lunes, 3 de marzo de 2014

09/03/2014 - 1º domingo de Cuaresma (A)

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Homilias de José Antonio Pagola

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¡Volver a Jesús! Retomar la frescura inicial del evangelio.
Video de la Conferencia de Jose Antonio Pagola. 

José Antonio Pagola: He recibido con satisfacción la resolución definitiva de la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe sobre mi libro, Jesús.Aproximación histórica.


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9 de marzo de 2014

1º domingo de Cuaresma (A)


EVANGELIO

Jesús ayuna cuarenta días y es tentado.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo.
Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
-«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.»
Pero él le contestó, diciendo:
-«Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."»
Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice:
-«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras."»
Jesús le dijo:
-«También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios."»
Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo:
-«Todo esto te daré, si te postras y me adoras.»
Entonces le dijo Jesús:
-«Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto."»
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

Palabra de Dios.

HOMILIA

2013-2014 –
9 de marzo de 2014

NUESTRA GRAN TENTACIÓN

La escena de “las tentaciones de Jesús” es un relato que no hemos de interpretar ligeramente. Las tentaciones que se nos describen no son propiamente de orden moral. El relato nos está advirtiendo de que podemos arruinar nuestra vida, si nos desviamos del camino que sigue Jesús.
La primera tentación es de importancia decisiva, pues puede pervertir y corromper nuestra vida de raíz. Aparentemente, a Jesús se le ofrece algo bien inocente y bueno: poner a Dios al servicio de su hambre. “Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”.
Sin embargo, Jesús reacciona de manera rápida y sorprendente: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de boca de Dios”. No hará de su propio pan un absoluto. No pondrá a Dios al servicio de su propio interés, olvidando el proyecto del Padre. Siempre buscará primero el reino de Dios y su justicia. En todo momento escuchará su Palabra.
Nuestra necesidades no quedan satisfechas solo con tener asegurado nuestro pan. El ser humano necesita y anhela mucho más. Incluso, para rescatar del hambre y la miseria a quienes no tienen pan, hemos de escuchar a Dios, nuestro Padre, y despertar en nuestra conciencia el hambre de justicia, la compasión y la solidaridad.
Nuestra gran tentación es hoy convertirlo todo en pan. Reducir cada vez más el horizonte de nuestra vida a la mera satisfacción de nuestros deseos; hacer de la obsesión por un bienestar siempre mayor o del consumismo indiscriminado y sin límites el ideal casi único de nuestras vidas.
Nos engañamos si pensamos que ese es el camino a seguir hacia el progreso y la liberación. ¿No estamos viendo que una sociedad que arrastra a las personas hacia el consumismo sin límites y hacia la autosatisfacción, no hace sino generar vacío y sinsentido en las personas, y egoísmo, insolidaridad e irresponsabilidad en la convivencia?
¿Por qué nos estremecemos de que vaya aumentando de manera trágica el número de personas que se suicidan cada día? ¿Por qué seguimos encerrados en nuestro falso bienestar, levantando barreras cada vez más inhumanas para que los hambrientos no entren en nuestros países, no lleguen hasta nuestras residencias ni llamen a nuestra puerta?
La llamada de Jesús nos puede ayudar a tomar más conciencia de que no sólo de bienestar vive el hombre. El ser humano necesita también cultivar el espíritu, conocer el amor y la amistad, desarrollar la solidaridad con los que sufren, escuchar su conciencia con responsabilidad, abrirse al Misterio último de la vida con esperanza.


José Antonio Pagola

HOMILIA

2010-2011 – JESÚS ES PARA TODOS
13 de marzo de 2011

TENTACIONES

No le resultó nada fácil a Jesús mantenerse fiel a la misión recibida de su Padre, sin desviarse de su voluntad. Los evangelios recuerdan su lucha interior y las pruebas que tuvo que superar, junto a sus discípulos, a lo largo de su vida.
Los maestros de la ley lo acosaban con preguntas capciosas para someterlo al orden establecido, olvidando al Espíritu que lo impulsaba a curar incluso en sábado. Los fariseos le pedían que dejara de aliviar el sufrimiento de la gente y realizara algo más espectacular, "un signo del cielo", de proporciones cósmicas, con el que Dios lo confirmara ante todos.
Las tentaciones le venían incluso de sus discípulos más queridos. Santiago y Juan le pedían que se olvidara de los últimos, y pensara más en reservarles a ellos los puestos de más honor y poder. Pedro le reprende porque pone en riesgo su vida y puede terminar ejecutado.
Sufría Jesús y sufrían también sus discípulos. Nada era fácil ni claro. Todos tenían que buscar la voluntad del Padre superando pruebas y tentaciones de diverso género. Pocas horas antes de ser detenido por las fuerzas de seguridad del templo Jesús les dice así: "Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas" (Lucas 22,28).
El episodio conocido como "las tentaciones de Jesús" es un relato en el que se reagrupan y resumen las tentaciones que hubo de superar Jesús a lo largo de toda su vida. Aunque vive movido por el Espíritu recibido en el Jordán, nada le dispensa de sentirse atraído hacia formas falsas de mesianismo.
¿Ha de pensar en su propio interés, o escuchar la voluntad del Padre? ¿Ha de imponer su poder de Mesías, o ponerse al servicio de quienes lo necesitan? ¿Ha de buscar su propia gloria, o manifestar la compasión de Dios hacia los que sufren? ¿Ha de evitar riesgos y eludir la crucifixión, o entregarse a su misión confiando en el Padre?
El relato de las tentaciones de Jesús fue recogido en los evangelios para alertar a sus seguidores. Hemos de ser lúcidos. El Espíritu de Jesús está vivo en su Iglesia, pero los cristianos no estamos libres de falsear una y otra vez nuestra identidad cayendo en múltiples tentaciones.
Identificar hoy las tentaciones de la Iglesia y de la jerarquía, de los cristianos y de sus comunidades; hacernos conscientes de ellas como Jesús; y afrontarlas como lo hizo él, es lo primero para seguirle con fidelidad. Una Iglesia que no es consciente de sus tentaciones, pronto falseará su identidad y su misión. ¿No nos está sucediendo algo de esto? ¿No necesitamos más lucidez y vigilancia para no caer en la infidelidad?

José Antonio Pagola

HOMILIA

2007-2008 - Recreados por Jesús
10 de febrero de 2008

VETE SATANÁS

Vete Satanás.

La primera tentación acontece en el «desierto». Después de un largo ayuno entregado al encuentro con Dios, Jesús siente hambre. Es entonces cuando el tentador le sugiere actuar pensando en si mismo y olvidando el proyecto de Dios: «Si eres Hijo de Dios di que estas piedras se conviertan en pan». Jesús, desfallecido pero lleno del Espíritu de Dios, reacciona:
«No sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de Dios». No vivirá buscando su propio interés. No será un Mesías egoísta. Multiplicará panes cuando vea pasar hambre a los pobres. Él se alimentará de la Palabra viva de Dios.
Siempre que la Iglesia busca su propio interés, olvidando el proyecto del reino de Dios, se desvía de Jesús. Siempre que los cristianos anteponemos nuestro bienestar a las necesidades de los últimos, nos alejamos de Jesús.
La segunda tentación se produce en el «templo». El tentador propone a Jesús hacer su entrada triunfal en la ciudad santa, descendiendo de lo alto como Mesías glorioso. La protección de Dios está asegurada. Sus ángeles «cuidarán» de él. Jesús reacciona rápido: «No tentarás al Señor tu Dios». No será un Mesías triunfador. No pondrá a Dios al servicio de su gloria. No hará «señales del cielo». Sólo signos para curar enfermos.
Siempre que la Iglesia pone a Dios al servicio de su propia gloria y «desciende de lo alto» para mostrar su propia dignidad, se desvía de Jesús. Cuando los seguidores de Jesús buscamos «quedar bien» más que «hacer el bien», nos alejamos de él.
La tercera tentación sucede en una «montaña altísima». Desde ella se divisan todos los reinos del mundo. Todos están controlados por Satanás, que hace a Jesús una oferta asombrosa: le dará todo el poder del mundo. Sólo una condición: «si te postras y me adoras». Jesús reacciona violentamente: «Vete, Satanás». «Sólo al Señor tu Dios adorarás». Dios no lo llama a dominar el mundo como el emperador de Roma, sino a servir a quienes viven oprimidos. No será un Mesías dominador sino servidor. El reino de Dios no se impone con poder, se ofrece con amor.
La Iglesia tiene que ahuyentar hoy todas las tentaciones de poder, gloria o dominación, gritando con Jesús «Vete, Satanás». El poder mundano es una oferta diabólica. Cuando los cristianos lo buscamos, nos alejamos de Jesús.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2004-2005 – AL ESTILO DE JESÚS
13 de febrero de 2005

TENTACIONES

Para ser tentado por el diablo.

Los cristianos de la primera generación se interesaron muy pronto por las «tentaciones» de Jesús. No querían olvidar el tipo de conflictos y luchas que tuvo que superar para mantenerse fiel a Dios. Les ayudaba a no desviarse de su única tarea: construir un mundo más humano siguiendo los pasos de Jesús.
El relato es sobrecogedor. En el «desierto» se puede escuchar la voz de Dios, pero se puede sentir también la atracción de fuerzas oscuras que nos alejan de él. El «diablo» tienta a Jesús empleando la Palabra de Dios y apoyándose en salmos que se rezan en Israel. Hasta en el interior de la religión se puede esconder la tentación de distanciamos de Dios.
En la primera tentación, Jesús se resiste a utilizar a Dios para «convertir» las piedras en pan. Lo primero que necesita una persona es comer, pero «no sólo de pan vive el hombre». El anhelo del ser humano no se apaga alimentando su cuerpo. Necesita mucho más.
Precisamente, para liberar de la miseria, del hambre y de la muerte a quienes no tienen pan, hemos de despertar el hambre de justicia y de amor en nuestro mundo deshumanizado de los satisfechos.
En lo alto del templo, el diablo le sugiere buscar en Dios seguridad. Podrá vivir tranquilo, «sostenido por sus manos» y caminar sin tropiezos ni riesgos de ningún tipo. Jesús reacciona: «No tentarás al Señor tu Dios».
Es diabólico organizar la religión como un sistema de creencias y prácticas que dan seguridad. No se construye un mundo más humano refugiándose cada uno en su propia religión. Es necesario asumir a veces compromisos arriesgados, confiando en Dios como Jesús.
La última escena es impresionante. Jesús está mirando el mundo desde una montaña alta. A sus pies se le presentan «todos los reinos» con sus conflictos, guerras e injusticias. Ahí quiere él introducir el reino de la paz y la justicia de Dios. El diablo, por el contrario, le ofrece poder y esplendor si lo adora.
La reacción de Jesús es inmediata: «Al Señor tu Dios adorarás». El mundo no se humaniza con la fuerza del poder. No es posible imponer el poder sobre los demás sin servir al diablo. Quienes siguen a Jesús buscando gloria y esplendor viven «arrodillados» ante el diablo. No adoran al verdadero Dios.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2001-2002 – CON FUEGO
17 de febrero de 2002

¿HAY QUE SEGUIR ASÍ?

No sólo de pan vive el hombre.

Lo propio de nuestra «sociedad consumista» es que no sólo consumimos lo necesario para la vida, sino que consumimos sobre todo y fundamentalmente bienes superfluos. Éste es ci hecho decisivo que mueve básicamente la política y la economía. Lo importante es «aumentar el crecimiento» y «subir el nivel de consumo». Es lo que esperan unánimemente todos los ciudadanos.
Todo gira en torno a este consumo de bienes superfluos. 1 Á)S individuos han aprendido a cifrar su éxito, su felicidad y hasta su personalidad en poseer tal modelo de coche o vestir con tal marca. Es el modo natural de vivir. En este consumo «vivimos, nos movemos y existimos».
Pero, ¿sabemos lo que estamos haciendo?, ¿queremos seguir consumiendo de esta manera?, ¿es éste el mejor estilo de vida en una sociedad progresista?, ¿no nos interesa cambiar y humanizar un poco más nuestra vida?
Tal vez, lo primero es tornar conciencia de lo que estamos haciendo. Es un primer paso, pero importante. ¿Por qué compro tantas cosas?, ¿es para estar a la altura de los amigos y conocidos?, ¿para demostrarme a mí mismo y a los demás que soy «alguien»?, ¿para que se vea que he triunfado?
Podemos preguntamos también si somos libres o esclavos. ¿Soy dueño de mis decisiones o compro lo que me dieta la publicidad?, ¿adquiero lo que me ayuda a vivir de manera digna y dichosa o estoy llenando mi vida de cosas inútiles?, ¿sé boicotear anuncios que tratan de manipularme de manera torpe y degradante o soy uno de esos «esclavos satisfechos» que presumen de tal o cual marca?
Nos hemos de preguntar, sobre todo, si este consumismo tan irresponsable nos parece justo. Ya nada es bastante para vivir bien. Seguimos creando y creando necesidades siempre nuevas, y nunca nos sentimos satisfechos. Mientras tanto, millones de seres humanos no tienen lo necesario para sobrevivir. ¿Qué pensar de todo esto? ¿No es injusto y estúpido?
«No sólo de pan vive el hombre». Estas palabras de Jesús no son una exhortación piadosa para creyentes. Encierran una verdad que necesitamos escuchar todos.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1998-1999 – FUERZA PARA VIVIR
21 de febrero de 1999

PERDIDOS EN LA ABUNDANCIA

No sólo de pan vive el hombre.

Uno de los rasgos de las sociedades avanzadas es el exceso, lo desmesurado, la profusión de ofertas, la multiplicación de posibilidades. Se nos ofrece de todo, lo podemos probar todo. No es fácil vivir así. Atraídos por mil reclamos, podemos terminar aturdidos y sin capacidad para cuidar y alimentar lo esencial.
Los centros comerciales e hipermercados exponen una gama increíble de productos. Los restaurantes ofrecen cartas y menús con toda clase de combinaciones. Podemos seleccionar entre un número cada vez más amplio de cadenas de televisión. Las agencias nos proponen todo tipo de viajes y experiencias. Internet nos abre el camino a un mundo ilimitado de imágenes, impresiones y contactos.
Por otra parte, jamás la información estuvo tan desarrollada. Se nos abruma con datos, estadísticas y previsiones. Las noticias se suceden con rapidez impidiéndonos la reflexión sosegada y la meditación. Sobresaturada de información, la conciencia de bastantes queda captada por todo y por nada. Es cada vez más fácil caer en la indiferencia y la pasividad.
Todo este clima tiene sus consecuencias. Bastantes personas atienden mucho las necesidades artificiales al mismo tiempo que descuidan lo esencial. Se vive hacia fuera, volcados en las novedades externas y se ignora casi todo del mundo interior. El exceso de información y la hipersolicitación del consumismo disuelven la fuerza de las convicciones. Son muchos los que viven entretenidos en lo anecdótico, sin proyecto ni ideal alguno. Las personas se hacen más frágiles e inconscientes. Todo es problema, incluso las cosas más elementales: dormir, irse de vacaciones, engordar, envejecer.
A veces de manera vaga y difusa, otras de forma más clara y precisa, son bastantes los que sienten una decepción y desencanto al experimentar que este estilo de vida despersonaliza, vacía interiormente a las personas y las incapacita para crecer de manera sana. En esa insatisfacción puede estar el comienzo de la salvación.
Al comenzar la Cuaresma cristiana, escuchamos una vez más las palabras de Jesús: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. » Son una llamada a reaccionar. No basta vivir entretenido, funcionar sin alma, vivir sólo de pan, caminar muertos interiormente. Necesitamos la Palabra vivificadora que nos llega de Dios. ¿Sabremos escucharla?

José Antonio Pagola

HOMILIA

1995-1996 – SANAR LA VIDA
25 de febrero de 1996

CON 250 PESETAS

No sólo de pan vive el hombre.

También este año quiero dar mi apoyo a una campaña que se promovió en las diócesis del País Vasco con ocasión del 50 aniversario de las Misiones diocesanas. Lo hago porque puede sacudir de nuevo nuestras conciencias satisfechas de hombres y mujeres del Primer Mundo. Se trata de vivir cada uno de los cinco viernes de cuaresma con sólo 250 pesetas por persona.
¿Por qué 250 pesetas? Sencillamente porque es la cantidad que gasta diariamente en comida una familia media ecuatoriana en las regiones donde trabajan nuestros misioneros. El gesto se puede hacer individualmente o en familia, o ser promovido desde las parroquias. La forma concreta de llevarlo a cabo puede ir desde tomarse tan sólo un bocadillo en todo el día, a compartir un plato de arroz o de patatas en familia, o prescindir de la comida principal. Se trata de vivir estos días con lo que millones de personas viven todos los días del año y todos los años de su vida.
Sería ingenuo creer que, por hacer esta experiencia, estamos compartiendo de cerca las angustias y miseria de aquellas gentes. Pensemos que en Rwanda una familia (no una persona) sobrevive con ¡65! pesetas al día. Una cosa es intercalar este humilde gesto en nuestra vida con todas las necesidades cubiertas, y otra muy distinta vivir sin saber con qué se podrá contar los próximos días.
No es, sin embargo, un gesto puramente simbólico. Es también exigente. Quiere expresar de manera concreta nuestro deseo de acercarnos a los más pobres del mundo para tenerlos más presentes. Así experimentaremos un poco mejor lo que significa esa «desigualdad» de la que tanto hablamos. Por otra parte, es un modo de ejercitar nuestra capacidad de vivir con más austeridad y menos cosas superfluas.
Es claro que estos pequeños gestos no resuelven las injusticias de las relaciones Norte-Sur, pero las cosas nunca cambiarán si no se crea entre nosotros una nueva conciencia. Necesitamos sacudir nuestra rutina, ponernos a reflexionar, descubrir nuevas maneras de vivir de forma más humana. Nos hemos fabricado un modo de vida que nos esclaviza: comemos lo que nos apetece y tiramos lo que nos sobra sin pensar casi nunca que, para que ese nivel de consumo pueda mantenerse, el Tercer Mundo ha de ser exprimido por los intermediarios, las multinacionales y el sistema económico internacional que imponen sus condiciones sin justicia ni piedad alguna.
Tal vez este pequeño gesto nos ayude a entender mejor las palabras de Jesús al comienzo de la cuaresma: «No sólo de pan vive el hombre.»

José Antonio Pagola

HOMILIA

1992-1993 – CON HORIZONTE
28 de febrero de 19993

AYUNO

No sólo de pan vive el hombre.

Son muchas las costumbres y prácticas sociales que, en pocos años, han quedado superadas por el ritmo de la vida moderna. Hoy sólo sirven para el recuerdo divertido y el comentario jocoso. Algo de esto sucede con el ayuno y la abstinencia. ¿Quién se atreve a proponer seriamente algo tan anacrónico?
Sin embargo, el ayuno sigue teniendo una curiosa vigencia en la actual sociedad. Pocas veces se han observado dietas tan severas para eliminar la obesidad, cuidar la silueta o prevenir problemas de salud. Por otra parte, ¿quién se burla de los que hacen «huelga de hambre>) como signo de protesta o gesto de presión en favor de causas justas?
Lo importante en estas cosas es no olvidar el valor original y la sabiduría que encierran. Estoy convencido de que introducir ayuno y austeridad en nuestra vida individual y colectiva no es ninguna necedad. Al contrario, puede ser remedio eficaz para más de una enfermedad.
Naturalmente, lo primero es aclarar que no se trata de «mortificar» el cuerpo porque sí, ni de matar en nosotros el gusto por la vida y el disfrute agradecido de las cosas. Es lo contrario. Liberarnos de aquello que nos impide ser dueños de nosotros mismos para disfrutar de una vida sana y humana.
Quien vive de forma sobria, mantiene una libertad crítica frente a los reclamos insanos de la cultura consumista. Se hace más sensible hacia quienes sufren necesidad, y más disponible para la ayuda solidaria. Le resulta más fácil cultivar la vida del espíritu y abrirse a la dimensión trascendente de la existencia.
Cada uno sabrá cómo introducir en su vida más ayuno y austeridad. Algunos necesitan urgentemente moderar sus comidas y no caer en el exceso de alcohol y tabaco. A otros les haría bien ser menos esclavos de la publicidad y liberarse de cosas superfluas que asfixian su vida. Algunos necesitarían «ayunar» de tanta televisión y romper su dependencia del mando a distancia. Otros, renunciar a un estilo de «fin de semana» agotador y frustrante.
Pero lo decisivo no es ayunar, sino acertar a alimentarse bien. De ahí la máxima evangélica: «No sólo de pan vive el hombre. » Es necesario también el silencio, la reflexión, la apertura a la naturaleza, el arte, la oración. Para el creyente, es vital la escucha de la Palabra de Dios.
Los cristianos comenzamos estos días un tiempo litúrgico que se llama «cuaresma». Es un tiempo en el que nos esforzamos por cuidar más nuestra comunicación con Dios, la escucha del Evangelio y la conversión a Cristo. No tiene por qué ser un tiempo triste y sombrío. Al contrario, es un tiempo de renovación que nos llevará a vivir la Pascua «resucitando» a una vida nueva.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1989-1990 – NUNCA ES TARDE
4 de marzo de 1990

ESTROPEAR LA VIDA

No sólo de pan...

Es lamentable ver con qué facilidad nos dejamos arrastrar por costumbres y modos de vivir que se implantan poco a poco en nuestra sociedad, vaciando de su verdadero contenido las experiencias más nobles y gozosas del ser humano.
Pensemos, por ejemplo, en lo que ha venido en llamarse la cultura del «tírese después de usado», que tiende a imponer entre nosotros todo un estilo de vida. Una vez de usar un producto, hay que buscar rápidamente otro nuevo que lo sustituya.
Esta cultura puede estar configurando nuestra manera de vivir las relaciones interpersonales. De alguna manera, se introduce la tentación de «usar» a las personas para desecharlas cuando ya no interesan.
Lo podemos constatar diariamente: amistades que se hacen y deshacen según la utilidad; amores que duran lo que dura el interés y la atracción física; esposas y esposos abandonados para ser sustituidos por una relación más excitante.
No siempre somos conscientes de cómo podemos estropear nuestra vida cuando damos culto a modas y estilos de vivir que terminan por deshumanizarnos.
Es una equivocación vivir esclavos del dinero, del éxito profesional, del prestigio social o de cualquier otro ídolo, sacrificándoles todo: el descanso, la amistad, la familia, la vida entera.
Cuántas personas, al pasar los años, lo constatan secretamente en su interior. Ganan cada vez más dinero, tienen prestigio, han logrado lo que perseguían, pero se sienten cada vez más solas y frustradas.
Su vida se ha llenado de cosas, pero ha quedado vacía de amistades verdaderas. Saben competir y luchar, pero no saben dar ni recibir amor. Dominan las situaciones más difíciles, pero no aciertan a crecer como personas.
La advertencia de Jesús siempre será de actualidad: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».
No basta alimentar la vida de dinero, prestigio, poder o sexo. Lo sepa o no, el hombre necesita amar y ser amado, perdonar y ser perdonado, acoger y ser acogido.
No le basta al ser humano escucharse a sí mismo y alimentar egocéntricamente sus propios intereses. Necesita abrirse a Dios y escuchar las exigencias y las promesas del amor.
La conversión no es una práctica ya en desuso que hay que recordar en tiempos de cuaresma. Es la orientación nueva de toda nuestra vida, el cambio de rumbo que necesitamos para vivir de manera más sana sin estropear todavía más nuestra persona.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1986-1987 – CONSTRUIR SOBRE LA ROCA
8 de marzo de 1987

UNA CARTA QUE HACE PENSAR

Al Señor, tu Dios, adorarás.

Tal vez más de uno se sorprenda de que los Obispos del País Vasco no hablen en su Carta Pastoral de cuaresma acerca del hombre.
No les sucederá así a quienes el pasado año les escucharon hablar de Dios como “el mejor guardián y el mayor amigo del hombre».
La Carta de este año nos habla del hombre de hoy. Un hombre invitado y llamado por Dios a la vida, pero al que los Obispos ven debatirse hoy en medio de profundas contradicciones, sin encontrar respuesta a sus interrogantes más profundos, acosado por la incertidumbre y el miedo, necesitado más que nunca de esperanza».
Su palabra no brota, sin embargo, de un pesimismo catastrofista ni tampoco de un optimismo ingenuo. Penetrada toda ella de fe en un Dios que ama entrañablemente al hombre de hoy, la Carta Pastoral es una llamada a la confianza, a la responsabilidad y la esperanza.
Por eso, los Obispos no se dirigen solamente a los creyentes. La Carta encontrará eco en todo hombre o mujer que se pregunte hoy sinceramente por el sentido de su vida y trate de enfrentarse a la existencia de manera digna y esperanzada.
Con estas palabras expresan su intención: “Queremos acompañar a nuestros contemporáneos y ahondar, juntamente con ellos, en las contradicciones, preocupaciones y anhelos que vivimos los hombres y mujeres de hoy para descubrir con más lucidez las preguntas fundamentales a las que también hoy hemos de responder”.
Tal vez muchos hombres y mujeres que se han ido alejando de la fe convencidos de que Dios no era para ellos una mano amiga que les ayudaba a vivir sino una presencia opresiva que les impedía crecer, se sorprenden al descubrir que el único Dios que existe es precisamente el que ellos andan buscando. Un Dios que responde a nuestros interrogantes y anhelos más profundos.
Los Obispos nos invitan a los hombres de hoy a escucharnos con sinceridad total, dispuestos a acoger la llamada que se nos hace desde lo más hondo de nuestro ser.
Ciertamente, sólo con sinceridad y honradez total se puede responder a la pregunta que los Obispos plantean, después de una larga reflexión sobre el hombre contemporáneo:
«En definitiva, suprimido Dios, ¿no queda el hombre reducido a una pregunta sin respuesta, un proyecto imposible, un esbozo inacabado que se desvanece en la nada? Al final de todos los caminos, en el fondo de nuestros anhelos, en el interior de nuestros interrogantes más hondos, ¿no está Dios como único posible Salvador del hombre?”.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1983-1984 – BUENAS NOTICIAS
11 de marzo de 1984

ESCAPAR DE DIOS

Al Señor tu Dios adorarás...»

Escapar de Dios ha sido siempre la gran tentación de muchos hombres. Paul Tillich llega a decir que «el hombre que jamás ha intentado huir de Dios, es el que jamás tuvo experiencia del Dios que es realmente Dios».
Pero, en la sociedad moderna, son muchos los que reprimen, incluso, la pregunta misma sobre Dios y ahogan, de diversas maneras, todo planteamiento religioso.
Bastantes se han creado «pequeños dioses» que llenan sus vidas y con quienes conviven con cierta tranquilidad, aun sin poder ahuyentar del todo una vaga sensación de insatisfacción y tristeza.
Otros viven siempre «ocupados», siempre forjando planes, siempre metidos en preparativos, siempre huyendo de lo más profundo de sí mismos, evitando con cuidado cualquier posible encuentro con Dios.
En el fondo, nos resistimos a que Alguien conozca lo que somos y lo que hacemos. Intentamos ocultar las profundidades de nuestra alma a nuestros propios ojos. No podemos soportar un Dios que sea realmente Dios y nos sondee hasta los rincones más oscuros de nuestro ser.
Por eso, son bastantes los que protestan silenciosamente contra ese Dios, desean que no exista, lo rebajan hasta el nivel de las cosas dudosas y huyen hacia el ateísmo.
Pero, ¿existe algún refugio último que nos aísle y «defienda» de Dios? ¿ No estamos sostenidos y contenidos por algo que es mayor que nosotros mismos, que abarca nuestra vida y nuestra muerte y que está exigiendo nuestra respuesta?
Por un tiempo, podremos arrojarlo de nuestra conciencia, rechazarlo de mil maneras, refutarlo, buscar razones para convencernos de que no existe, vivir confortablemente sin él. Pero, ¿escapa uno de Dios sólo porque trata de olvidarlo?
Sin atrevemos a confesarlo públicamente, ¿no seremos los hombres y mujeres de hoy unos «reprimidos religiosos»?
El relato de las tentaciones de Jesús nos invita a hacernos una pregunta decisiva: ¿ Cuál es la manera más humana de enfrentarse a la pregunta sobre Dios? ¿Huir de él o buscarlo?
Según Jesús, no se trata de huir de Dios sino de descubrir su presencia amistosa y el rostro de infinita bondad de un Dios que no es nuestro rival, sino el fondo mismo de nue fuente creadora de nuestro existir, el destinó último al que tendemos misteriosamente.
Muchos de nuestros contemporáneos saben en lo secreto de su corazón que necesitan «reconciliarse» con Dios.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1980-1981 – APRENDER A VIVIR
8 de marzo de 1981

ACTUALIDAD DE LA CUARESMA

Cuarenta días y cuarenta noches.

Lo hemos podido leer estos días en la prensa: «Resurge el carnaval y baja la cuaresma, y para la próxima semana santa ya se está pensando en unas minifiestas primaverales».
Sin duda es así para algunos sectores de nuestra sociedad. Pero también es cierto que para muchos hombres y mujeres que no se resignan a una vida mediocre y vulgar, y que todavía creen en la posibilidad de ser cada día más humanos, la Cuaresma sigue teniendo un significado muy hondo.
Porque la Cuaresma es un tiempo privilegiado para plantearse con seriedad el sentido de la vida, escuchar con más sinceridad la llamada de nuestra conciencia cristiana y esforzarnos por convertirnos al evangelio.
En la carta pastoral que los Obispos de nuestras diócesis nos han dirigido a los creyentes con motivo de la Cuaresma, se nos invita a que nos preguntemos con sinceridad: «¿Nos estamos convirtiendo o nos limitamos a hablar de conversión? ¿vivimos siguiendo a Jesús o nos limitamos a creer en él, para continuar recorriendo nuestros caminos de siempre? ¿amamos o nos limitamos a creer en el amor, sin dejar de ser los viejos egoístas que nunca cambian?».
Detrás de estas preguntas se encierra, sin duda, una preocupación: ¿no estamos viviendo con frecuencia un «cristianismo rebajado», rutinario, inoperante, incapaz de transformar nuestras vidas?
La Cuaresma es un tiempo para hombres y mujeres capaces de confrontar valientemente su vida con la verdad del evangelio.
Un tiempo para encontrarse sinceramente con Dios y con nosotros mismos, para hacernos esas preguntas claves que pocas veces en la vida nos atrevemos a hacérnoslas: ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Para qué vivo? ¿Qué es lo que justifica y da sentido a mi vivir diario?
La Cuaresma ha sido siempre un tiempo de reflexión, de austeridad, oración y escucha intensa de la palabra de Dios.
Por eso precisamente la Cuaresma tiene actualidad. Porque vivimos demasiado vacíos interiormente y necesitamos alimentar las raíces de nuestro ser. Porque escuchamos toda clase de palabras, voces, noticias y comunicados, pero necesitamos escuchar «palabras de vida eterna». Porque vivimos obsesionados por tener dinero, bienestar, seguridad, y lo que necesitamos es aprender a ser más humanos, más sencillos y más hermanos.
Los Obispos nos han dirigido una carta valiente, invitándonos a escuchar el evangelio de los pobres y la interpelación que llega hasta nosotros desde los más olvidados de nuestra sociedad. Semana tras semana trataremos de escuchar su llamada.

José Antonio Pagola



Blog:               http://sopelakoeliza.blogspot.com

Para ver videos de las Conferencias de José Antonio Pagola
                        http://iglesiadesopelana3v.blogspot.com


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