real?

El hombre está hecho para vivir en la verdad. Y difícilmente se construirá nada verdaderamente humano sobre la mentira y la falsedad. En el mensaje de Jesús hay una invitación a vivir en la verdad ante Dios, ante uno mismo y ante los demás. « Yo he venido para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.»

Es bueno que se escuchen de nuevo en esta sociedad aquellas palabras inolvidables de Jesús, que son un reto y una promesa para todo hombre que busca sinceramente una sociedad más humana: «La verdad os hará libres.» Es así. La mentira no construye una sociedad más democrática ni más liberada. Sólo la verdad, aunque sea despreciada y perseguida, nos llevará a una convivencia más pacificada. Este es el mensaje de Jesús, el hombre que, según sus mismos enemigos «era sincero y enseñaba el camino de Dios conforme a la verdad».

José Antonio Pagola

HOMILIA

1992-1993 – CON HORIZONTE
17 de octubre de 1993

¿QUE ES CREER EN DIOS?

Enseñas el camino de Dios.

Se habla a veces de manera tan superficial sobre las cuestiones más importantes de la vida, y se opina con tal ignorancia sobre la religión, que hoy se hace necesario aclarar, incluso, las cosas más elementales. Por ejemplo, ¿qué significa creer en Dios?

En el lenguaje ordinario, «creer» puede encerrar significados bastante diferentes. Cuando digo «creo que lloverá», quiero decir que «no sé con certeza, pero sospecho, intuyo.., que lloverá». Cuando digo «te creo», estoy diciendo mucho más: «me fío de ti, creo en lo que tú me dices». Si alguien dice «yo creo en ti», está diciendo todavía algo más: «yo pongo mi confianza en ti, me apoyo en ti». Esta expresión nos acerca ya a lo que vive el que cree en Dios.

Cuando una persona habla «desde fuera», sin conocer por experiencia personal lo que es creer en Dios, piensa, por lo general, que la postura del creyente es, más o menos, ésta: «No sé si Dios existe, y no lo puedo comprobar con certeza, pero yo pienso que sí, que algo tiene que existir.» De la misma manera que uno puede creer que hay vida en otros planetas, aunque no lo pueda saber con seguridad.

Sin embargo, para el que vive desde la fe, «creer en Dios» es otra cosa. Cuando el creyente dice a Dios «yo creo en Ti», está diciendo: «No estoy solo, Tú estás en mi origen y en mi destino último; Tú me conoces y me amas; Tú no me dejarás nunca abandonado, en Ti apoyo mi existencia; nada ni nadie podrá separarme de tu amor y comprensión.» Esta experiencia del creyente tiene poco que ver con la postura del que opina «algo tiene que haber». Es una relación vital con Dios: «Yo vengo de Dios, voy hacia Dios. Mi ser descansa y se apoya en ese Dios que es sólo amor.»

Por eso, para creer, lo decisivo no son las «pruebas» a favor o en contra de la existencia de Dios, sino la postura interior que uno adopta ante el misterio último de la vida. Nuestro mayor problema hoy es no acertar a vivir desde «el fondo» de nuestro ser (Ruysbroeck). Vivimos por lo general, con una «personalidad superficial», separados del «fondo». Y esta pérdida de contacto con lo más auténtico que hay en nosotros, nos impide abrirnos confiadamente a Dios y nos precipita en la soledad interior.

Lo triste es que ese vacío que deja la falta de fe en Dios, no puede ser sustituido con nada. Podemos hacer que nuestra vida sea más agradable poniendo en marcha algunos resortes sicológicos. Pero nada puede aportar la estabilidad y salud interior que experimenta el creyente: «Mi pasado pertenece a la misericordia de Dios, mi futuro está confiado a su amor, sólo queda el presente para vivirlo de manera agradecida.»

Según el relato evangélico, unas gentes se acercan a Jesús con estas palabras: «Sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad.» Esa debería ser hoy una de nuestras tareas: ser sinceros y ayudarnos unos a otros a descubrir el verdadero «camino de Dios».

José Antonio Pagola

HOMILIA

1989-1990 – NUNCA ES TARDE
21 de octubre de 1990

LA CÁRCEL

A Dios lo que es de Dios.

He estado bastantes veces en el interior de la cárcel de Martutene, compartiendo durante algunas horas con los hombres y mujeres allí internados. Siempre he salido con el ánimo encogido y el corazón lleno de profunda pena.

Uno va dejando atrás las sucesivas galerías con sus puertas y cerrojos, pero no puede olvidar fácilmente esas miradas vacías y cansadas, esos rostros impenetrables y, sobre todo, esos jóvenes casi adolescentes de cuerpo escuálido y envejecido.

¿Quiénes son estos hombres y mujeres? ¿Por qué han venido a parar hasta aquí? ¿Por qué los encerramos así, en estas condiciones? ¿Es esto lo único que les sabemos ofrecer?

Siempre he tenido la impresión de que estos hombres y mujeres son casi siempre víctimas, más que culpables. Seres humanos maltratados por la vida y marginados por una sociedad que primeramente los genera y más tarde los encierra y rechaza de la convivencia, como algo dañino para el resto de los ciudadanos.

Lo sorprendente es constatar que quienes conocen más de cerca el mundo de la prisión no creen en el actual sistema penitenciario como instrumento válido para rehabilitar al delincuente y reinsertarlo en la sociedad.

La cárcel aísla, destruye, desintegra. Es un lugar de sufrimiento innecesario donde no existe ni el clima ni los medios adecuados para ayudar al preso a crecer como persona.

Pero la cárcel sigue y la sociedad sigue arrojando allí a los delincuentes más débiles e indefensos, sin que a nadie preocupe mucho cómo saldrán de ella.

Los presos tratan de hacer oír su voz, pero su palabra está descalificada de antemano. Algunos colectivos gritan su protesta, pero su grito es recibido como parte de una estrategia ideológica. Expertos en criminología hablan de alternativas al sistema carcelario, pero no se dan pasos eficaces.

Por otra parte, se trata de un colectivo demasiado débil para resultar de interés a los partidos, ni siquiera para fines propagandísticos. N o es extraño tampoco que apenas ocupen un lugar apreciable en los presupuestos de una sociedad que olvida siempre a los menos rentables.

Ahí están, tras los muros de cemento y los barrotes de hierro. Aislados, humillados, ofendidos. Apenas interesan a nadie. ¿No hemos de reaccionar nadie ante esta situación? No deberíamos olvidar los cristianos que nunca hay que dar al César lo que es de Dios. Nunca hay que someterse al poder de las estructuras sociales cuando olvidan los derechos inalienables del ser humano.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1986-1987 – CONSTRUIR SOBRE LA ROCA
18 de octubre de 1987

¿QUE LIBERTAD?

A Dios lo que es de Dios.

Un deseo profundo de libertad personal y social late con fuerza en el hombre contemporáneo. Todos defienden hoy la libertad como algo indiscutible, aunque difícilmente se ponen de acuerdo a la hora de decidir qué es la libertad y cuál es su verdadero contenido.

A bastantes, la palabra misma «libertad” les sugiere un clima de facilidad, abandono y despreocupación. Olvidan que ser libre exige asumir aquellas renuncias y sacrificios que son absolutamente necesarios para crecer como persona.

De hecho, este olvido está llevando hoy a bastantes jóvenes a una total inmadurez. Dicen ser libres. Piensan que hacen lo que quieren. Pero, en realidad, están totalmente en manos de fuerzas y de instintos que no son ellos mismos.

Para otros, libertad significa arbitrariedad, anarquía, ruptura de toda normal moral, rechazo de toda fe en Dios. Olvidan que el hombre necesita orientación y sentido para poder hacer un proyecto de sí mismo, para esforzarse activamente en la construcción de su propio destino y para asumir su propia responsabilidad.

Cuando uno arrincona todo esto como algo ridículo y desfasado, puede creerse muy “liberado», pero corre el riesgo de terminar viviendo sin ideal alguno, sin aspiraciones profundas, sin fidelidad alguna, al aire de la última moda.

Otros piensan que conservar la propia libertad es vivir de manera independiente, preocupados exclusivamente de los propios intereses, sin crear ningún lazo o dependencia que nos obligue a ocuparnos de los demás. Olvidan que el ser humano sólo puede disfrutar gozosamente de la vida cuando acierta a vivir en comunión y amistad con los otros.

Cuántas personas que se creen libres e independientes viven esclavas de sus propios egoísmos y frustraciones, atrapadas por su propia mediocridad, sin conocer las posibilidades de crecimiento que da el vivir generosamente el amor y la amistad.

No son pocos los que piensan que conquistar la libertad es liberarse de esquemas, tradiciones y «tabúes» del pasado. Olvidan que lo decisivo no es nunca «liberarse de» sino “liberarse para» vivir algo que nos haga crecer como personas.

Si no es así, la persona supuestamente “liberada” cae en nuevas servidumbres y convencionalismos, sin descubrir todavía su propia vocación y sus aspiraciones más hondas.

El creyente descubre precisamente en su adhesión a Dios la fuente más genuina de libertad. Quien sabe vivir en obediencia filial al Padre se libera de todo ídolo, todo «césar», todo señor que pueda esclavizarlo.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1983-1984 – BUENAS NOTICIAS
21 de octubre de 1984

SOMOS DE DIOS

A Dios lo que es de Dios.

Pocas frases de Jesús han sido objeto de interpretaciones más interesadas e, incluso, de manipulaciones como ésta que escuchamos en el evangelio de hoy: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Estas palabras de Jesús han sido utilizadas para establecer una frontera clara entre lo político y lo religioso y defender así la autonomía absoluta del estado ante cualquier interpelación hecha desde la fe.

Según esta interpretación, Jesús habría colocado al hombre, por una parte, ante unas obligaciones de carácter cívico-político y, por otra, ante una interpelación religiosa. Como si el hombre tuviera que responder de los asuntos socio-políticos ante el poder político y de los asuntos religiosos ante Dios.

Ha sido G. Bornkamm quien, con claridad, ha ahondado en el verdadero sentido de la sentencia de Jesús.

El acento de las palabras de Jesús está en la parte final. Le han preguntado insidiosamente por el problema de los tributos y Jesús resuelve prontamente el problema. Si manejan moneda que pertenece al césar, habrán de someterse a las consecuencias que ello implica. Pero Jesús introduce una idea nueva que no aparecía en la pregunta de los adversarios.

De forma inesperada, introduce a Dios en el planteamiento. La imagen de la moneda pertenece al césar, pero los hombres no han de olvidar que llevan en sí mismos la imagen de Dios y, por lo tanto, sólo le pertenecen a El.

Es entonces cuando podemos captar el pensamiento de Jesús. «Dad al césar lo que le pertenece a él, pero no olvidéis que vosotros mismos pertenecéis a Dios».

Para Jesús, el césar y Dios no son dos autoridades de rango semejante que se han de repartir la sumisión de los hombres. Dios está por encima de cualquier césar y éste no puede nunca exigir lo que pertenece a Dios.

En unos tiempos en que crece el poder del estado de manera insospechada y a los ciudadanos les resulta cada vez más difícil defender su libertad en medio de una sociedad burocrática donde casi todo está dirigido y controlado perfectamente, los creyentes no hemos de dejarnos robar nuestra conciencia y nuestra libertad por ningún poder.

Hemos de cumplir con honradez nuestros deberes ciudadanos, pero no hemos de dejarnos modelar ni dirigir por ningún poder que nos enfrente con las exigencias fundamentales de la fe.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1980-1981 – APRENDER A VIVIR
18 de octubre de 1981

A DIOS LO QUE ES DE DIOS

A Dios, lo que es de Dios.

Pocas frases del evangelio habrán sido tan manipuladas como ésta que escuchamos hoy de labios de Jesús: «Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».

Son muchos los que se han servido de ella para levantar una separación total entre la religión y la vida política. De esta manera, la religión quedarla arrinconada al ámbito de lo individual y privado, sin incidencia alguna en la vida social.

Como si Jesús hubiera puesto en el mismo plano a Dios y al César, como dos autoridades que hubiera que colocar al mismo nivel, cada una de ellas con sus exigencias propias de carácter absoluto.

El pensamiento de Jesús es bien diferente. Es necesario distinguir los diversos ámbitos que constituyen la vida del hombre, y atribuirle a cada uno su propia competencia. Pero Jesús no reconoce ningún derecho divino a nada ni a nadie que no sea el Padre.

No se debe dar a ningún césar lo que es de Dios. Ningún poder humano puede pretender exigencias absolutas sobre el hombre. Hay que dar a Dios lo suyo, y no sólo en el ámbito privado e individual sino también en la vida social y política.

J. B. Metz ha sacudido estos últimos años nuestra conciencia, haciéndonos ver el riesgo de estar viviendo en Europa no la fe cristiana nacida del evangelio sino «una religión puramente burguesa».

La sociedad burguesa europea ha sabido «domesticar», en gran parte, la fe cristiana eludiendo sus exigencias sociales ms radicales, y convirtiéndola en «una religión privada».

Inconscientemente, la santidad ha sido concebida como «un ideal estrictamente privado que uno persigue para sí mismo», pero sin incidencia especial en el contexto social y político.

De esta manera, la religión con sus prácticas de piedad individual se convierte en «coartada religiosa» y tranquilizante para una vida social, económica y política que discurre al margen de las exigencias del evangelio.

Entonces, ya no es la religión la que transforma la sociedad, sino que es la sociedad burguesa la que acomoda la religi6n. a sus intereses y conveniencias. El hombre no escucha las exigencias de Dios, sino que se sirve de la religión cuando la «necesita».

Esta sociedad nuestra necesita recordar que es el hombre el que esta en juego en la política y en la economía. Y donde está en juego el hombre, hay que escuchar siempre las exigencias absolutas de Dios por encima de cualquier otro interés del césar de turno.

No se puede arrinconar a Dios al mundo de lo privado para no escuchar su voz que nos pide preocuparnos del hermano.

José Antonio Pagola



Blog:               http://sopelakoeliza.blogspot.com

Para ver videos de las Conferencias de José Antonio Pagola
                        http://iglesiadesopelana3v.blogspot.com


lunes, 9 de octubre de 2017

15-10-2017 - 28º domingo Tiempo ordinario (A)


El pasado 2 de octubre de 2014, José Antonio Pagola nos visitó  en la Parroquia de San Pedro Apóstol de la Iglesia de Sopela, dándonos  la conferencia: Volver a Jesucristo. Iniciar la reacción.
Pulsando aquí podréis disfrutar de ella.

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¡Volver a Jesucristo! Iniciar la reacción.
Video de la Conferencia de Jose Antonio Pagola. 

José Antonio Pagola: He recibido con satisfacción la resolución definitiva de la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe sobre mi libro, Jesús.Aproximación histórica.

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28º domingo Tiempo ordinario (A)


EVANGELIO

A todos los que encontréis, convidadlos a la boda.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

-«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran:

"Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.

"Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados:

"La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda."

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:

"Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?"

El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros:

"Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes."

Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

Palabra de Dios.

HOMILIA - ES

2016-2017 -
15 de octubre de 2017

INVITACIÓN

(Ver homilía del ciclo A - 2013-2014)

José Antonio Pagola

HOMILIA

2013-2014 -
12 de octubre de 2014

INVITACIÓN

Jesús conocía muy bien cómo disfrutaban los campesinos de Galilea en las bodas que se celebraban en las aldeas. Sin duda, él mismo tomó parte en más de una. ¿Qué experiencia podía haber más gozosa para aquellas gentes que ser invitados a una boda y poder sentarse con los vecinos a compartir juntos un banquete de bodas?

Este recuerdo vivido desde niño le ayudó en algún momento a comunicar su experiencia de Dios de una manera nueva y sorprendente. Según Jesús, Dios está preparando un banquete final para todos sus hijos pues a todos los quiere ver sentados, junto a él, disfrutando para siempre de una vida plenamente dichosa.

Podemos decir que Jesús entendió su vida entera como una gran invitación a una fiesta final en nombre de Dios. Por eso, Jesús no impone nada a la fuerza, no presiona a nadie. Anuncia la Buena Noticia de Dios, despierta la confianza en el Padre, enciende en los corazones la esperanza. A todos les ha de llegar su invitación.

¿Qué ha sido de esta invitación de Dios? ¿Quién la anuncia? ¿Quién la escucha? ¿Dónde se habla en la Iglesia de esta fiesta final? Satisfechos con nuestro bienestar, sordos a lo que no sea nuestros intereses inmediatos, nos parece que ya no necesitamos de Dios ¿Nos acostumbraremos poco a poco a vivir sin necesidad de alimentar una esperanza última?

Jesús era realista. Sabía que la invitación de Dios puede ser rechazada. En la parábola de “los invitados a la boda” se habla de diversas reacciones de los invitados. Unos rechazan la invitación de manera consciente y rotunda: “no quisieron ir. Otros responden con absoluta indiferencia: “no hicieron caso”. Les importan más sus tierras y negocios.

Pero, según la parábola, Dios no se desalienta. Por encima de todo, habrá una fiesta final. El deseo de Dios es que la sala del banquete se llene de invitados. Por eso, hay que ir a “los cruces de los caminos”, por donde caminan tantas gentes errantes, que viven sin esperanza y sin futuro. La Iglesia ha de seguir anunciando con fe y alegría la invitación de Dios proclamada en el Evangelio de Jesús.

El papa Francisco está preocupado por una predicación que se obsesiona “por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia”. El mayor peligro está según él en que ya “no será propiamente el Evangelio lo que se anuncie, sino algunos acentos doctrinales o morales que proceden de determinadas opciones ideológicas. El mensaje correrá el riesgo de perder su frescura y dejará de tener olor a Evangelio”.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2010-2011 -
9 de octubre de 2011

INVITACIÓN

A través de sus parábolas Jesús va descubriendo a sus seguidores cómo experimenta a Dios, cómo interpreta la vida desde sus raíces más profundas y cómo responde a los enigmas más recónditos de la condición humana.

Quien entra en contacto vivo con sus parábolas comienza a cambiar. Algo "sucede" en nosotros. Dios no es como lo imaginamos. La vida es más grande y misteriosa que nuestra rutina convencional de cada día. Es posible vivir con un horizonte nuevo. Escuchemos el punto de partida de la parábola llamada «Invitación al Banquete».

Según el relato, Dios está preparando una fiesta final para todos sus hijos e hijas, pues a todos quiere ver sentados junto a él, en torno a una misma mesa, disfrutando para siempre de una vida plena. Esta imagen es una de las más queridas por Jesús para sugerir el final último de la historia humana.

Frente a tantas imágenes mezquinas de un Dios controlador y justiciero que impide a no pocos saborear la fe y disfrutar de la vida, Jesús introduce en el mundo la experiencia de un Dios que nos está invitando a compartir con él una fiesta fraterna en la que culminará lo mejor de nuestros esfuerzos, anhelos y aspiraciones.

Jesús dedica su vida entera a difundir la gran invitación de Dios: «El banquete está preparado. Venid». Este mensaje configura su modo de anunciar a Dios. Jesús no predica doctrina, despierta el deseo de Dios. No impone ni presiona. Invita y llama. Libera de miedos y enciende la confianza en Dios. En su nombre, acoge a su mesa a pecadores e indeseables. A todos ha de llegar su invitación.

Los hombres y mujeres de hoy necesitan descubrir el Misterio de Dios como Buena Noticia. Los cristianos hemos de aprender a hablar de él con un lenguaje más inspirado en Jesús, para deshacer malentendidos, aclarar prejuicios y eliminar miedos introducidos por un discurso religioso lamentable que ha alejado a muchos de ese Dios que nos está esperando con todo preparado para la fiesta final.

En estos tiempos en los que el descrédito de la religión está impidiendo a muchos escuchar la invitación de Dios, hemos de hablar de su Misterio de Amor con humildad y con respeto a todos, sin forzar las conciencias, sin ahogar la vida, despertando el deseo de verdad y de luz que sigue vivo en lo más íntimo del ser humano.

Es cierto que la llamada religiosa encuentra hoy el rechazo de muchos, pero la invitación de Dios no se ha apagado. La pueden escuchar todos los que en el fondo de sus conciencias escuchan la llamada del bien, del amor y de la justicia.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2007-2008 - Recreados por Jesús
12 de octubre de 2008

EN LOS CRUCES DE LOS CAMINOS

Convidad/os a la boda.

Jesús conocía muy bien la vida dura y monótona de los campesinos. Sabía cómo esperaban la llegada del sábado para «liberarse» del trabajo. Los veía disfrutar en las fiestas y en las bodas. ¿Qué experiencia podía haber más gozosa para aquellas gentes que ser invitados a un banquete y poder sentarse a la mesa con los vecinos a compartir una fiesta?

Movido por su experiencia de Dios, Jesús comenzó a hablarles de una manera sorprendente. La vida no es sólo esta vida de trabajos y preocupaciones, penas y sinsabores. Dios está preparando una fiesta final para todos sus hijos e hijas. A todos los quiere ver sentados junto a él, en torno a una misma mesa, disfrutando para siempre de una vida plenamente dichosa.

Jesús no se contentaba sólo con hablar así de Dios. Él mismo invitaba a todos a su mesa y comía incluso con pecadores e indeseables. Quería ser para todos la gran invitación de Dios a la fiesta final. Los quería ver recibiendo con gozo la invitación y creando entre todos un clima más amistoso y fraterno que los preparara adecuadamente para la fiesta final.

¿Qué ha sido de esta invitación?, ¿quién la anuncia?, ¿quién la escucha?, ¿dónde se puede tener noticias de esta fiesta? Satisfechos con nuestro bienestar, sordos a todo lo que no sea nuestro propio interés inmediato, no creemos necesitar de Dios. ¿No nos estamos acostumbrando poco a poco a vivir sin necesidad de una esperanza última en nada?

En la parábola de Mateo, cuando los que tienen tierras y negocios rechazan la invitación, el rey dice a sus criados: «Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda». La orden es inaudita, pero refleja lo que siente Jesús. A pesar de tanto rechazo y menosprecio, habrá fiesta. Dios no ha cambiado. Hay que seguir convidando.

Pero ahora lo mejor es ir a «los cruces de los caminos» por donde pasan tantas gentes errantes, sin tierras ni negocios, a los que nadie ha invitado nunca a nada. Ellos pueden entender mejor que nadie la invitación. Pueden recordarnos la necesidad última que tenemos de Dios. Pueden enseñarnos la esperanza.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2004-2005 – AL ESTILO DE JESÚS
9 de octubre de 2005

LA INVITACIÓN DE DIOS

Los convidados no hicieron caso.

Al parecer, la parábola del banquete fue muy popular entre las primeras generaciones cristianas, y ha quedado recogida en Lucas, Mateo e, incluso, en el evangelio apócrifo de Tomás. Las versiones son tan diferentes y las aplicaciones que se extraen tan diversas que sólo nos podernos aproximar a los elementos esenciales del relato original.

Dios está preparando una fiesta final para todos sus hijos, pues a todos los quiere ver sentados, junto a él, en tomo a una misma mesa, disfrutando para siempre de una vida plena. Ésta fue ciertamente una de las imágenes más queridas por Jesús para «sugerir» el final último de la existencia. No se contentaba sólo con decirlo con palabras. Se sentaba a la mesa con todos, y comía hasta con pecadores e indeseables, pues quería que todos pudieran ver plásticamente algo de lo que Dios deseaba llevar a cabo.

Por eso, Jesús entendió su vida como una gran invitación en nombre de Dios. No imponía nada, no presionaba a nadie. Anunciaba la buena noticia de Dios, despertaba la confianza en el Padre, quitaba los miedos, encendía la alegría y el deseo de Dios. A todos debía llegar su invitación, sobre todo, a los más necesitados de esperanza.

Jesús era realista. Sabía que la invitación podía ser rechazada. En la versión de Mateo, se describen diversas posibilidades. Unos la rechazan de manera consciente: «no quisieron ir». Otros responden con la indiferencia: «no hicieron caso». Les importan más sus tierras y negocios. Hubo quienes reaccionaron de manera hostil contra los criados.

Son muchos los hombres y mujeres que ya no escuchan llamada alguna de Dios. Les basta con responder de sí mismos ante sí mismos. Sin ser, tal vez, muy conscientes de ello, viven una existencia «solitaria», encerrados en un monólogo perpetuo consigo mismos. El riesgo siempre es el mismo: vivir cada día más sordos a toda llamada que pueda transformar de raíz su vida.

Tal vez, una de las tareas más importantes de la Iglesia sea hoy crear espacios y facilitar experiencias donde las personas puedan escuchar de manera sencilla, transparente y gozosa la invitación de Dios a la Vida.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2001-2002 – CON FUEGO
13 de octubre de 2002

DIOS NO ESTÁ EN CRISIS

A todos los que encontréis, convidadlos a la boda.

Lo dicen todos los estudios. La religión está en crisis en las sociedades desarrolladas de Occidente. Son cada vez menos los que se interesan por las creencias religiosas. Las elaboraciones de los teólogos no tienen apenas eco alguno. Los jóvenes abandonan las prácticas rituales. La sociedad se des- liza hacia una indiferencia creciente.

Hay, sin embargo, algo que nunca ha de olvidar el creyente. Dios no está en crisis. Esa Realidad suprema hacia la que apuntan las religiones con nombres diferentes (Dios, Yahvé, Alah...) sigue viva y operante. Dios está también hoy en contacto inmediato con cada ser humano con una cercanía insuperable. La crisis de lo religioso no puede impedir que Dios se siga ofreciendo a cada persona en el fondo misterioso de su conciencia.

Desde esta perspectiva, es un error «demonizar» en exceso la actual crisis religiosa como si fuera una situación imposible para la acción salvadora de Dios. No es así. Cada contexto socio-cultural tiene sus condiciones más o menos favorables para el desarrollo de una determinada religión, pero el ser humano mantiene intactas sus posibilidades de abrirse al Misterio último de la vida, que le interpela desde lo íntimo de su conciencia.

La parábola de «los invitados a la boda» nos lo recuerda de manera concluyente. Dios no excluye a nadie. Su único anhelo es que la historia humana termine en una fiesta gozosa. Su único deseo, que la sala espaciosa del banquete se llene de invitados. Todo está ya preparado. Nadie puede impedir a Dios que haga llegar a todos su invitación.

Es cierto que la llamada religiosa encuentra rechazo en no pocos, pero la invitación de Dios no se detiene. La pueden escuchar todos, «buenos y malos», los que viven en «la ciudad» y los que andan perdidos «por los cruces de los caminos». Toda persona que escucha la llamada del bien, el amor y la justicia está acogiendo a Dios.

Pienso en tantas personas que lo ignoran casi todo de Dios. Sólo conocen una caricatura de lo religioso. Nunca podrán sospechar «la alegría de creer». Estoy seguro de que Dios está vivo y operante en lo más íntimo de su ser. Estoy convencido de que muchos de ellos acogen su invitación por caminos que a mí se me escapan.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1998-1999 – FUERZA PARA VIVIR
10 de octubre de 1999

INVITACIONES

…uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios...

La parábola de Jesús es de total actualidad. La invitación a la fiesta del amor y de la fraternidad sigue escuchándose en el corazón de todo hombre; pero los convidados no hacen caso. Están ocupados en sus tierras, sus negocios...

¿Dónde buscan los hombres de hoy la felicidad? ¿A qué puertas llaman buscando salvación? Para la gran mayoría la felicidad está en tener más, comprar más, poseer más cosas y más seguridad. «Acumular, acumular: en esto consiste la ley y los profetas» (K. Marx). Otros buscan el goce inmediato e individualista: sexo, droga, diversión, cenas de fin de semana. Hay que huir de los problemas; refugiarse en el placer del presente. Hay quienes se entregan al cuidado del cuerpo. Es importante mantenerse en forma; ser joven; no envejecer nunca.

Son muchas las ofertas de salvación en nuestra sociedad. Pero son ofertas parciales, reductoras, que no proporcionan todo lo que el hombre anda buscando. El hombre sigue insatisfecho. Y la invitación de Dios sigue resonando. Su invitación la hemos de percibir no al margen, sino en medio de las insatisfacciones, gozos, luchas e incertidumbres de nuestra vida. «Incluso allí donde se busca u ofrece algo parcial que tiene acogida entre los hombres, habrá que atisbar a Dios intentando llegar al hombre» (J.M. Mardones).

Es bueno que el hombre busque un bienestar mayor para todos, pero, ¿qué plenitud puede haber tras ese afán de poseer televisores cada vez más perfectos, coches más veloces, electrodomésticos más sofisticados? ¿No hay personas que poseen ya demasiadas cosas para ser felices? Porque, después de caminar a la búsqueda de tantas cosas, no son pocos los que pierden su libertad, su capacidad de amar, su ternura, el disfrute sencillo de la vida.

Es normal que las nuevas generaciones busquen con afán otro tipo de salvación. Pero, ¿qué plenitud se puede encontrar cuando se han estrujado todas las posibilidades del sexo, se ha vuelto del «viaje» de la droga o se ha hundido uno en el aislamiento de un pasotismo total?

Los hombres seguirán siendo unos eternos buscadores de orientación, felicidad, plenitud, verdad, amor. Los hombres seguirán buscando, de alguna manera, el Absoluto. Por eso, en medio de nuestra vida, a veces tan alocada y superficial, en medio de nuestra búsqueda vana de felicidad total, estemos alertas y veamos si no estamos desoyendo una invitación que, quizás, otros hombres y mujeres sencillos y pobres están escuchando con gozo «en los cruces de los caminos» de este mundo nuestro tan paradójico.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1995-1996 – SANAR LA VIDA
13 de octubre de 1996

PARARSE

Los convidados no hicieron caso.

Nuestros pueblos y ciudades ofrecen hoy un clima poco propicio a quien quiera buscar un poco de silencio y paz para encontrarse consigo mismo y con Dios. Es difícil liberarse del ruido permanente y del asedio constante de todo tipo de llamadas y mensajes. Por otra parte, las preocupaciones, problemas y prisas de cada día nos llevan de una parte a otra, sin apenas permitirnos ser dueños de nosotros mismos.

Ni siquiera en el propio hogar, escenario de múltiples tensiones e invadido por la televisión, es fácil encontrar el sosiego y recogimiento indispensables para descansar gozosamente ante Dios.

Pues bien, paradójicamente, en estos momentos en que necesitamos más que nunca lugares de silencio, recogimiento y oración, los creyentes hemos abandonado nuestras iglesias y templos, y sólo acudimos a ellos masivamente en las eucaristías del domingo.

Se nos ha olvidado lo que es detenernos, interrumpir por unos minutos nuestras prisas, liberarnos por unos momentos de nuestras tensiones y dejarnos penetrar por el silencio y la calma de un recinto sagrado. Muchos hombres y mujeres se sorprenderían al descubrir que, con frecuencia, basta pararse y estar en silencio un cierto tiempo, para aquietar el espíritu y recuperar la lucidez y la paz.

Cuánto necesitamos hoy ese silencio que nos ayude a entrar en contacto con nosotros mismos para recuperar nuestra libertad y rescatar de nuevo toda nuestra energía interior. Acostumbrados al ruido y a las palabras, no sospechamos el bienestar del silencio y la soledad. Ávidos de noticias, imágenes e impresiones, se nos ha olvidado que sólo alimenta y enriquece de verdad al hombre aquello que es capaz de escuchar en lo más hondo de su ser.

Sin ese silencio interior, no se puede escuchar a Dios, reconocer su presencia en nuestra vida y crecer desde dentro como hombres y como creyentes. La parábola de Jesús es una grave advertencia. Dios no cesa de llamarnos, pero, lo mismo que los invitados del relato parabólico, seguimos cada uno, ocupados en nuestras cosas, sin escuchar su voz con una cierta hondura.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1992-1993 – CON HORIZONTE
10 de octubre de 1993

SEDUCCION

Los convidados no hicieron caso.

Los estudios de G. Lipovetsky nos han ayudado a tomar conciencia más clara de la fuerza que la seducción ha ido adquiriendo en nuestros días. La seducción se ha convertido en el principio que organiza, en gran parte, el consumo, las costumbres y la vida cotidiana del hombre contemporáneo.

Lo que rige la vida no son las grandes ideas, sino el reclamo y la comunicación publicitaria. La fascinación de «lo nuevo’> es más fuerte que el interés por la verdad. La actualidad candente interesa más que la exposición de las doctrinas.

Es en el consumismo contemporáneo donde resulta más fácil observar la fuerza seductora que tiene hoy «lo nuevo». Las industrias innovan constantemente sus productos para ganarse nuevos clientes. Lo importante es ofrecer modelos siempre nuevos, aunque sea creando artificialmente nuevas necesidades.

Pero no es sólo un rasgo del consumismo actual. El hombre contemporáneo vive, en general, fascinado por «lo nuevo». Lo conocido le aburre. Necesita la emoción de la novedad, la excitación de lo diferente, lo que cambia. Esta seducción por «lo nuevo» rige hoy la conducta de no pocos. Elegir «lo nuevo» les da la sensación de ser personas libres, independientes, sin ataduras respecto al pasado. Pueden presentarse a la sociedad como «progres».

Por otra parte, los medios de comunicación no hacen sino potenciar este clima. Lo importante es seducir al público, impactar, «lograr el efecto». La información ha de retener la atención, distraer, no aburrir. Los debates han de tener la emoción del directo y mostrar el ingenio y los posibles «rifi-rafes» de los participantes.

La inquietud cultural, la búsqueda espiritual, los valores humanos van quedando arrinconados. Lo anecdótico interesa más que lo fundamental. Lo importante es vivir entretenidos y pasarlo bien, sin más pretensiones.

En este clima no es fácil escuchar un mensaje que nos invite a reaccionar. Las personas se van acostumbrando a vivir distraídas, sin criterios ni sistema alguno de referencia. Las convicciones religiosas y morales se van disolviendo poco a poco. Interesa todo menos lo importante. El hombre se va quedando «sin oído para lo religioso», como diría M. Weber.

La parábola evangélica de las gentes que desoyen la invitación del rey resulta en este contexto un fuerte aldabonazo a la conciencia del hombre contemporáneo. Aunque los hombres sigan desoyendo la llamada de Dios, perdiéndose en mil formas de evasión, Dios no cesa de invitarnos a una vida más humana. Y aunque su invitación sea rechazada por muchos, siempre habrá hombres y mujeres que la escucharán con gozo.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1989-1990 – NUNCA ES TARDE
14 de octubre de 1990

SABER RESPONDER

Los convidados no hicieron caso.

El último libro de Victoria Camps, titulado Virtudes Públicas es una llamada vigorosa a mejorar la convivencia social, cultivando virtudes tan maltratadas hoy como la solidaridad, la responsabilidad, la tolerancia, la buena educación o la verdadera profesionalidad.

En el capítulo dedicado a la responsabilidad analiza la profesora catalana un fenómeno que parece extenderse cada vez más entre nosotros y es la escasa capacidad del hombre para responder ante sus obligaciones morales más profundas.

Se piensa que buena persona es la que no crea problemas a los demás. Así, será buen profesor el que no falta a clase y es puntual en su trabajo. Será buen político el que mantiene contentos a sus electores. Será buen hijo el que no decepciona a sus padres.

Parece que todo queda reducido a cumplir aquellas obligaciones que pueden definirse con cierta concreción. ¿Para qué meterse en más profundidades?

Probablemente, ha sido F. Nietzsche uno de los filósofos que más ha influido en la configuración de este modo de entender hoy la responsabilidad. Según Nietzsche, el hombre sólo debe responder de sí mismo y ante sí mismo. N o tiene por qué mirar a nadie. No tiene que rendir cuentas a nadie, sino a sí mismo.

Pero, como dice Victoria Camps, si uno se mira sólo a sí mismo, no tiene por qué responder de sí, pues toda respuesta supone la interpelación de otro. Dicho de otra manera, ser responsable es ser capaz de responder a la llamada de otro. Y cuando la persona pierde esa capacidad de responder ante los demás o responder a Dios, termina por desentenderse de todo y no responder de nada.

Tal vez, sin ser muy conscientes de ello, son muchos los que viven hoy esta «moral solitaria» predicada por el filósofo alemán. Una responsabilidad que se reduce a puro monólogo con uno mismo y donde falta la vigorosa interpelación que nos llega de los otros y de Dios.

Jesús ha criticado con fuerza esa actitud de autoengaño de la persona que se encierra en su pequeño mundo y se va haciendo cada vez más sorda a cualquier llamada que le exija un verdadero cambio de conducta.

La «parábola del banquete de bodas» nos habla de esa invitación que llega insistente a los hombres, pero es rechazada cuando uno anda ocupado sólo en sus cosas. «Los invitados no hicieron caso: uno se marchó a sus tierras; otro a sus negocios».

El mensaje es claro: hay que decidirse. Hay que escuchar la llamada que nos llega de Dios a cambiar nuestra vida. N o hay que temerla pues, aun siendo exigente, siempre es llamada que conduce a la fiesta final.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1986-1987 – CONSTRUIR SOBRE LA ROCA
11 de octubre de 1987

EL RETORNO DE LO RELIGIOSO

Venida la boda.

Esta expresión utilizan hoy los especialistas para designar un he- dio sorprendente que ningún observador había previsto hace sólo algunos decenios.

En occidente vuelve el interés por lo religioso. El fenómeno es complejo y reviste formas muy variadas y de valor diferente.

Por una parte, asistimos al nacimiento y extensión de incontables sectas y comunidades donde se entremezclan diferentes tradiciones y elementos más o menos religiosos. Hasta nosotros ha llegado ya la Asociación Internacional para la Conciencia de Krishna, la secta Moon, el Guru Maharah Ji, la Gnosis, los Niños de Dios, la Meditación Trascendental...

Son también muchos los que practican técnicas de interiorización, frecuentan centros de meditación y buscan la soledad y el silencio en un clima más o menos sagrado.

Por otra parte, crece el interés y el cultivo de lo maravilloso, lo fantástico, lo oculto, lo parapsíquico. Cada vez son más los que acuden a los horóscopos, adivinos, echadoras de cartas, sesiones de espiritismo.

Sin duda, todo esto encierra una gran dosis de ambigüedad. Con frecuencia la religión es sustituida por la superstición, el misterio de Dios queda desfigurado por la magia y la idolatría. A veces se trata solamente de un “barniz religioso» que oculta intereses muy poco puros.

Pero, aun así, este fenómeno que crece día a día entre nosotros puede ser una llamada a la conciencia del hombre contemporáneo. Una de esas invitaciones que el hombre recibe para buscar a Dios y que, tantas veces, rechaza según la parábola de Jesús.

Este fenómeno está manifestando una profunda carencia en esta civilización de carácter predominantemente científico y técnico. El progreso científico y el desarrollo tecnológico no llegan a satisfacer las necesidades más hondas del hombre contemporáneo.

En el ser humano se encierra una necesidad y unas aspiraciones que van más lejos y más allá de lo que pueden aportar las ciencias, la técnica o el puro desarrollo económico.

Pero además hay algo que la Iglesia y las comunidades creyentes deberían escuchar ante este fenómeno creciente. ¿Es que la Iglesia es incapaz de satisfacer “la hambre religiosa» de estas personas?

Si los “gurús” están de moda, ¿no será porque, tal vez, en las Iglesias cristianas no es fácil encontrar hoy verdaderos maestros espirituales?

Si nuestros jóvenes se acercan a sectas extrañas, ¿no será tal vez porque no encuentran en nuestras comunidades el clima cálido, amistoso y fraterno que necesitan?

Si las gentes sencillas buscan con tanto afán lo maravilloso y oculto, ¿no será porque les ofrecemos un cristianismo excesivamente racionalista donde falta el sentido de lo sagrado y la presencia del misterio?

En definitiva, ¿no está el hombre contemporáneo escuchando en el interior mismo de su insatisfacción una invitación a buscar de nuevo el rostro de Dios?

José Antonio Pagola

HOMILIA

1983-1984 – BUENAS NOTICIAS
14 de octubre de 1984

SIN OIDOS PARA LO RELIGIOSO

Uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios...

Son cada vez más los que entre nosotros se confiesan increyentes. Pero si se observa de cerca su postura, quizás haya que decir que su increencia no es tanto fruto de una decisión responsable cuanto resultado de una vida alienada y privada de interioridad.

En la vida de muchos hombres y mujeres contemporáneos faltan las condiciones mínimas para tomar una postura seria y responsable ante la fe o la increencia.

Se vive un estilo de vida donde ni siquiera aparece la necesidad de dar un sentido último a la existencia. Como dice un ateo contemporáneo, sencillamente «somos nosotros los que tenemos que dar un sentido a nuestra vida, viviéndola» (F. Jeanson).

Pero cuando uno vive buscando sólo un bienestar material cada vez mayor, interesado únicamente en «tener dinero» y «adquirir símbolos de prestigio», preocupado siempre por ser «algo» y no por ser «alguien», la persona pierde capacidad para escuchar las llamadas más profundas que se encierran en el hombre.

Esta persona carece de oídos para cualquier rumor que no sea el que proviene de su mundo de intereses. No tiene ojos para percibir otras dimensiones que no sean las del bienestar material, la posesión y el prestigio social. Como diría M. Weber, son hombres que «carecen de oído para lo religioso».

La parábola de Jesús nos vuelve a recordar a todos que en el tondo de la vida hay una invitación a buscar la libertad y la plenitud por otros caminos. Y nuestra mayor equivocación puede ser desoír ligeramente la llamada de Dios, marchando cada uno a «nuestras tierras y nuestros negocios».

Los hombres seguiremos huyendo de nosotros mismos, perdiéndonos en mil formas de evasión, tratando de olvidarnos de nosotros mismos y de Dios, evitando cuidadosamente tomar en serio la vida. Pero la invitación no cesa.

En el fondo de muchas posturas de increencia, ¿no se esconde un temor al cambio que necesariamente se tendría que producir en nuestra vida si tomáramos en serio a Dios?

Sin duda, se encierra una gran verdad en aquella inolvidable invocación de San Juan de la Cruz: «Señor, Dios mío, tú no eres extraño a quien no se extraña contigo. ¿Cómo dicen que te ausentas tú?»

José Antonio Pagola

HOMILIA

1980-1981 – APRENDER A VIVIR
11 de octubre de 1981

CADA UNO A SU NEGOCIO

…uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios…

La parábola de Jesús es de total actualidad. La invitación a la fiesta, al amor, a la fraternidad sigue escuchándose en el corazón de todo hombre. Pero, los convidados no hacen caso. Están ocupados en sus tierras, sus negocios...

¿Dónde buscan los hombres de hoy la felicidad? ¿A qué puertas llaman buscando salvación? Para la gran mayoría la felicidad está en tener más, comprar más, poseer más cosas y más seguridad. «Acumular, acumular: en esto consiste la ley y los profetas» (K. Marx).

Otros buscan el goce inmediato e individualista: sexo, droga, diversión, cenas de fin de semana. Hay que huir de los problemas. Refugiarse en el placer del presente.

Hay quienes se entregan al cuidado del cuerpo. Es importante mantenerse en forma. Ser joven. No envejecer nunca.

Son muchas las ofertas de salvación en nuestra sociedad. Pero son ofertas parciales, reductoras, que no proporcionan todo lo que el hombre anda buscando. El hombre sigue insatisfecho. Y la invitación de Dios sigue resonando.

Invitación que la debemos percibir no al margen sino en medio de las insatisfacciones, gozos, luchas e incertidumbres de nuestra vida. «Incluso allí donde se busca u ofrece algo parcial que tiene acogida entre los hombres, habrá que atisbar a Dios intentando llegar al hombre» (J. M. Mardones).

Es bueno que el hombre busque un bienestar mayor para todos, pero ¿qué plenitud puede haber tras ese afán de poseer televisores cada vez más perfectos, coches cada vez más veloces, electrodomésticos cada vez más sofisticados? ¿No hay muchos que poseen ya demasiadas cosas para ser felices?

Porque, después de caminar a la búsqueda de tantas cosas, no son pocos los que pierden su libertad, su capacidad de amar, su ternura, el disfrute sencillo de la vida.

Es normal que las nuevas generaciones busquen con afán otro tipo de salvación. Pero, ¿qué plenitud se puede encontrar cuando se han estrujado todas las posibilidades del sexo, se ha vuelto del «viaje» de la droga o se ha hundido uno en el aislamiento de un pasotismo total?

Los hombres seguirán siendo unos eternos buscadores de orientación, felicidad, plenitud, verdad, amor. Los hombres seguirán buscando, de alguna manera, el Absoluto.

Por eso, en medio de nuestra vida, a veces tan alocada y superficial, en medio de nuestra búsqueda yana de felicidad total, estemos alertas y veamos si no estamos desoyendo una invitación que, quizás, otros hombres y mujeres sencillos y pobres están escuchando con gozo «en los cruces de los caminos» de este mundo nuestro tan paradójico.

José Antonio Pagola





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