lunes, 7 de julio de 2014

13/07/2014 - 15º domingo Tiempo ordinario (A)

Homilias de José Antonio Pagola

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¡Volver a Jesús! Retomar la frescura inicial del evangelio.
Video de la Conferencia de Jose Antonio Pagola. 

José Antonio Pagola: He recibido con satisfacción la resolución definitiva de la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe sobre mi libro, Jesús.Aproximación histórica.

No dejes de visitar la nueva página de VÍDEOS DE LAS CONFERENCIAS DE JOSÉ ANTONIO PAGOLA .

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EVANGELIO

Salió el sembrador a sembrar.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 1-23 (lectura breve 13, 1-9)

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.
Les habló mucho rato en parábolas:
-«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.
Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.
Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron.
El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta.
El que tenga oídos que oiga.»

[Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:
-«¿Por qué les hablas en parábolas?»
Él les contestó:
-«A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: "Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure."
¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador:
Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe.
Lo sembrado en zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril.  Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.]

Palabra de Dios.

HOMILIA

2013-2014 -
13 de julio de 2014

SEMBRAR

Al terminar el relato de la parábola del sembrador, Jesús hace esta llamada: “El que tenga oídos para oír, que oiga”. Se nos pide que prestemos mucha atención a la parábola. Pero, ¿en qué hemos de reflexionar? ¿En el sembrador? ¿En la semilla? ¿En los diferentes terrenos?
Tradicionalmente, los cristianos nos hemos fijado casi exclusivamente en los terrenos en que cae la semilla, para revisar cuál es nuestra actitud al escuchar el Evangelio. Sin embargo es importante prestar atención al sembrador y a su modo de sembrar.
Es lo primero que dice el relato: “Salió el sembrador a sembrar”. Lo hace con una confianza sorprendente. Siembra de manera abundante. La semilla cae y cae por todas partes, incluso donde parece difícil que la semilla pueda germinar. Así lo hacían los campesinos de Galilea, que sembraban incluso al borde de los caminos y en terrenos pedregosos.
A la gente no le es difícil identificar al sembrador. Así siembra Jesús su mensaje. Lo ven salir todas las mañanas a anunciar la Buena Noticia de Dios. Siembra su Palabra entre la gente sencilla que lo acoge, y también entre los escribas y fariseos que lo rechazan. Nunca se desalienta. Su siembra no será estéril.
Desbordados por una fuerte crisis religiosa, podemos pensar que el Evangelio ha perdido su fuerza original y que el mensaje de Jesús ya no tiene garra para atraer la atención del hombre o la mujer de hoy. Ciertamente, no es el momento de “cosechar” éxitos llamativos, sino de aprender a sembrar sin desalentarnos, con más humildad y verdad.
No es el Evangelio el que ha perdido fuerza humanizadora, somos nosotros los que lo estamos anunciando con una fe débil y vacilante. No es Jesús el que ha perdido poder de atracción. Somos nosotros los que lo desvirtuamos con nuestras incoherencias y contradicciones.
El Papa Francisco dice que, cuando un cristiano no vive una adhesión fuerte a Jesús, “pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”.
Evangelizar no es propagar una doctrina, sino hacer presente en medio de la sociedad y en el corazón de las personas la fuerza humanizadora y salvadora de Jesús. Y esto no se puede hacer de cualquier manera. Lo más decisivo no es el número de predicadores, catequistas y enseñantes de religión, sino la calidad evangélica que podamos irradiar los cristianos. ¿Qué contagiamos? ¿Indiferencia o fe convencida? ¿Mediocridad o pasión por una vida más humana?


José Antonio Pagola

HOMILIA

2010-2011 -
10 de julio de 2011

SALIR A SEMBRAR

Antes de contar la parábola del sembrador que «salió a sembrar», el evangelista nos presenta a Jesús que «sale de casa» a encontrarse con la gente para «sentarse» sin prisas y dedicarse durante «mucho rato» a sembrar el Evangelio entre toda clase de gentes. Según Mateo, Jesús es el verdadero sembrador. De él tenemos que aprender también hoy a sembrar el Evangelio.
Lo primero es salir de nuestra casa. Es lo que pide siempre Jesús a sus discípulos: «Id por todo el mundo...», «Id y haced discípulos...». Para sembrar el Evangelio hemos de salir de nuestra seguridad y nuestros intereses. Evangelizar es "desplazarse", buscar el encuentro con la gente, comunicarnos con el hombre y la mujer de hoy, no vivir encerrados en nuestro pequeño mundo eclesial.
Esta "salida" hacia los demás no es proselitismo. No tiene nada de imposición o reconquista. Es ofrecer a las personas la oportunidad de encontrarse con Jesús y conocer una Buena Noticia que, si la acogen, les puede ayudar a vivir mejor y de manera más acertada y sana. Es lo esencial.
A sembrar no se puede salir sin llevar con nosotros la semilla. Antes de pensar en anunciar el Evangelio a otros, lo hemos de acoger dentro de la Iglesia, en nuestras comunidades y nuestras vidas. Es un error sentirnos depositarios de la tradición cristiana con la única tarea de transmitirla a otros. Una Iglesia que no vive el Evangelio, no puede contagiarlo. Una comunidad donde no se respira el deseo de vivir tras los pasos de Jesús, no puede invitar a nadie a seguirlo.
Las energías espirituales que hay en nuestras comunidades están quedando a veces sin explotar, bloqueadas por un clima generalizado de desaliento y desencanto. Nos estamos dedicando a "sobrevivir" más que a sembrar vida nueva. Hemos de despertar nuestra fe.
La crisis que estamos viviendo nos está conduciendo a la muerte de un cierto cristianismo, pero también al comienzo de una fe renovada, más fiel a Jesús y más evangélica. El Evangelio tiene fuerza para engendrar en cada época la fe en Cristo de manera nueva. También en nuestros días.
Pero hemos de aprender a sembrarlo con fe, con realismo y con verdad. Evangelizar no es transmitir una herencia, sino hacer posible el nacimiento de una fe que brote, no como "clonación" del pasado, sino como respuesta nueva al Evangelio escuchado desde las preguntas, los sufrimientos, los gozos y las esperanzas de nuestro tiempo .No es el momento de distraer a la gente con cualquier cosa. Es la hora de sembrar en los corazones lo esencial del Evangelio.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2007-2008 - Recreados por Jesús
13 de julio de 2008

TENER OÍDOS Y NO OÍR

Escuchar sin oír ni entender.

Las parábolas de Jesús han cautivado siempre a sus seguidores. Los evangelios han conservado cerca de cuarenta. Seguramente, las que Jesús repitió más veces o las que con más fuerza se grabaron en el corazón y el recuerdo de sus discípulos. ¿Cómo leer estas parábolas? ¿Cómo captar su mensaje?
Mateo nos recuerda antes que nada que las parábolas han sido «sembradas» en el mundo por Jesús. «Salió Jesús de su casa» a enseñar su mensaje a la gente, y su primera parábola comienza precisamente así: «Salió el sembrador a sembrar». El sembrador es Jesús. Sus parábolas son una llamada a entender y vivir la vida tal como la entendía y vivía él. Si no sintonizamos con Jesús, difícilmente entenderemos sus parábolas.
Lo que Jesús siembra es «la palabra del Reino». Así dice Mateo. Cada parábola es una invitación a pasar de un mundo viejo, convencional y poco humano a un «país nuevo», lleno de vida, tal como lo quiere Dios para sus hijos e hijas. Jesús lo llamaba «reino de Dios». Si no seguimos a Jesús trabajando por un mundo más humano, ¿cómo vamos a entender sus parábolas?
Jesús siembra su mensaje «en el corazón», es decir, en el interior de las personas. Ahí se produce la verdadera conversión. No basta predicar las parábolas. Si el «corazón» de la Iglesia y de los cristianos no se abre a Jesús, nunca captaremos su fuerza transformadora.
Jesús no discrimina a nadie. Lo que ocurre es que a los que son «discípulos» y caminan tras sus pasos Dios les da a «conocer los secretos del Reino». A los demás no. Los discípulos tienen la clave para captar las parábolas; su conocimiento del proyecto de Dios será cada vez más profundo. Pero los que no dan el paso, y viven sin hacer la opción por Jesús no entienden su mensaje, y lo poco que escuchan lo terminan perdiendo.
Nuestro problema es terminar viviendo con el «corazón embotado». Entonces sucede algo inevitable. Tenemos «oídos», pero no escuchamos ningún mensaje. Tenemos «ojos», pero no miramos a Jesús. Nuestro corazón no entiende nada. ¿Cómo se siembra el evangelio en nuestras comunidades cristianas? ¿Cómo despertamos entre nosotros la acogida al Sembrador?

José Antonio Pagola

HOMILIA

2004-2005 – AL ESTILO DE JESÚS
10 de julio de 2005

REALISMO Y CONFIANZA

Salió el sembrador a sembrar.

No fue fácil para Jesús llevar adelante su proyecto. Enseguida se encontró con la crítica y el rechazo. Su palabra no tenía la acogida que cabía esperar. Entre sus seguidores más cercanos empezaba a despertarse el desaliento y la desconfianza. ¿Merecía la pena seguir trabajando junto a Jesús? ¿No era todo aquello una utopía imposible?
Jesús les dijo lo que él pensaba. Les contó la parábola de un sembrador para hacerles ver el realismo con que trabajaba y la fe inquebrantable que le animaba. Las dos cosas. Hay, ciertamente, un trabajo estéril que se puede echar a perder, pero el proyecto final de Dios no fracasará. No hay que ceder al desaliento. Hay que seguir sembrando. Al final, habrá cosecha abundante.
Los que le escuchaban la parábola, sabían que estaba hablando de sí mismo. Así era Jesús. Sembraba su palabra en cualquier parte donde veía alguna esperanza de que pudiera germinar. Sembraba gestos de bondad y misericordia hasta en los ambientes más insospechados: entre gentes muy alejadas de la religión.
Jesús sembraba con el realismo y la confianza de un labrador de Galilea. Todos sabían que la siembra se echaría a perder en más de un lugar en aquellas tierras tan desiguales. Pero eso no desalentaba a nadie: ningún labrador dejaba por ello de sembrar. Lo importante era la cosecha final. Algo semejante ocurre con el reino de Dios. No faltan obstáculos y resistencias, pero la fuerza de Dios dará su fruto. Sería absurdo dejar de sembrar.
En el movimiento de Jesús no necesitamos cosechadores. Lo nuestro no es cosechar éxitos, conquistar la calle, dominar la sociedad, llenar las iglesias, imponer nuestra fe religiosa. Lo que nos hace falta son sembradores. Seguidores y seguidoras de Jesús que siembren por donde pasan palabras de esperanza y gestos de compasión.
Esta es la conversión que hemos de promover hoy entre nosotros: ir pasando de la obsesión por «cosechar» a la paciente labor de «sembrar». Jesús nos dejó en herencia la parábola del sembrador, no la del cosechador.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2001-2002 – CON FUEGO
14 de julio de 2002

CREATIVIDAD

El que escucha la Palabra... ése dará fruto.

Durante muchos siglos, las sociedades premodernas, se han ido desarrollando siguiendo la tradición. Las generaciones aprendían a vivir mirando al pasado. La tradición ofrecía un código de saberes, valores y costumbres que se transmitía de padres a hijos. La sabiduría del pasado servía para regir la vida de las personas y de la sociedad entera.
Hoy no es así. La tradición ha entrado en crisis. La sociedad moderna cambia de manera tan acelerada que el pasado apenas tiene autoridad alguna si no se ve con claridad su interés para el futuro. Se vive mirando hacia adelante. No hay por qué hacer las cosas como se han hecho siempre. Las soluciones del pasado no sirven para resolver los problemas inéditos de estos tiempos. No basta mirar a la tradición. Hay que aprender a vivir con creatividad.
No es ésta, de ordinario, la actitud en la Iglesia actual. La creatividad es un concepto prácticamente ausente en el magisterio de la Iglesia. Por lo general, se tiende a abordar las cuestiones inspirándose en la tradición. Sin embargo, una Iglesia sin creatividad es una Iglesia condenada a estancarse. Si el cristianismo es percibido como un «asunto del pasado», cada vez interesará menos.
La Iglesia actual tiene miedo a promover la creatividad. Este miedo tiene algo de razonable pues hay quienes confunden «creatividad» con espontaneidad, improvisación o arbitrariedad. Pero cortar la creatividad y oponerse sistemáticamente a nuevos planteamientos ante problemas inéditos en el pasado puede conducir a la Iglesia a un inmovilismo que está lejos del espíritu que animó a Jesús.
Sorprende la creatividad que desarrolló la Iglesia en los primeros siglos respondiendo con audacia a las nuevas circunstancias a las que se fue enfrentando. Impresiona, por ejemplo, su capacidad para abandonar el contexto cultural y religioso en el que nació el movimiento de Jesús y enraizarse en la cultura griega o latina. ¿No tiene el cristianismo actual un derecho a la creatividad semejante al cristianismo de otras épocas?
La parábola del sembrador nos sigue interpelando también en nuestros tiempos: ¿Qué frutos podría producir hoy la Palabra de Jesús acogida con fe en nuestros corazones?

José Antonio Pagola

HOMILIA

1998-1999 – FUERZA PARA VIVIR
11 de julio de 1999

LA FUERZA DEL EVANGELIO

Y dio grano...

La parábola del sembrador es una invitación a la esperanza. La siembra del Evangelio, muchas veces inútil por diversas contrariedades y oposiciones, tiene una fuerza incontenible. A pesar de todos los obstáculos y dificultades y aun con resultados muy diversos, la siembra termina en cosecha fecunda que hace olvidar otros fracasos.
Los creyentes no hemos de perder la alegría a causa de la aparente impotencia del reino de Dios. Siempre parece que «la causa de Dios» está en decadencia y que el Evangelio es algo insignificante y sin futuro. Y, sin embargo, no es así. El Evangelio no es una moral ni una política, ni siquiera una religión con mayor o menor porvenir. El Evangelio es la fuerza salvadora de Dios «sembrada» por Jesús en el corazón del mundo y de la vida de los hombres.
Empujados por el sensacionalismo de los actuales medios de comunicación, parece que sólo tenemos ojos para ver el mal. Y ya no sabemos adivinar esa fuerza de vida que se halla oculta bajo las apariencias más apagadas o descorazonadas.
Si pudiéramos observar el interior de las vidas, nos maravillaríamos ante tanta bondad, entrega, sacrificio, generosidad y amor verdadero. Hay violencia y sangre entre nosotros, pero está creciendo en muchos hombres el anhelo de una verdadera paz. Se impone el consumismo egoísta en nuestra sociedad, pero cada vez son más los que descubren el gozo de una vida sencilla y del compartir. La indiferencia parece haber apagado la religión, pero son muchos los corazones donde se despierta la nostalgia de Dios y la necesidad de la plegaria.
La energía transformadora del Evangelio está ahí trabajando a la humanidad. La sed de justicia y de amor seguirá creciendo. La siembra de Jesús no terminará en fracaso. Lo que se nos pide es acoger la semilla. Dar la vuelta a nuestra vida como una dura y difícil tierra que es preciso remover para que reciba y haga fructificar la siembra de Dios.
¿No descubrimos en nosotros mismos esa fuerza que no proviene de nosotros y que nos invita sin cesar a crecer, a ser más humanos, a transfigurar nuestra vida, a edificar unas relaciones nuevas entre las personas, a vivir con más transparencia, a abrirnos con más verdad a Dios?

José Antonio Pagola

HOMILIA

1995-1996 – SANAR LA VIDA
14 de julio de 1996

HEDONISMO

Queda estéril.

Siempre ha buscado el hombre el placer. Nada hay de ilegítimo en ello. Querer gozar y saber hacerlo es algo esencial en una vida sana y feliz. Pero hay épocas en las que se exalta el placer hasta convertirlo prácticamente en el único objetivo de la vida. A nadie se le oculta que hoy vivimos en una sociedad hedonista, fuertemente polarizada por la búsqueda del placer.
Este hedonismo contemporáneo tiene sus rasgos propios y característicos. No es el hedonismo del maestro Epicuro que, para disfrutar de la felicidad, exigía en ocasiones renunciar al placer, rechazar lo superfluo y practicar una vida sobria.
No es tampoco el hedonismo de J. Stuart Mill, que aspiraba a una máxima felicidad para el mayor número de hombres. Una felicidad «a la altura del hombre», que exige justicia, igualdad y solidaridad.
En el hedonismo actual se busca la intensificación del propio placer. Interesan muchos placeres, placeres intensos, abundancia de excitantes, experimentación continua. Por otra parte, hay una tendencia a sofisticar el placer. Atraen los placeres caros, los que cuestan dinero. Los placeres sencillos y gratuitos interesan menos.
Este hedonismo es claramente descomprometido. El hedonista moderno no se compromete a nada que sea arriesgarse de verdad. De ahí la crisis generalizada de toda clase de militancias. Pero es además individualista y ególatra. Incapaz muchas veces de crear relaciones interpersonales de carácter estable y creador. Interesa la relación breve, novedosa, intensa y fugaz. Es el nuevo estilo. Todo se usa y se tira. También las personas.
Este hedonismo se está convirtiendo en el verdadero «opio» de la sociedad moderna. Por otra parte, está sin duda en la raíz de un alejamiento cada vez mayor del evangelio como forma de vida fraterna y solidaria. No hemos de olvidar que para ser hedonista y postmoderno hay que tener un determinado nivel económico y vivir en las sociedades del bienestar.
La parábola de Jesús es significativa. La Palabra de Dios queda estéril en muchas vidas porque la persona «no tiene raíces», o porque «los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan».

José Antonio Pagola

HOMILIA

1992-1993 – CON HORIZONTE
11 de julio de 1993

«ZAPPING»

Lo sembrado en terreno pedregoso.

Cada día es mayor el número d personas que, armadas de su mando a distancia, se dedican a pasar y repasar los canales una y otra vez, por ver si encuentran algo que pueda despertar su interés. Son los adictos al «zapping».
No se trata de elegir el programa preferido de manera cómoda, sin tener que levantarse a cambiar el canal. El «zapping» se ha convertido para no pocos en una manera de «matar el tiempo» pasando de unas imágenes a otras en rápida sucesión, sin detenerse nunca en un programa concreto.
El fenómeno no se explica, al parecer, sólo como reacción del telespectador insatisfecho ante la pésima programación que se le ofrece. Sociólogos y sicólogos analizan el «zapping» desde diversos ángulos con el fin de ofrecernos algunas claves para su mejor comprensión.
El «zapping» representa, por lo general, una avidez de sensaciones e imágenes, difícil de saciar. El individuo necesita saber qué se está dando en este momento en cada canal. No busca nada especial. Quiere «poseerlo» todo.
El profesor E. Rojas ve en este «interés por todo y por nada» un signo de «clara insatisfacción de fondo». La persona va buscando no se sabe exactamente qué, mientras se deja llevar de impresiones fugaces y sin conexión alguna entre sí. En el fondo, sólo hay dispersión. No interesa nada más. Sólo distraerse y olvidar las tensiones y problemas de cada día.
Es difícil saber los efectos que el «zapping» puede tener en una persona que vive pegada al televisor de esa manera. A mi juicio, el fenómeno sería preocupante en la medida en que pudiera representar toda una manera de vivir cuyos rasgos es fácil detectar en algunas personas: interés casi obsesivo por todo lo que puede ser «actualidad», junto a la incapacidad para hacer la propia síntesis; dispersión y deseo de conocer experiencias siempre nuevas, junto a la falta de proyecto de vida y de criterios básicos de actuación; culto al deseo inmediato y ausencia de verdadera libertad personal.
Si el Evangelio no encuentra hoy eco en muchas personas no es sólo por el egoísmo que habita siempre en el ser humano. Es también porque el hombre de hoy vive con frecuencia una vida in-trascendente y superficial. Como dice Jesús en su parábola, la semilla cae en «terreno pedregoso» y no puede «echar raíces». Cuando se vive lleno de tópicos, eslóganes e impresiones de todas clases, es difícil acoger un mensaje que pueda transformar la vida.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1989-1990 – NUNCA ES TARDE
15 de julio de 1990

HOMBRE «LIGHT»

Sembrado en terreno pedregoso...

Así llama el catedrático de psiquiatría E. Rojas a cierto tipo de hombre, fruto típico de la civilización contemporánea.
Todos conocemos esos productos modernos «rebajados» de su verdadero contenido: café descafeinado, leche descremada, tabaco sin nicotina. Alimentos y bebidas en forma «light», ligeros de calorías y atenuados en su fuerza natural.
Pues bien, según prestigiosos sociólogos y siquiatras, parece crecer entre nosotros un tipo de hombre «rebajado» de su verdadero contenido humano. Un hombre «light».
Se trata de un hombre relativamente bien informado, pero con escasa formación humanística. Muy atento a todo lo pragmático, pero con poca hondura. Interesado por muchas cosas, pero sólo de manera epidérmica.
Un hombre trivial y ligero, cargado de tópicos, incapaz de hacer una síntesis personal de cuanto va llegando hasta él. Un ser con poca consistencia interna, que camina por la vida sin criterios básicos de conducta.
Un hombre que ha escuchado tantas doctrinas y teorías, y ha visto tantos cambios y tan rápidos que ya no sabe a qué atenerse. Su actitud es la del «qué más da», «todo es parecido», «para qué soñar».
Entonces se busca lo más fácil, lo más placentero, lo que se puede conseguir al instante con sólo mostrar la tarjeta de crédito. Como señala el catedrático de sociología Andrés Orizo, «ahora dinero equivale a éxito. Ya no hay otras formas de triunfar socialmente. Vivimos tiempos de hedonismo y consumismo».
No es difícil reconocer el perfil del hombre «light» en algunos rasgos de las personas retratadas por Jesús en su parábola del sembrador. Hombres «sin raíces», en los que el evangelio o no puede penetrar o queda rápidamente ahogado «por los afanes de la vida y la seducción de las riquezas».
Pero este hombre comienza a sentirse víctima de su propio vacío. Es un ser a la deriva, que está perdiendo hasta el gusto mismo de vivir. «El hombre light no tiene referente, ha perdido el punto de mira y está cada vez más perdido ante los grandes interrogantes de la existencia» (E. Rojas).
Este hombre comienza a sentir necesidad de una mayor autenticidad humana. No se resigna a vivir como un autómata en una sociedad estandarizada. Intuye que hay otros caminos para ser libre sin caer en la esclavitud del «becerro de oro». Algo le llama a una vida más saludable y natural.
El evangelio tiene hoy de nuevo su oportunidad. El hombre contemporáneo lo necesita para vivir de manera más intensa y más sana. Sembrado con convicción, puede producir también hoy nuevos frutos.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1986-1987 – CONSTRUIR SOBRE LA ROCA
12 de julio de 1987

SEMBRAR

Salió el sembrador a sembrar.

Todos los años por estas fechas, las calificaciones escolares se convierten en la máxima preocupación de muchas familias.
Sin duda, son muy explicables las reacciones de muchos padres ante el fracaso escolar de sus hijos, pero las tensiones, riñas, amenazas y castigos no son casi nunca el medio adecuado para mejorar las cosas.
Mucho menos todavía si se entremezcla en todo ello el desprecio al hijo incapaz de éxito o la irritación por unas vacaciones que es necesario recortar o programar de otra manera a causa de sus suspensos.
Si queremos realmente ayudar a estos niños o jóvenes, hemos de hacer un esfuerzo por ahondar en las causas de ese fracaso escolar y preguntarnos serenamente y con sinceridad si no tenemos también nosotros nuestra parte de culpa.
Tanto los padres como los profesores solemos tener una serie de expectativas respecto al rendimiento escolar. Pero esas expectativas no siempre indican un verdadero interés por el crecimiento humano de ese niño o ese joven.
¿Qué hemos hecho a lo largo del curso para acercarnos amistosamente a él, conocer sus problemas y compartir sus desalientos?
¿Cuántas veces nos hemos preguntado qué sufrimiento se esconde tras ese nerviosismo o atolondramiento que le impide concentrarse en el estudio? ¿Qué es lo que le lleva al retraimiento y la indiferencia o le empuja a la rebelión?
¿Qué es lo que realmente nos preocupa ahora? ¿No poder presentarlo con éxito en una sociedad tan competitiva como la nuestra? ¿No poder ver realizado tampoco en él aquel ideal que nosotros tal vez no pudimos alcanzar?
Las notas escolares al final de un curso no lo son todo. Lo importante es saber si ese niño o ese joven está aprendiendo a ser cada vez más humano.
Y entonces la pregunta que nos hemos de hacer es ésta: ¿Qué les estoy enseñando yo no sólo con mis palabras sino con mi manera de ser y mi conducta? ¿Qué valores y convicciones pueden percibir en mí? ¿Qué irradio yo en sus vidas? ¿Qué les contagio? ¿Cómo les ayudo a crecer?
La parábola del sembrador que escuchamos de labios de Jesús nos invita a preguntarnos no sólo cómo acogemos lo que se siembra en nosotros, sino también qué estamos sembrando a nuestro alrededor.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1983-1984 – BUENAS NOTICIAS
15 de julio de 1984

UNA FUERZA OCULTA

Y dio grano...

La parábola del sembrador es una invitación a la esperanza. La siembra del evangelio, muchas veces inútil por diversas contrariedades y oposiciones, tiene una fuerza incontenible.
A pesar de todos los obstáculos y dificultades y aun con resultados muy diversos, la siembra termina en cosecha fecunda que hace olvidar otros fracasos y es superior a todas las expectativas.
Los creyentes no hemos de perder la alegría a causa de la aparente impotencia del reino de Dios. Siempre parece que «la causa de Dios» está en decadencia y que el evangelio es algo insignificante y sin futuro. Y sin embargo, no es así.
El evangelio no es una moral ni una política, ni siquiera una religión con mayor o menor porvenir. El evangelio es la fuerza salvadora de Dios «sembrada» por Jesús en el corazón del mundo y de la vida de los hombres.
Empujados por el sensacionalismo de los actuales medios de comunicación, parece que sólo tenemos ojos para ver el mal. Y ya no sabemos adivinar esa fuerza de vida que se halla oculta bajo las apariencias más apagadas o descorazonadoras.
Si pudiéramos observar el interior de las vidas, nos maravillaríamos ante tanta bondad, entrega, sacrificio, generosidad y amor verdadero.
Hay violencia y sangre entre nosotros. Pero está creciendo en muchos hombres el anhelo de una verdadera paz. Se impone el consumismo egoísta en nuestra sociedad, pero cada vez son más los que descubren el gozo de la vida sencilla y del compartir. La indiferencia parece haber apagado la religión, pero son muchos los corazones donde se despierta la nostalgia de Dios y la necesidad de la plegaria.
La energía transformadora del evangelio está ahí trabajando a la humanidad. La sed de justicia y de amor seguirá creciendo. La siembra de Jesús no terminará en fracaso.
Lo que se nos pide es acoger la semilla. Dar la vuelta a nuestra vida como una dura y difícil tierra que es preciso remover para que reciba y haga fructificar la siembra de Dios.
¿No descubrimos en nosotros mismos esa fuerza que no proviene de nosotros y que nos invita sin cesar a crecer, a ser más humanos, a transfigurar nuestra vida, a edificar unas relaciones nuevas entre las personas, a vivir con más transparencia, a abrirnos con más verdad a Dios?

José Antonio Pagola

HOMILIA

1980-1981 – APRENDER A VIVIR
12 de julio de 1981

SEMBRAR CON FE

Salió el sembrador a sembrar.

En pocos años, estamos pasando de una sociedad profundamente religiosa donde el cristianismo jugaba un papel decisivo en la vida de las personas y la regulación de la sociedad, a otro estilo de vida más laico e increyente donde lo religioso va perdiendo importancia.
Acostumbrados a una «sociedad de cristiandad» donde lo religioso estaba presente visiblemente en nuestras calles, plazas, escuelas y hogares, son muchos los creyentes que sienten malestar y sufren ante la nueva situación.
Más aun. Casi sin darnos cuenta, podemos llegar a pensar que el evangelio ha perdido su anterior virtualidad, y el mensaje de Jesús no tiene ya garra ni fuerza de convicción para el hombre moderno.
Por eso, se hace necesario escuchar con atención la parábola de Jesús. Los creyentes no debemos olvidar que, aun en su aparente insignificancia y modestia, el evangelio sigue encerrando una virtualidad poderosa para «salvar» al hombre de lo que le deshumaniza.
Cuando se va penetrando en todo el contenido y la fuerza del mensaje de Jesús, uno se va convenciendo de que difícilmente encontrará el hombre de hoy algo o alguien que pueda dar un sentido más humano y liberador a su vida que el evangelio.
Sin duda, que para ejercer toda su fuerza liberadora, este evangelio debe ser presentado con fidelidad, en toda su verdad, sus exigencias y su esperanza. Sin deformaciones ni cobardías. Sin parcialismos intencionados ni manipulaciones interesadas.
Sin duda, también, que el evangelio exige una acogida sincera y una disponibilidad total. Y son muchos los factores que, como la riqueza, los intereses egoístas o la cobardía, pueden ahogar y anular la eficacia de la palabra de Jesús.
Y, quizás, hay que insistir entre nosotros en la fidelidad al evangelio precisamente cuando es mal recibido en la sociedad, y nos puede enfrentar a nuestros amigos, nuestra familia y nuestro propio pueblo.
Pero el evangelio sigue teniendo hoy una energía humanizadora insospechada. Olvidarlo sería un error lamentable para el hombre moderno. En cualquier caso, los creyentes hemos de recodar que no es éste momento de «cosechar», sino hora de sembrar, con una fe convencida en la fuerza renovadora que se encierra en el evangelio.

José Antonio Pagola



Blog:               http://sopelakoeliza.blogspot.com

Para ver videos de las Conferencias de José Antonio Pagola
                        http://iglesiadesopelana3v.blogspot.com


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