lunes, 28 de marzo de 2011

03/04/2011 - 4º domingo de Cuaresma (A)

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3 de abril de 2011

Homilias de José Antonio Pagola

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- Jesús de Nazaret hoy

4º domingo de Cuaresma (A)


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EVANGELIO

Fue, se lavó, y, volvió con vista.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 9, 1-41

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.
Y sus discípulos le preguntaron:
-«Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?»
Jesús contestó:
-«Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»
Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:
-«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
-«¿No es ése el que se sentaba a pedir?»
Unos decían:
-«El mismo.»
Otros decían:
-«No es él, pero se le parece.»
Él respondía:
-«Soy yo.»
Y le preguntaban:
-«¿Y cómo se te han abierto los ojos?»
Él contestó:
-«Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver. »
Le preguntaron:
-«¿Dónde está él?»
Contestó:
-«No sé.»
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó:
-«Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»
Algunos de los fariseos comentaban:
-«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban:
-«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
-«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó:
-«Que es un profeta.»
Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:
-«¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?»
Sus padres contestaron:
-«Sabernos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse. »
Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.»
Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:
-«Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador. »
Contestó él:
-« Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.» Le preguntan de nuevo:
-¿«Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?»
Les contestó:
-«Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos? »
Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:
-«Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.»
Replicó él:
-«Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.»
Le replicaron:
-«Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?»
Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
-«¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó:
-«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo:
-«Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo:
-«Creo, Señor.»
Y se postró ante él.
Jesús añadió:
-«Para un juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos.»
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:
-« ¿También nosotros estamos ciegos?» Jesús les contestó: -«Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.»

Palabra de Dios

HOMILIA

2010-2011 -
3 de abril de 2011


Caminos hacia la fe

El relato es inolvidable. Se le llama tradicionalmente "La curación del ciego de nacimiento", pero es mucho más, pues el evangelista nos describe el recorrido interior que va haciendo un hombre perdido en tinieblas hasta encontrarse con Jesús, «Luz del mundo». No conocemos su nombre. Sólo sabemos que es un mendigo, ciego de nacimiento, que pide limosna en las afueras del templo. No conoce la luz. No la ha visto nunca. No puede caminar ni orientarse por sí mismo. Su vida transcurre en tinieblas. Nunca podrá conocer una vida digna.
Un día Jesús pasa por su vida. El ciego está tan necesitado que deja que le trabaje sus ojos. No sabe quién es, pero confía en su fuerza curadora. Siguiendo sus indicaciones, limpia su mirada en la piscina de Siloé y, por primera vez, comienza a ver. El encuentro con Jesús va a cambiar su vida…

José Antonio Pagola

HOMILIA

2007-2008 - RECREADOS POR JESÚS
2 de marzo de 2008


JESÚS ES PARA EXCLUIDOS

Fue a buscarlo.

Es «ciego de nacimiento». No sabe lo que es la luz. Nunca la ha conocido. Ni él ni sus padres tienen la culpa, pero allí está él, sentado, pidiendo limosna. Su destino es vivir en tinieblas.
Un día, al pasar Jesús por allí, ve al ciego. El evangelista dice que Jesús es nada menos que la «Luz del mundo». Tal vez recuerda las palabras del viejo profeta Isaías asegurando que un día llegaría a Israel alguien que «gritaría a los cautivos: ¡salid! y a los que están en tinieblas: ¡venid a la luz!».
Jesús trabaja los ojos del pobre ciego con barro y saliva para infundirle su fuerza vital. La curación no es automática. También el ciego ha de colaborar. Hace lo que Jesús le medica: se lava los ojos, limpia su mirada y comienza a ver…

José Antonio Pagola

HOMILIA

2004-2005 – AL ESTILO DE JESÚS
6 de marzo de 2005


OJOS NUEVOS

Me trabajó los ojos y empecé a ver.

El relato del ciego de Siloé está estructurado desde la clave de un fuerte contraste. Los fariseos creen saberlo todo. No dudan de nada. Imponen su verdad. Llegan incluso a expulsar de la sinagoga al pobre ciego: «Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios». «Sabemos que ese hombre que te ha curado, no guarda el sábado». «Sabemos que es pecador».
Por el contrario, el mendigo curado por Jesús no sabe nada. Sólo cuenta su experiencia a quien le quiera escuchar: «Sólo sé que yo era ciego y ahora veo». «Ese hombre me trabajó los ojos y empecé a ver». El relato concluye con esta advertencia final de Jesús: «Yo he venido para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos»…

José Antonio Pagola

HOMILIA

2001-2002 – CON FUEGO
10 de marzo de 2002


Título

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José Antonio Pagola

HOMILIA

1998-1999 – FUERZA PARA VIVIR
14 de marzo de 1999


BUSCAR LA LUZ

Para que los que no ven, vean.

No estamos hechos para vivir en la oscuridad. Nos da miedo caminar en medio de las tinieblas. Y, sin embargo, la vida se nos presenta, con frecuencia, como un camino que debemos recorrer «a tientas». El hombre moderno no se resigna a aceptar el misterio. Pero el misterio está presente en lo más profundo de nuestra vida como una experiencia constante.
El ser humano se ha ido abriendo camino en la historia tratando de iluminar la existencia con su razón. Y ciertamente ha dado pasos gigantescos. La humanidad ha ido acumulando cada vez más datos, ha organizado esos datos en sistemas y ciencias cada vez más complejos, y los ha transformado en técnicas cada vez más poderosas para dominar el mundo y la vida…

José Antonio Pagola

HOMILIA

1995-1996 – SANAR LA VIDA
17 de marzo de 1996


¿QUIÉN SOY YO?

Para que los que no ven, vean.

Probablemente tienen razón quienes sugieren que el hombre de hoy huye de Dios porque anda huyendo de sí mismo. En el fondo, no es posible entrar en contacto con Dios sin entrar en contacto consigo mismo. Lo decía hace mucho tiempo san Cipriano de Cartago: «¿Cómo puedes pretender que Dios te escuche, si no te escuchas a ti mismo? Quieres que Dios piense en ti, cuando tú mismo no piensas en ti mismo.»
La comunicación con Dios y los actos religiosos en general se convierten en una «piadosa evasión» si la persona no se encuentra consigo misma y no descubre cuáles son las necesidades más hondas y la nostalgia más íntima y secreta del corazón humano…

José Antonio Pagola

HOMILIA

1992-1993 – CON HORIZONTE
21 de marzo de 1993


MENTIRSE A SI MISMO

Como decís que veis,
vuestro pecado persiste.


Siempre me ha sorprendido cuánto se habla y se escribe condenando abusos e injusticias de todo género, y qué poco se analiza la mentira e hipocresía que se encierra detrás de no pocos comportamientos.
Sin embargo, la experiencia nos dice que, para hacer el mal, el ser humano necesita casi siempre mentir y, sobre todo, mentirse a sí mismo. Raras veces el hombre hace el mal llamándolo «mal». Necesita enmascararlo o maquillarlo de alguna manera, pues, de lo contrario, no se soportaría a sí mismo.
Pocas veces se estudia el mecanismo de la mentira y la gravedad que encierra. Antes de mentir y engañar a otros, el hombre comienza por mentirse y engañarse a sí mismo. Casi sin dar- se cuenta, la persona se construye una «mentira-raíz», se implanta en ella y desde ahí orienta toda su vida de manera falsa y engañosa…

José Antonio Pagola

HOMILIA

1989-1990 – NUNCA ES TARDE
25 de marzo de 1990


ABRIR LOS OJOS

Empecé a ver.

Posiblemente, bastantes juzgarán excesivamente negativa la afirmación del pensador húngaro Ladislaus Boros cuando dice que «nuestra vida es en gran parte una mentira».
Es cierto que hay en nosotros momentos de honradez, lealtad y franqueza, y, sin embargo, ¿no es también cierto que, de alguna manera, nos mentimos a nosotros mismos a lo largo de toda la vida?
Con esto no queremos decir que nos pasemos la vida falseando los hechos o tratando de engañar a los que nos rodean. Se trata de algo más sutil y profundo. Lo podríamos llamar «inautenticidad de nuestra existencia»…

José Antonio Pagola

HOMILIA

1986-1987 – CONSTRUIR SOBRE LA ROCA
29 de marzo de 1987


CON LOS OJOS CERRADOS

¿También nosotros estamos ciegos?

Tal vez la mayor equivocación que cometemos los hombres es el vivir con los ojos cerrados, sin querer despertar a la realidad. Nos resistimos a mirar la vida hasta el fondo.
La vida es algo que va sucediendo en nosotros con toda su riqueza y su misterio y, mientras tanto, nosotros seguimos ocupados en mil cosas sin importancia.
No queremos abrir los ojos. Preferimos encerrarnos en el mundo ficticio que nos hemos ido construyendo cada uno. Nos falta valor para romper la imagen que nos hemos fabricado de nosotros mismos. Tal vez tenemos la sensación de que estamos echando a perder nuestra vida pero no queremos reaccionar…

José Antonio Pagola

HOMILIA

1983-1984 – BUENAS NOTICIAS
1 de abril de 1984


EL ATEISMO DE LA INSINCERIDAD

para que los que no ven, vean.

Alguien ha dicho que el ateísmo que nos amenaza realmente en estos tiempos es «el ateísmo de la insinceridad». No nos atrevemos ya a plantearnos con seriedad las preguntas fundamentales en las que Dios nos puede salir al encuentro.
Por lo general, el hombre actual no tiene coraje para preguntarse de dónde viene y a dónde va, quién es y qué debe hacer en el breve tiempo que va entre el nacimiento y la muerte.
Estas preguntas no encuentran ya respuesta alguna. Más aún. La inmensa mayoría ni se las plantea.
Son muchos los que dicen no encontrar un sentido a la vida. ¿No sería más exacto decir que han perdido la capacidad de buscar sentido a la vida?...

José Antonio Pagola

HOMILIA

1980-1981 – APRENDER A VIVIR
29 de marzo de 1981


CIEGOS

Para que los que no ven, vean.

Los hombres no estamos hechos para vivir en la oscuridad. Nos da miedo caminar en medio de las tinieblas. Y sin embargo, la vida se nos presenta, con frecuencia, como un camino que debemos recorrer «a tientas».
El hombre moderno no se resigna a aceptar el misterio. Pero, el misterio está presente en lo más profundo de nuestra vida, como una experiencia constante.
El hombre se ha ido abriendo camino en la historia, tratando de iluminar la existencia con su razón. Y ciertamente ha dado pasos gigantescos. La humanidad ha ido acumulando cada vez más datos, ha organizado esos datos en sistemas y ciencias cada vez más complejos, y los ha transformado en técnicas cada vez más poderosas para dominar el mundo y la vida…

José Antonio Pagola

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