lunes, 4 de abril de 2011

10/04/2011 - 5º domingo de Cuaresma (A)

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10 de abril de 2011


Homilias de José Antonio Pagola


No te pierdas: - Jesús de Nazaret hoy


5º domingo de Cuaresma (A)

Para leer, completas, todas las homilias de José Antonio Pagola para este domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o "cliclea" sobre Ciclo A en el menu superior. Lee tambien el documento "La hora de los laicos".


EVANGELIO

Yo soy, la resurrección y la vida.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 1-45

En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro. Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo:

-«Señor, tu amigo está enfermo.»

Jesús, al oírlo, dijo:

-«Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos:

-«Vamos otra vez a Judea.»

Los discípulos le replican:

-«Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí? »

Jesús contestó:

-«¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz.»

Dicho esto, añadió: -

«Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo.»

Entonces le dijeron sus discípulos:

-«Señor, si duerme, se salvará.»

Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente:

-«Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.»

Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos:

-«Vamos también nosotros y muramos con él.»

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:

-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.»

Jesús le dijo:

-«Tu hermano resucitará.»

Marta respondió:

-«Sé que resucitará en la resurrección del último día.»

Jesús le dice:

-«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»

Ella le contestó:

-«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»

Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja:

-«El Maestro está ahí y te llama.»

Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:

-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.»

Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y, muy conmovido, preguntó:

-« ¿Dónde lo habéis enterrado?»

Le contestaron:

-«Señor, ven a verlo.»

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:

-«¡Cómo lo quería!»

Pero algunos dijeron:

-«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»

Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús:

-«Quitad la losa.»

Marta, la hermana del muerto, le dice:

-«Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.»

Jesús le dice:

-«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:

-«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»

Y dicho esto, gritó con voz potente:

-«Lázaro, ven afuera.»

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:

-«Desatadlo y dejadlo andar.»

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Palabra de Dios.

HOMILIA

2010-2011 - 10 de abril de 2011

NUESTRA ESPERANZA

El relato de la resurrección de Lázaro es sorprendente. Por una parte, nunca se nos presenta a Jesús tan humano, frágil y entrañable como en este momento en que se le muere uno de sus mejores amigos. Por otra parte, nunca se nos invita tan directamente a creer en su poder salvador: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque muera, vivirá... ¿Crees esto?»Jesús no oculta su cariño hacia estos tres hermanos de Betania que, seguramente, lo acogen en su casa siempre que viene a Jerusalén. Un día Lázaro cae enfermo y sus hermanas mandan un recado a Jesús: nuestro hermano «a quien tanto quieres» está enfermo. Cuando llega Jesús a la aldea, Lázaro lleva cuatro días enterrado. Ya nadie le podrá devolver la vida….

José Antonio Pagola

HOMILIA

2007-2008 - RECREADOS POR JESÚS

9 de marzo de 2008

NUESTROS MUERTOS VIVEN

Lázaro, sal fuera. El adiós definitivo a un ser muy querido nos hunde inevitablemente en el dolor y la impotencia. Es como si la vida entera quedara destruida. No hay palabras ni argumentos que nos puedan consolar. ¿En qué se puede esperar? El relato de Juan no tiene sólo como objetivo narrar la resurrección de Lázaro, sino, sobre todo, despertar la fe, no para que creamos en la resurrección como un hecho lejano que ocurrirá al fin del mundo, sino para que «veamos» desde ahora que Dios está infundiendo vida a los que nosotros hemos enterrado. Jesús llega «sollozando» hasta el sepulcro de su amigo Lázaro. El evangelista dice que «está cubierto con una losa». Esa losa nos cierra el paso. No sabemos nada de nuestros amigos muertos. Una losa separa el mundo de los vivos y de los muertos. Sólo nos queda esperar el día final para ver si sucede algo…

José Antonio Pagola

HOMILIA

2004-2005 – AL ESTILO DE JESÚS

13 de marzo de 2005

LLORAR Y CONFIAR Esta enfermedad no acabará en muerte. A todos nos pasa lo mismo. No queremos pensar en la muerte. Es mejor olvidarla. No hablar de eso. Seguir viviendo cada día como si fuéramos eternos. Ya sabemos que es un engaño, pero no acertamos a vivir de otra manera. Se nos haría insoportable. Lo malo es que, en cualquier momento, la enfermedad nos sacude de la inconsciencia. En nuestros días es cada vez más frecuente una experiencia antes desconocida: la espera de los análisis médicos. ¿Cuál será el resultado? ¿Positivo o negativo? De pronto descubrimos, al mismo tiempo, la fragilidad de nuestra vida y nuestro deseo enorme de vivir…

José Antonio Pagola

HOMILIA

2001-2002 – CON FUEGO

17 de marzo de 2002

Título

(No se encuentra)

José Antonio Pagola

HOMILIA

1998-1999 – FUERZA PARA VIVIR

21 de marzo de 1999

UNA PUERTA ABIERTA

Tu hermano resucitará.

Estamos demasiado cogidos por el «más acá» para preocuparnos del «más allá». Sometidos a un ritmo de vida que nos aturde y esclaviza, abrumados por una información asfixiante de noticias y acontecimientos diarios, fascinados por mil atractivos objetos que el desarrollo técnico pone en nuestras manos, no parece que necesitemos un horizonte más amplio que «esta vida» en que nos movemos. ¿Para qué pensar en «otra vida»? ¿No sería mejor encauzar todas nuestras fuerzas a organizar lo mejor posible nuestra existencia en este mundo? ¿No deberíamos esforzarnos al máximo en vivir esta vida de ahora lo más humanamente posible y callarnos respecto a todo lo demás? ¿No es mejor aceptar la vida con su oscuridad y sus enigmas y dejar «el más allá» como un misterio del que nada sabemos?...

José Antonio Pagola

HOMILIA

1995-1996 – SANAR LA VIDA

24 de marzo de 1996

EL DERECHO A MORIR MEJOR

Yo soy la resurrección y la vida.

En poco tiempo se ha impuesto entre nosotros un nuevo estilo de morir. Hoy se muere más tarde y también de forma más lenta. Se muere con menos dolor, pero más solos. Mejor atendidos técnicamente, pero peor acompañados. En otros tiempos, el moribundo era el auténtico protagonista de su muerte. Advertido de la proximidad de la última hora, él mismo presidía el acontecimiento: reunía a sus seres queridos, les daba las últimas recomendaciones, pedía perdón, recibía los sacramentos y se despedía hasta la otra vida. Rara vez sucede hoy así…

José Antonio Pagola

HOMILIA

1992-1993 – CON HORIZONTE

28 de marzo de 1993

EN MEDIO DE LA CONFUSION

Yo soy la resurrección y la vida.

Los estudios sobre las creencias del hombre contemporáneo llevan a una conclusión paradójica: una gran parte de europeos consideran que la muerte es el final de todo; y, sin embargo, el interés por las cuestiones sobre «el más allá» sigue creciendo de manera inusitada. Un ejemplo reciente es el sondeo llevado a cabo por la revista francesa Panorama en noviembre de 1993. Según los datos recogidos, un 42 por cien de los franceses opinan que con la muerte se termina todo. Sólo un 45 por cien afirma que la muerte es el paso hacia «otra cosa»…

José Antonio Pagola

HOMILIA

1989-1990 – NUNCA ES TARDE

1 de abril de 1990

CREER PARA TENER VIDA

Yo soy la resurrección y la vida.

Una de las ideas más insidiosas que se han extendido en la sociedad moderna en torno a la religión es la sospecha de que hay que eliminar a Dios para poder salvar la dignidad y felicidad de los hombres. De hecho, son bastantes los que poco a poco van abandonando su «mundo de creencias y prácticas» porque piensan que es un estorbo que les impide vivir. No entienden que Cristo pueda decir que ha venido, no para que los hombres «perezcan», sino para que «tengan vida definitiva»…

José Antonio Pagola

HOMILIA

1986-1987 – CONSTRUIR SOBRE LA ROCA

5 de abril de 1987

CONFIAR EN EL HOMBRE

Esta enfermedad no acabará en muerte

No es fácil escuchar hoy voces que inviten a confiar en el hombre. Lo normal parece ser el pesimismo, el análisis sombrío, la desesperanza y hasta la angustia. Durante estos últimos años se ha hablado mucho de la pérdida de fe en Dios. Por una razón o por otra, son bastantes los que han dejado de creer en El. Pero, sorprendentemente, hoy son tal vez más los que están dejando de creer en el hombre. Las mismas Iglesias parecen, a veces, desconfiar del ser humano. Su mensaje de esperanza, corre entonces el riesgo de quedar oculto por una especie de recelo y miedo ante todo lo que pueda emprender el hombre contemporáneo…

José Antonio Pagola

HOMILIA

1983-1984 – BUENAS NOTICIAS

8 de abril de 1984

¿SOLO ESTA VIDA?

Yo soy la resurrección y la vida.

Estamos demasiado cogidos por el «más acá» para preocuparnos del «más allá». Sometidos a un ritmo de vida que nos aturde y esclaviza, abrumados por una información asfixiante de noticias y acontecimientos diarios, fascinados por mil atractivos objetos que el desarrollo técnico ha puesto en nuestras manos, no parece que necesitemos un horizonte más amplio que «esta vida» en que nos movemos. ¿Para qué pensar en «otra vida»? ¿No sería mejor encauzar todas nuestras fuerzas a organizar lo mejor posible nuestra existencia en este mundo? ¿No deberíamos esforzarnos al máximo en llevar la vida que se nos ha dado ahora lo más humanamente posible y callarnos respecto a todo lo demás? ¿No es mejor aceptar la vida con su oscuridad y sus enigmas y dejar «el más allá» como un misterio del que nada sabemos?...

José Antonio Pagola

HOMILIA

1980-1981 – APRENDER A VIVIR

5 de abril de 1981

VENCER A LA MUERTE

El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá.

Querámoslo o no, el temor a la muerte arruina nuestra alegría de vivir. En el interior de toda felicidad humana, se oculta una especie de «insatisfacción subterránea» que todo hombre lúcido puede percibir, ya que no es posible, en último término, escamotear su fugacidad y desterrar la amenaza de la muerte. Vivimos cercados por ese «omnipotente aguafiestas» que nos estropea la seguridad de nuestro vivir diario. Por muchos que sean los logros de la humanidad, la vida sigue dominada por la muerte y sigue, por tanto, amenazada por lo irreal, el vacío ‘i la nada…

José Antonio Pagola

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