lunes, 19 de noviembre de 2012

25/11/2012 - 34º domingo Tiempo ordinario (B)

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Homilias de José Antonio Pagola

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25 de noviembre de 2012

34º domingo Tiempo ordinario (B)


JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO


EVANGELIO

Tú lo dices: soy rey.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 18, 33b-37

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: « ¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús le contestó: « ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?». Pilato replicó: « ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».
Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí». Pilato le dijo: «Conque, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

Palabra de Dios.

HOMILIA

2011-2012 -
25 de noviembre de 2012

INTRODUCIR VERDAD

El juicio contra Jesús tuvo lugar probablemente en el palacio en el que residía Pilato cuando acudía a Jerusalén. Allí se encuentran una mañana de abril del año treinta un reo indefenso llamado Jesús y el representante del poderoso sistema imperial de Roma.
El evangelio de Juan relata el dialogo entre ambos. En realidad, más que un interrogatorio, parece un discurso de Jesús para esclarecer algunos temas que interesan mucho al evangelista. En un determinado momento Jesús hace esta solemne proclamación: "Yo para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz".
Esta afirmación recoge un rasgo básico que define la trayectoria profética de Jesús: su voluntad de vivir en la verdad de Dios. Jesús no solo dice la verdad, sino que busca la verdad y solo la verdad de un Dios que quiere un mundo más humano para todos sus hijos e hijas.
Por eso, Jesús habla con autoridad, pero sin falsos autoritarismos. Habla con sinceridad, pero sin dogmatismos. No habla como los fanáticos que tratan de imponer su verdad. Tampoco como los funcionarios que la defienden por obligación aunque no crean en ella. No se siente nunca guardián de la verdad sino testigo.
Jesús no convierte la verdad de Dios en propaganda. No la utiliza en provecho propio sino en defensa de los pobres. No tolera la mentira o el encubrimiento de las injusticias. No soporta las manipulaciones. Jesús se convierte así en "voz de los sin voz, y voz contra los que tienen demasiada voz" (Jon Sobrino).
Esta voz es más necesaria que nunca en esta sociedad atrapada en una grave crisis económica. La ocultación de la verdad es uno de los más firmes presupuestos de la actuación de los grandes poderes financieros y de la gestión política sometida a sus exigencias. Se nos quiere hacer vivir la crisis en la mentira.
Se hace todo lo posible para ocultar la responsabilidad de los principales causantes de la crisis y se ignora de manera perversa el sufrimiento de las víctimas más débiles e indefensas. Es urgente humanizar la crisis poniendo en el centro de atención la verdad de los que sufren y la atención prioritaria a su situación cada vez más grave.
Es la primera verdad exigible a todos si no queremos ser inhumanos. El primer dato previo a todo. No nos podemos acostumbrar a la exclusión social y la desesperanza en que están cayendo los más débiles. Quienes seguimos a Jesús hemos de escuchar su voz y salir instintivamente en su defensa y ayuda. Quien es de la verdad escucha su voz.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2008-2009 – RECUPERAR EL EVANGELIO
22 de noviembre de 2009

EXAMEN ANTE EL TESTIGO DE LA VERDAD

He venido al mundo para ser testigo de la verdad.

Dentro del proceso en el que se va a decidir la ejecución de Jesús, el evangelio de Juan ofrece un sorprendente diálogo privado entre Pilato, representante del imperio más poderoso de la Tierra y Jesús, un reo maniatado que se presenta como testigo de la verdad.
Precisamente, Pilato quiere, al parecer, saber la verdad que se encierra en aquel extraño personaje que tiene ante su trono: « ¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús va a responder exponiendo su verdad en dos afirmaciones fundamentales, muy queridas al evangelista Juan.
«Mi reino no es de este mundo». Jesús no es rey al estilo que Pilato puede imaginar. No pretende ocupar el trono de Israel ni disputar a Tiberio su poder imperial. Jesús no pertenece a ese sistema en el que se mueve el prefecto de Roma, sostenido por la injusticia y la mentira. No se apoya en la fuerza de las armas. Tiene un fundamento  completamente diferente. Su realeza proviene del amor de Dios al mundo.
Pero añade a continuación algo muy importante: «Soy rey...y he venido al mundo para ser testigo de la verdad» Es en este mundo donde quiere ejercer su realeza, pero de una forma sorprendente. No viene a gobernar como Tiberio sino a ser «testigo de la verdad» introduciendo el amor y la justicia de Dios en la historia humana.
Esta verdad que Jesús trae consigo no es una doctrina teórica. Es una llamada que puede transformar la vida de las personas. Lo había dicho Jesús: «Si os mantenéis fieles a mi Palabra...conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Ser fieles al Evangelio de Jesús es una experiencia única pues lleva a conocer una verdad liberadora, capaz de hacer nuestra vida más humana.
Jesucristo es la única verdad de la que nos está permitido vivir a los cristianos. ¿No necesitamos en la Iglesia de Jesús  hacer un examen de conciencia colectivo ante el "Testigo de la Verdad"¿Atrevernos a discernir con humildad qué hay de verdad y qué hay de mentira en nuestro seguimiento a Jesús? ¿Dónde hay verdad liberadora y dónde mentira que nos esclaviza? ¿No necesitamos dar pasos hacia mayores niveles de verdad humana y evangélica en nuestras vidas, nuestras comunidades y nuestras instituciones?

José Antonio Pagola

HOMILIA

2005-2006 – POR LOS CAMINOS DE JESÚS
26 de noviembre de 2006

TESTIGOS DE LA VERDAD

Para ser testigo de la verdad.

El juicio tiene lugar en el palacio donde reside el prefecto romano cuando viene a Jerusalén. Acaba de amanecer. Pilato ocupa la sede desde la que dicta sus sentencias. Jesús comparece maniatado como un delincuente. Allí están frente a frente: el representante del imperio más poderoso y el profeta del reino de Dios.
A Pilato le resulta increíble que aquel hombre intente desafiar a Roma: « ¿Con que tú eres rey?». Jesús es muy claro: «Mi reino no es de este mundo». No pertenece a ningún sistema injusto de este mundo. No pretende ocupar ningún trono. No busca poder ni dinero.
Pero no le oculta la verdad: «Soy Rey». Ha venido a este mundo a introducir verdad. Si su reino fuera de este mundo, tendría «guardias» que lucharían por él con armas. Pero sus seguidores no son «legionarios», sino «discípulos» que escuchan su mensaje y se dedican a poner verdad, justicia y amor en el mundo.
El reino de Jesús no es el de Pilato. El prefecto vive para extraer las riquezas y cosechas de los pueblos y conducirlas a Roma. Jesús vive «para ser testigo de la verdad». Su vida es todo un desafío: «todo el que es de la verdad, escucha mi voz». Pilato no es de la verdad. No escucha la voz de Jesús. Dentro de unas horas, intentará apagarla para siempre.
El seguidor de Jesús no es «guardián» de la verdad sino «testigo». No ha venido tras las huellas de Jesús para ser legionario sino discípulo. Su quehacer no es disputar, combatir y derrotar a los adversarios, sino vivir la verdad del evangelio y comunicar la experiencia de Jesús que está cambiando su vida.
El cristiano tampoco es «propietario» de la verdad, sino testigo. No impone su doctrina, no controla la fe de los demás, no pretende tener razón en todo. Vive convirtiéndose a Jesús, contagia la atracción que siente por él, ayuda a mirar hacia el evangelio, pone en todas partes la verdad de Jesús. La Iglesia atraerá a la gente cuando vean que nuestro rostro se parece al de Jesús, y que nuestra vida recuerda a la suya.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2002-2003 – REACCIONAR
23 de noviembre de 2003

BUSCAR A DIOS

Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.

No todos los que han abandonado la práctica religiosa tienen la misma postura ante Dios. Algunos rechazan todo contacto con lo religioso; Dios les resulta un ser incómodo y amenazador del que prefieren prescindir. Otros viven absolutamente despreocupados de estas cosas; les basta con ir resolviendo los problemas de cada día: Dios no tiene sitio en su vida. Hay, sin embargo, un número creciente de no practicantes en los que comienza a despertarse una inquietud religiosa.
No es fácil expresar lo que sienten ni lo que buscan. Ciertamente no están pensando en volver al cristianismo que un día conocieron y que, por una razón o por otra, han abandonado. Su búsqueda se sitúa ahora a otro nivel diferente. Andan detrás de algo que ni ellos mismos aciertan a definir con precisión.
Lo que conocen de la Iglesia les parece excesivamente complicado. El lenguaje eclesiástico les resulta difícil. Tampoco les convence mucho la vida de otros cristianos practicantes que conocen. Pero sienten la necesidad de algo que dé más coherencia y más sentido a su vida.
En el fondo de todo está la cuestión de Dios. La mayoría no duda de que Dios existe. Pero, ¿cómo es ese Dios del que la Iglesia habla tanto? ¿Es un Dios terrible y peligroso del que uno no se puede fiar nunca del todo? ¿Es un Dios bueno que entiende nuestra debilidad y busca siempre sólo nuestro bien?
Pero, ¿con quién hablar de todo esto? Al que se ha alejado de la Iglesia no se le hace fácil acercarse a un sacerdote. Es normal. Si al menos pudiera hablar con toda confianza con algún amigo creyente. Porque es bueno escuchar la experiencia de alguien que vive gozosamente su fe para aclarar equívocos, deshacer prejuicios o exponer las propias dudas.
En cualquier caso, lo importante son los pasos que uno mismo va dando por dentro. Hay preguntas que es bueno contestar: ¿Por qué he abandonado yo el contacto con lo religioso? ¿Me ha hecho bien alejarme de Dios? Ahora sé lo que es vivir de espaldas a la fe, ¿quiero terminar así mi vida? ¿No necesito encontrarme con un Dios Amigo?
Hay personas que se alejaron hace mucho de todo lo religioso, pero tampoco tienen nada contra Dios. En este momento no sabrían cómo rezar; han olvidado las palabras del Padre Nuestro; no les sale ninguna oración. ¿Es difícil decir a Dios: «Tú me conoces y me entiendes. Ayúdame a vivir. Enséñame a creer» ? Puede parecer algo trivial y, sin embargo, una invocación sincera a Dios puede significar un cambio interior importante. Las palabras de Jesús son alentadoras: «Todo el que es de la verdad, escucha mi voz».

José Antonio Pagola

HOMILIA

1999-2000 – COMO ACERTAR
26 de noviembre de 2000

CON VERDAD

Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.

Es raro que una persona pueda vivir la vida entera sin plantearse nunca el sentido último de todo. Por muy frívolo que sea el discurrir de sus días, tarde o temprano se producen «momentos de ruptura» que pueden hacer brotar en la persona interrogantes de fondo sobre el problema de la vida.
Hay horas de intensa felicidad que nos obligan a preguntarnos por qué la vida no es siempre dicha y plenitud. Momentos de desgracia que despiertan en nosotros pensamientos sombríos: ¿por qué tanto sufrimiento?, ¿merece la pena vivir? Instantes de mayor lucidez que nos conducen a las cuestiones fundamentales: ¿Quién soy yo?, ¿qué es la vida?, ¿qué me espera?
Tarde o temprano, de una manera u otra, toda persona termina por plantearse un día el sentido de la vida. Todo puede quedar ahí, o puede también despertarse de manera callada pero inevitable la cuestión de Dios. Las reacciones pueden ser entonces muy diversas.
Hay quienes hace tiempo han abandonado, si no a Dios, sí un mundo de cosas que tenían relación con Dios: la Iglesia, la misa dominical, los dogmas... Poco a poco, se han ido desprendiendo de algo que ya no tiene interés alguno para ellos. Abandonado todo ese mundo religioso, ¿qué hacer ahora ante la cuestión de Dios?
Otros han abandonado incluso la idea de Dios. No tienen necesidad de Él. Les parece algo inútil y superfluo. Dios no les aportaría nada positivo. Al contrario, tienen la impresión de que les complicaría la existencia. Aceptan la vida tal como es y siguen su camino sin preocuparse excesivamente del final.
Otros viven envueltos en la incertidumbre. No están seguros de nada: ¿Qué es creer en Dios?, ¿cómo se puede uno relacionar con Él?, ¿quién sabe algo de estas cosas? Mientras tanto, Dios no se impone. No fuerza desde el exterior con pruebas ni evidencias. No se revela desde dentro con luces o revelaciones. Sólo es silencio, posibilidad, invitación respetuosa...
Lo primero ante Dios es ser honestos. No andar eludiendo su presencia con planteamientos poco sinceros. Quien se esfuerza por buscar a Dios con honradez y verdad no está lejos de Él. No hemos de olvidar unas palabras de Jesús que pueden iluminar a quien viva en la incertidumbre religiosa: «Todo el que es de la verdad escucha mi voz» (Jn 18, 37).

José Antonio Pagola

HOMILIA

1996-1997 – DESPERTAR LA FE
23 de noviembre de 1997

CONTRA LA MENTIRA

Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.

No es frecuente escuchar a alguien defender el derecho del hombre a la verdad. Uno se pregunta por qué no se escuchan en nuestra sociedad gritos de protesta contra la mentira, al menos, con la misma fuerza con que se grita contra la injusticia.
¿Será que no somos conscientes de la mentira que nos envuelve por todas partes? ¿Será que cuando exigimos justicia nos sentimos solo víctimas y nunca opresores? ¿Será que para gritar contra la mentira, la hipocresía y el engaño, es necesario vivir con un mínimo de sinceridad personal?
La mentira es hoy uno de los presupuestos más firmes de nuestra convivencia social. El mentir es aceptado como algo necesario tanto en el complejo mundo del quehacer político y la información social como en «la pequeña comedia» de nuestras relaciones personales de cada día.
El hombre contemporáneo se ve obligado a pensar, decidir y actuar envuelto en una densa niebla de mentira y falsedad. Indefenso ante un cerco de engaños, falacias y embustes del que es difícil liberarse. ¿Cómo saber la «verdad» que se oculta tras las decisiones políticas de los diversos partidos? ¿Cómo descubrir los verdaderos intereses que se encierran tras campañas y acciones que se nos pide defender o rechazar? ¿Cómo actuar con lucidez en medio de la información deformada, parcial e interesada que diariamente nos vemos obligados a consumir?
Se dirá que la mentira es necesaria para actuar con eficacia en la construcción de una sociedad más libre y más justa. Pero, realmente, ¿hay alguien que pueda garantizar que estamos haciendo un mundo más humano cuando desde los centros de poder se oculta la verdad, cuando entre nosotros se utiliza la calumnia para destruir al adversario, cuando se obliga a las masas sencillas a que sean protagonistas de su historia desde una situación de engaño y de ignorancia?
En el fondo de todo hombre hay una búsqueda de verdad y difícilmente se construirá nada verdaderamente humano sobre la mentira y la falsedad. En el mensaje de Jesús hay una invitación a vivir en la verdad ante Dios, ante uno mismo y ante los demás. « Yo he venido para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz» (Juan 18, 37). No es absurdo que se vuelvan a escuchar en nuestra sociedad aquellas palabras inolvidables de Jesús, que son un reto y una promesa para todo hombre que busca sinceramente una sociedad más humana: «La verdad os hará libres» (Juan 8, 32).

José Antonio Pagola

HOMILIA

1993-1994 – CREER ES OTRA COSA
20 de noviembre de 1994

CAMBIO IMPORTANTE

Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.

No todos los que han abandonado la práctica religiosa tienen la misma postura ante Dios. Algunos rechazan todo contacto con lo religioso; Dios les resulta un ser incómodo y amenazador del que prefieren prescindir. Otros viven absolutamente despreocupados de estas cosas; les basta con ir resolviendo los problemas de cada día; Dios no tiene sitio en su vida. Hay, sin embargo, un número creciente de no practicantes en los que comienza a despertarse una inquietud religiosa.
No es fácil expresar lo que sienten ni lo que buscan. Ciertamente no están pensando en volver al cristianismo que un día conocieron y que, por una razón o por otra, han abandonado. Su búsqueda se sitúa ahora a otro nivel diferente. Andan detrás de algo que ni ellos mismos aciertan a definir con precisión.
Lo que conocen de la Iglesia les parece excesivamente complicado. El lenguaje eclesiástico les resulta difícil. Tampoco les convence mucho la vida de otros cristianos practicantes que conocen. Pero sienten la necesidad de algo que dé más coherencia y más sentido a su vida.
En el fondo de todo está la cuestión de Dios. La mayoría no duda de que Dios exista. Pero, ¿cómo es ese Dios del que la Iglesia habla tanto? ¿Es un Dios terrible y peligroso del que uno no se puede fiar nunca del todo? ¿Es un Dios bueno que entiende nuestra debilidad y busca siempre solo nuestro bien?
Pero, ¿con quién hablar de todo esto? Al que se ha alejado de la Iglesia no se le hace fácil acercarse a un sacerdote. Es normal. Si al menos pudiera hablar con toda confianza con algún amigo creyente. Porque es bueno escuchar la experiencia de alguien que vive gozosamente su fe para aclarar equívocos, deshacer prejuicios o exponer las propias dudas.
En cualquier caso, lo importante son los pasos que uno mismo va dando por dentro. Hay preguntas que es bueno contestar: ¿Por qué he abandonado yo el contacto con lo religioso? ¿Me ha hecho bien alejarme de Dios? Ahora sé lo que es vivir de espaldas a la fe, ¿quiero terminar así mi vida? ¿No necesito encontrarme con un Dios Amigo?
¿Se puede rezar? Hay personas que se alejaron hace mucho de todo esto, pero tampoco tienen nada contra Dios. En este momento no sabrían cómo rezar; han olvidado las palabras del Padre Nuestro; no les sale ninguna oración. ¿Es difícil decir a Dios: «Tú me conoces y me entiendes. Ayúdame a vivir. Enséñame a creer»? Puede parecer algo trivial y, sin embargo, una invocación sincera a Dios puede significar un cambio interior importante. Las palabras de Jesús son alentadoras: «Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.»

José Antonio Pagola

HOMILIA

1990-1991 – DESPERTAR LA ESPERANZA
24 de noviembre de 1991

ANTE EL VACIO ETICO

Testigo de la verdad.

Entre las consecuencias que el olvido de Dios está acarreando a la sociedad moderna no es el menos grave el resquebrajamiento de la conciencia moral. El alejamiento de la fe ha arrastrado a no pocos a una especie de “liberación” frente a los imperativos morales. No se trata de rechazo de una norma concreta o de otra, sino de un auténtico “vaciamiento ético”.
En pocos años ha surgido entre nosotros una manera puramente subjetiva de situarse ante lo moral. Hay incluso quienes piensan que no se puede imponer a nadie un código moral sin atentar contra la libertad de la persona. “Ya sabré yo cómo debo comportarme. Nada ni nadie puede exigirme a mí actuar de manera distinta de lo que yo piense”.
Es cierto que todavía se sigue funcionando como “por inercia” y que sectores importantes de la sociedad viven de una cultura moral que estuvo vigente en otros tiempos. Seguimos hablando de amor, justicia, verdad, respeto al otro, solidaridad. Pero son palabras que se van gastando. Poco a poco, estos grandes valores éticos van siendo sustituidos en la práctica por los intereses de cada uno. A la hora de la verdad, lo que cuenta es el propio provecho y el placer.
Pero la sociedad comienza ya a sentir las graves consecuencias de este vacío ético. Una ciencia económica “sin conciencia” termina generando paro y pobreza en los más débiles. La corrupción crece en la medida en que otros intereses suplantan el servicio de los políticos al bien común. La permisividad absoluta en lo sexual y el poco aprecio de la fidelidad conyugal acarrea cada vez más sufrimiento a parejas y hogares. Los medios de comunicación se convierten en poderosos mecanismos al servicio del dinero. Ya no hay límites. Todo se compra y se vende. Los dolores más secretos, las emociones más íntimas.
Ante todo esto, ha comenzado a despertarse la conciencia colectiva. No se puede seguir por este camino. Son demasiado graves las lesiones que se están cometiendo contra el hombre y su dignidad. Una sociedad “sin moral” puede llevar a la destrucción de todo lo humano. Hay que reaccionar.
Tenemos que preguntarnos qué tipo de hombre queremos y qué clase de sociedad vamos a construir. Un pueblo no se hace sólo con medidas legales y planificaciones económicas. Necesitamos un sistema de valores éticos asumidos socialmente y por cada uno. De lo contrario, ¿para qué queremos construir juntos una sociedad donde vamos a ser cada vez menos humanos?
Hemos de reconocer nuestra ceguera. Hacer luz en nuestra propia conciencia. Descubrir de nuevo la importancia de los valores éticos. Recuperar colectivamente el sentido del comportamiento moral y la verdad última del ser humano. El cristiano sabe que cuenta para ello con un punto de referencia insustituible: el mensaje y la actuación de aquel que vino a este mundo “para ser testigo de la verdad”. Todo el que es de la verdad, escucha su voz.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1987-1988 – CONSTRUIR SOBRE LA ROCA
20 de noviembre de 1988

CREER DESDE LA DUDA

Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.

¿Qué puede significar para muchos hombres y mujeres de hoy la fiesta de Cristo Rey? ¿Cómo pueden reaccionar ante una invitación a acoger el reinado de Dios? ¿Hay que volver, tal vez, a cantar aquellos cantos triunfalistas del colegio y recitar de nuevo aquellas extrañas consagraciones a un Cristo que, nadie sabe por qué, quería reinar en España de manera privilegiada?
Fiestas como la de Cristo Rey, Corpus Christi o el Sagrado Corazón despiertan en muchas personas un recuerdo agridulce. Palabras como «religión, misa, pecado, mandamientos, oración” les evoca un mundo lejano y extraño que se pierde en las brumas del pasado y no tiene nada que ver con la vida real.
Detrás de ese mundo está la sombra de un Dios que les trae malos recuerdos. Un Dios que, desde los primeros años juveniles, les ha impedido ser realmente felices.
Y sin embargo, muchas de estas personas siguen buscando a Dios. En lo más íntimo de su corazón sospechan que Dios es más grande, más vivo, más alegre y hermoso que todo lo que escucharon acerca de Él.
¿Es posible acoger de nuevo a Dios con gozo y paz después de tan negativa y triste experiencia como la que dicen haber vivido en el pasado? ¿Qué se puede hacer?
Antes que nada, buscar su rostro, aunque sea a tientas. Dios es más grande que todas nuestras palabras, todas nuestras ideas y todas nuestras pruebas. Por eso, hemos de aceptar humildemente “la compañía de la duda” y confiarnos a Él desde el sufrimiento de la incertidumbre.
Pero, ¿qué hacer cuando las dudas son tantas que uno quiere creer pero honradamente no puede hacerlo? Entonces hay que escuchar unas palabras decisivas de Jesús: “Todo el que es de la verdad escucha mi voz”.
No hay que esperar a que todas nuestras dudas queden resueltas para vivir en verdad ante Dios. El que se esfuerza por vivir con honradez y con verdad, no está lejos de Dios.
Lo importante es ser honestos ante Él y saber que el valor y la calidad de una vida no dependen de la claridad de ideas que uno tenga en su cabeza sino de la verdad con que vivamos nuestra relación con Dios.
Quien quiere creer en Dios ha de hacer la experiencia de ser sincero con El. Vivir abierto a Él. Como dice B. Pascal, “esto le hará sencillo y le llevará a la fe”.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1984-1985 – BUENAS NOTICIAS
24 de noviembre de 1985

EL REINO DE CRISTO

Para esto he venido al mundo.

Con frecuencia, frases como ésta en que Jesús afirma que su reino «no es de este mundo» han servido para reforzar una visión del cristianismo como una religión que no debe inmiscuirse absolutamente en las cosas de este mundo. En el fondo se piensa que cuanto más entregado vive uno al reino de Cristo, menos se debe comprometer en asuntos políticos, económicos o sociales.
De hecho, es una de las típicas citas que se aportan cuando se desea descalificar o cuestionar intervenciones eclesiales de incómodas repercusiones en el orden socio-político.
Y sin embargo, ni la salvación es algo que sucede sólo en el otro mundo, ni ser cristiano es sólo buscar para sí mismo y para los demás un estado de felicidad con Dios más allá de la muerte.
Ciertamente, el reino de Cristo no pertenece al sistema injusto de este mundo. Jesús no pretende ocupar ningún trono de este mundo apoyándose en la fuerza de las armas. No disputa el poder a ningún rey adversario.
Su realeza tiene otro origen y fundamento completamente distintos. Su reinado no se impone con armas, poder o dinero. Es un reinado que crece desde el amor y la justicia de un Dios Padre de todos.
Pero, Jesús es un rey que «ha venido a este mundo», pues este reino de amor y justicia debe crecer ya en medio de los hombres, sus instituciones, sus luchas y sus problemas.
Por eso, Jesús toma siempre muy en serio la realidad de este mundo. No es del mundo, pero ni huye del mundo ni invita a nadie a huir de él.
Todo esto no son disquisiciones sin consecuencias. En concreto, Jesús, al no ser del mundo, toma distancias respecto a los distintos grupos influyentes en el pueblo judío, y no emplea nunca las armas, la diplomacia, el dinero, el poder para imponer su reinado a nadie.
Pero, al mismo tiempo, hace de su opción en favor de los marginados y desheredados de esta tierra el signo distintivo de que llega ya el amor y la justicia del reino de Dios a este mundo injusto.
Una iglesia, preocupada por «no ser del mundo» deberá estar atenta a tomar distancia de los poderes influyentes y a no caer en la falsa ilusión de fortalecer el reino de Cristo defendiendo posiciones con diplomacia, poder, dinero o armas.
Al mismo tiempo, si quiere «estar en el mundo» como Jesús, deberá escuchar las acertadas palabras de Juan Pablo II a los obispos españoles: «Donde esté el hombre padeciendo dolor, injusticia, pobreza o violencia, allí debe estar la voz de la Iglesia con su vigilante caridad y con la acción de los cristianos».

José Antonio Pagola

HOMILIA

1981-1982 – APRENDER A VIVIR
21 de noviembre de 1982

LA MENTIRA COMO SISTEMA

Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.

No es frecuente escuchar a alguien defender el derecho del hombre a la verdad. Uno se pregunta por qué no se escuchan en nuestra sociedad gritos de protesta contra la mentira, al menos, con la misma fuerza con que se grita contra la injusticia.
¿Será que no somos conscientes de la mentira que nos envuelve por todas partes? ¿Será que cuando exigimos justicia, nos sentimos sólo víctimas y nunca opresores? ¿Será que para gritar contra la mentira, la hipocresía y el engaño, es necesario vivir con un mínimo de sinceridad personal?
La mentira es hoy uno de los presupuestos más firmes de nuestra convivencia social. El mentir es aceptado como algo necesario tanto en el complejo mundo del quehacer político y la información social como en «la pequeña comedia» de nuestras relaciones personales de cada día.
El hombre contemporáneo se ve obligado a pensar, decidir y actuar envuelto en una densa niebla de mentira y falsedad. Indefenso ante un cerco de engaños, falacias y embustes del que es difícil liberarse.
¿Cómo saber la «verdad» que se oculta tras las decisiones políticas de los diversos partidos? ¿Cómo conocer los verdaderos hilos que mueven a los autores de hechos tan dolorosos como los que se suceden día tras día entre nosotros? ¿Cómo descubrir los verdaderos intereses que se encierran tras campañas y acciones que se nos pide defender o rechazar? ¿Cómo actuar con lucidez en medio de la información deformada, parcial e interesada que diariamente nos vemos obligados a consumir?
Se dirá que la mentira es necesaria para actuar con eficacia en la construcción de una sociedad más libre y más justa. Pero, realmente, ¿hay alguien que pueda garantizar que estamos haciendo un mundo más humano cuando desde los centros de poder se oculta la verdad, cuando entre nosotros se utiliza la calumnia para destruir al adversario, cuando se obliga a las masas sencillas a que sean protagonistas de la historia desde una situación de engaño e ignorancia?
En el fondo de todo hombre hay una búsqueda de verdad. Y difícilmente se construirá nada verdaderamente humano sobre la mentira y la falsedad. En el mensaje de Jesús hay una invitación a vivir en la verdad ante Dios, ante uno mismo y ante los demás. «Yo he venido para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».
No es absurdo que se vuelvan a escuchar en nuestra sociedad aquellas palabras inolvidables de Jesús que son un reto y una promesa para todo hombre que busca sinceramente una sociedad más humana: «La verdad os hará libres».

José Antonio Pagola

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