lunes, 13 de febrero de 2017

19-02-2017 - 7º domingo Tiempo ordinario (A)


El pasado 2 de octubre de 2014, José Antonio Pagola nos visitó  en la Parroquia de San Pedro Apóstol de la Iglesia de Sopela, dándonos  la conferencia: Volver a Jesucristo. Iniciar la reacción.
Pulsando aquí podréis disfrutar de ella.

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¡Volver a Jesucristo! Iniciar la reacción.
Video de la Conferencia de Jose Antonio Pagola. 

José Antonio Pagola: He recibido con satisfacción la resolución definitiva de la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe sobre mi libro, Jesús.Aproximación histórica.

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7º domingo Tiempo ordinario (A)


EVANGELIO

Amad a vuestros enemigos.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 38-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente." Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.
Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

Palabra de Dios.

HOMILIA

2016-2017 -
19 de febrero de 2017

UNA LLAMADA ESCANDALOSA

La llamada al amor es siempre seductora. Seguramente, muchos acogían con agrado la llamada de Jesús a amar a Dios y al prójimo. Era la mejor síntesis de la Ley. Pero lo que no podían imaginar es que un día les hablara de amar a los enemigos.
Sin embargo, Jesús lo hizo. Sin respaldo alguno de la tradición bíblica, distanciándose de los salmos de venganza que alimentaban la oración de su pueblo, enfrentándose al clima general de odio que se respiraba en su entorno, proclamó con claridad absoluta su llamada: “Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os calumnian”.
Su lenguaje es escandaloso y sorprendente, pero totalmente coherente con su experiencia de Dios. El Padre no es violento: ama incluso a sus enemigos, no busca la destrucción de nadie. Su grandeza no consiste en vengarse sino en amar incondicionalmente a todos. Quien se sienta hijo de ese Dios, no introducirá en el mundo odio ni destrucción de nadie.
El amor al enemigo no es una enseñanza secundaria de Jesús, dirigida a personas llamadas a una perfección heroica. Su llamada quiere introducir en la historia una actitud nueva ante el enemigo porque quiere eliminar en el mundo el odio y la violencia destructora. Quien se parezca a Dios no alimentará el odio contra nadie, buscará el bien de todos incluso de sus enemigos.
Cuando Jesús habla del amor al enemigo, no está pidiendo que alimentemos en nosotros sentimientos de afecto, simpatía o cariño hacia quien nos hace mal. El enemigo sigue siendo alguien del que podemos esperar daño, y difícilmente pueden cambiar los sentimientos de nuestro corazón.
Amar al enemigo significa, antes que nada, no hacerle mal, no buscar ni desear hacerle daño. No hemos de extrañarnos si no sentimos amor alguno hacia él. Es natural que nos sintamos heridos o humillados. Nos hemos de preocupar cuando seguimos alimentando el odio y la sed de venganza.
Pero no se trata solo de no hacerle mal. Podemos dar más pasos hasta estar incluso dispuestos a hacerle el bien si lo encontramos necesitado. No hemos de olvidar que somos más humanos cuando perdonamos que cuando nos vengamos alegrándonos de su desgracia.
El perdón sincero al enemigo no es fácil. En algunas circunstancias a la persona se le puede hacer en aquel momento prácticamente imposible liberarse del rechazo, el odio o la sed de venganza. No hemos de juzgar a nadie desde fuera. Solo Dios nos comprende y perdona de manera incondicional, incluso cuando no somos capaces de perdonar.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2013-2014 –
23 de febrero de 2014

UNA LLAMADA ESCANDALOSA

(Ver homilía del ciclo A - 2016-2017)

José Antonio Pagola

HOMILIA

2010-2011 – JESÚS ES PARA TODOS
20 de febrero de 2011

AMAR A QUIEN NOS HACE DAÑO

La llamada a amar es seductora. Seguramente, muchos escuchaban con agrado la invitación de Jesús a vivir en una actitud abierta de amistad y generosidad hacia todos. Lo que menos se podían esperar era oírle hablar de amor a los enemigos.
Sólo un loco les podía decir con aquella convicción algo tan absurdo e impensable: «Amad a vuestros enemigos, rezad por los que os persiguen, perdonad setenta veces siete... » ¿Sabe Jesús lo que está diciendo? ¿Es eso lo que quiere Dios?
Los oyentes le escuchaban escandalizados. ¿Se olvida Jesús de que su pueblo vive sometido a Roma? ¿Ha olvidado los estragos cometidos por sus legiones? ¿No conoce la explotación de los campesinos de Galilea, indefensos ante los abusos de los poderosos terratenientes? ¿Cómo puede hablar de perdón a los enemigos, si todo les está invitando al odio y la venganza?
Jesús no les habla arbitrariamente. Su invitación nace de su experiencia de Dios. El Padre de todos no es violento sino compasivo. No busca la venganza ni conoce el odio. Su amor es incondicional hacia todos: «El hace salir su sol sobre buenos y malos, manda la lluvia a justos e injustos». No discrimina a nadie. No ama sólo a quienes le son fieles. Su amor está abierto a todos.
Este Dios que no excluye a nadie de su amor nos ha de atraer a vivir como él. Esta es en síntesis la llamada de Jesús. "Pareceos a Dios. No seáis enemigos de nadie, ni siquiera de quienes son vuestros enemigos. Amadlos para que seáis dignos de vuestro Padre del cielo".
 Jesús no está pensando en que los queramos con el afecto y el cariño que sentimos hacia nuestros seres más queridos. Amar al enemigo es, sencillamente, no vengarnos, no hacerle daño, no desearle el mal. Pensar, más bien, en lo que puede ser bueno para él. Tratarlo como quisiéramos que nos trataran a nosotros.
¿Es posible amar al enemigo? Jesús no está imponiendo una ley universal. Está invitando a sus seguidores a parecernos a Dios para ir haciendo desaparecer el odio y la enemistad entre sus hijos. Sólo quien vive tratando de identificarse con Jesús llega a amar a quienes le quieren mal.
Atraídos por él, aprendemos a no alimentar el odio contra nadie, a superar el resentimiento, a hacer el bien a todos. Jesús nos invita a «rezar por los que nos persiguen», seguramente, para ir transformando poco a poco nuestro corazón. Amar a quien nos hace daño no es fácil, pero es lo que mejor nos identifica con aquel que murió rezando por quienes lo estaban crucificando: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".

José Antonio Pagola

HOMILIA

2007-2008 – RECREADOS POR JESÚS

LA NO-VIOLENCIA

(Ver homilía del 21 de febrero de 1999)

José Antonio Pagola

HOMILIA

2004-2005 – AL ESTILO DE JESÚS

Título

(no existe).

José Antonio Pagola

HOMILIA

2001-2002 – CON FUEGO

NO SOMOS INOCENTES

Vuestro Padre...
hace salir su sol sobre malos y buenos.

« Qué sabéis de salvación vosotros, los que nunca habéis pecado? » Con estas palabras fustigaba Bernanos a determinados católicos de su tiempo un cristianismo de carácter fariseo que se cree limpio e inmaculado, sin necesidad alguna de salvación.
A raíz de los brutales atentados de Madrid hemos podido escuchar condenas terribles del terrorismo y silencio casi total sobre nuestra posible complicidad en su gestación. Al parecer, lo que sucede en el mundo es «una historia de buenos y malos». Nosotros, naturalmente, somos los buenos. Los cristianos somos más humanos que los musulmanes; los pueblos desarrollados, más justos que los que viven rozando la miseria. No es verdad.
El terrorismo es, sin duda, un crimen execrable y sin justificación alguna. Pero es también un síntoma. No se produce porque un odio diabólico se ha apoderado de pronto de unos desalmados. Nace de la desesperación y del fanatismo, del miedo y del odio a los poderosos de la tierra, de la impotencia ante los que quieren dominar a sus pueblos. Todo se mezcla de manera irracional. Pero tampoco nosotros somos inocentes.
Hemos convertido el mundo en un «holocausto global». Cada año mueren de hambre 35 millones y queremos que nadie nos moleste. Seguimos desarrollando nuestro afán de supremacía y poder para asegurar nuestro propio bienestar y pretendemos que en el mundo haya paz. Nosotros no necesitamos organizar «actos terroristas» para sembrar hambre y muerte en diferentes pueblos de la tierra.
Ante la tragedia del 11 -M hemos podido oír gritos magníficos de solidaridad: «todos somos madrileños»; «todos íbamos en ese tren». Pero es insuficiente si no ensanchamos este grito aún más: «todos somos iraquíes, palestinos o ruandeses»; «todos veníamos en esa patera». Tomar en serio ese grito nos exigiría reconocer nuestro pecado y cambiar.
Nuestra actitud sería diferente si viviéramos como hijos de un Padre bueno que «hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos».

José Antonio Pagola

HOMILIA

1998-1999 – FUERZA PARA VIVIR

LA NO-VIOLENCIA

Amad a vuestros enemigos.

Los cristianos no sabemos a veces captar algo que M. Gandhi descubrió con gozo al leer el Evangelio: la profunda convicción de Jesús de que sólo la no-violencia puede salvar a la humanidad. Después de su encuentro con el Evangelio, Gandhi escribía estas palabras: «Leyendo toda la historia de esta vida.., me parece que el cristianismo está todavía por realizar... Mientras no hayamos arrancado de raíz la violencia de la civilización, Cristo no ha nacido todavía.»
La vida entera de Jesús ha sido, desde el principio hasta el fin, una llamada a resolver los problemas de las humanidad por caminos no violentos. La violencia tiende siempre a destruir. Pretende solucionar los problemas de la convivencia arrasando al que considera enemigo, pero no hace sino poner en marcha una reacción en cadena que no tiene fin.
Jesús nos llama a «hacer violencia a la violencia». El verdadero enemigo del hombre hacia el que tenemos que dirigir nuestra agresividad no es el otro, sino nuestro propio «yo» egoísta, capaz de destruir a quien se nos oponga.
Es una equivocación creer que el mal se puede detener con el mal y la injusticia con la injusticia. El respeto total a cada hombre y a cada mujer, tal como lo entiende Jesús, está pidiendo un esfuerzo constante por suprimir la mutua violencia y promover el diálogo y la búsqueda común de una convivencia siempre más justa y fraterna.
Los cristianos hemos de preguntarnos por qué no hemos sabido todavía extraer del Evangelio todas las consecuencias de la «no-violencia» de Jesús, y por qué no le hemos dado el papel central que ha de ocupar en la vida y la predicación de las Iglesias.
No basta denunciar el terrorismo. No es suficiente sobrecogernos y mostrar repulsa cada vez que se atenta contra la vida. Día a día hemos de construir entre todos otro clima suprimiendo de raíz «el ojo por ojo y diente por diente» y cultivando una actitud reconciliadora difícil pero posible. Las palabras de Jesús nos interpelan y nos sostienen: «Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen.»

José Antonio Pagola

HOMILIA

1995-1996 – SANAR LA VIDA
18 de febrero de 1996

VIOLENCIA VIRTUAL

No hagáis frente al que os agravia.

No siempre damos la debida importancia a ese mundo complejo de noticias, crónicas, editoriales, artículos de opinión, comunicados y entrevistas, que constantemente es generado por el terrorismo o la violencia. Sin embargo, esa «realidad virtual» sostenida por los medios es la «atmósfera envolvente» que orienta, en buena parte, la opinión de la sociedad y favorece o dificulta los procesos de pacificación.
Nadie vive la realidad total de la violencia «en directo». Tampoco los políticos ni los terroristas. La vivimos a través del «impacto virtual», condicionados por una determinada orientación y selección de las noticias, afectados por la dramaticidad y el sensacionalismo que caracteriza casi siempre a los medios, esforzándonos por conocer la realidad a través de la distorsión o ambigüedad de lenguajes contradictorios.
He pasado casi dos meses fuera del País Vasco y, al volver a leer la prensa y escuchar la radio, he tenido más de una vez la sensación de que necesitamos una verdadera catarsis para vivir de forma más sana una violencia estancada ya hace tiempo entre nosotros. A estas alturas, el problema no es ya sólo el terrorismo, sino nuestro modo poco sano de abordarlo.
De ahí la necesidad de introducir un aire nuevo en el mundo mediático. Somos muchos los que estamos cansados de ese lenguaje reiterativo, vacío de esperanza, transmisor de falsos tópicos y esquemas estereotipados, generador de sectarismos y «cainismos» que no conducen a ninguna parte. Necesitamos una palabra diferente, que contribuya a desmontar prejuicios y acercar posiciones, un discurso constructivo que ayude a descubrir lo que sería bueno para todos.
Es una insensatez seguir alimentando tanta polémica. La dinámica de la polémica es lo más contrario al espíritu del diálogo. «En la polémica —escribe Congar— no se acepta nada del otro; se defienden las propias posiciones sin admitir revisión o replanteamiento alguno.» Por eso, la polémica es estéril; no busca la paz; sólo intenta vencer al contrario, reducirlo, dominarlo. Es el diálogo el que hace avanzar hacia la paz porque exige renunciar a dogmatismos excluyentes y revisar la propia postura para buscar juntos el bien de todos.
El evangelio es una llamada constante a adoptar una actitud nueva, dialogante, constructiva, reconciliadora. Entre nosotros es necesario gritar una y otra vez las palabras revolucionarias de Jesús: «Sabéis que está mandado: Ojo por ojo, diente por diente. Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia... Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen.»

José Antonio Pagola

HOMILIA

1992-1993 – CON HORIZONTE
21 de febrero de 1993

AMOR AL ENEMIGO

Amad a vuestros enemigos

«Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen.» ¿Qué podemos hacer los creyentes de hoy ante estas palabras de Jesús? ¿Suprimirlas del Evangelio? ¿Borrarlas del fondo de nuestra conciencia? ¿Dejarlas para tiempos mejores?
No cambia mucho, en las diferentes culturas, la postura básica de los hombres ante el «enemigo», es decir, ante alguien de quien sólo se han de esperar daños y peligros.
El ateniense Lisias (s. V antes de Cristo) expresa la concepción vigente en la antigüedad griega con una fórmula que sería bien acogida en nuestros tiempos: «Considero como norma establecida que uno tiene que procurar hacer daño a sus enemigos y ponerse al servicio de sus amigos.»
Por eso, hemos de destacar todavía más la importancia revolucionaria que se encierra en el mandato evangélico del amor al enemigo, considerado por los especialistas como el exponente más diáfano del mensaje cristiano.
Cuando Jesús habla del amor al enemigo no está pensando en un sentimiento de afecto y cariño hacia él (philia), menos todavía en una entrega apasionada (eros), sino en una apertura radicalmente humana, de interés positivo, por la persona del enemigo (agapè).
Este es el pensamiento de Jesús. El hombre es humano cuando el amor está en la base de toda su actuación. Y ni siquiera la relación con los enemigos debe ser una excepción. Quien es humano hasta el final, descubre y respeta la dignidad humana del enemigo por muy desfigurada que se nos pueda presentar. Y no adopta ante él una postura excluyente de maldición, sino una actitud positiva de interés real por su bien.
Quien quiera ser cristiano y actuar como tal en el contexto de violencia generado entre nosotros ha de vivir todo este conflicto sin renunciar a amar, cualquiera que sea su posición política o ideológica.
Y es precisamente este amor universal que alcanza a todos y busca realmente el bien de todos, sin exclusiones, la aportación más positiva y humana que puede introducir el ciudadano o el político cuya actuación quiera inspirarse en la fe cristiana.
Este amor cristiano al enemigo parece casi imposible en el clima de indignada crispación que provoca la violencia terrorista. Sólo recordar las palabras evangélicas puede resultar irritante para algunos. Y, sin embargo, es necesario hacerlo si queremos vemos libres de la deshumanización que generan el odio y la venganza.
Hay dos cosas que los cristianos podemos y debemos recordar hoy en medio de esta sociedad, aun a precio de ser rechazados. Amar al delincuente injusto y violento no significa en absoluto dar por buena su actuación injusta y violenta. Por otra parte, condenar de manera tajante la injusticia y crueldad de la violencia terrorista no debe llevar necesariamente al odio hacia quienes la instigan o llevan a cabo.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1989-1990 – NUNCA ES TARDE
18 de febrero de 1990

CORDIALIDAD

Si saludáis
sólo a vuestros hermanos...

No es la manifestación sensible de los sentimientos el mejor criterio para verificar el amor cristiano, sino el comportamiento solícito por el bien del otro. Por lo general, un servicio humilde al necesitado encierra, casi siempre, más amor que muchas palabras efusivas.
Pero se ha insistido a veces de tal manera en el esfuerzo de la voluntad que hemos llegado a privar a la caridad de su contenido afectivo.
Y, sin embargo, el amor cristiano que nace de lo profundo de la persona inspira y orienta también los sentimientos, y se traduce en afecto cordial.
Amar al prójimo exige hacerle bien, pero significa también aceptarlo, respetarlo, descubrir lo que hay en él de amable, hacerle sentir nuestra acogida y amor.
La caridad cristiana induce a la persona a adoptar una actitud cordial de simpatía, solicitud y afecto, superando posturas de antipatía, indiferencia o rechazo.
Naturalmente, nuestro modo personal de amar viene condicionado por la sensibilidad, la riqueza afectiva o la capacidad de comunicación de cada uno. Pero el amor cristiano promueve la cordialidad, el afecto sincero y la amistad entre las personas.
Esta cordialidad no es mera cortesía exterior exigida por la buena educación ni simpatía espontánea que nace al contacto con las personas agradables, sino la actitud sincera y purificada de quien se deja vivificar por el amor cristiano.
Tal vez no subrayamos hoy suficientemente la importancia que tiene el cultivo de esta cordialidad en el seno de la familia, en el ámbito del trabajo y en todas nuestras relaciones.
La cordialidad ayuda a las personas a sentirse mejor, suaviza las tensiones y conflictos, acerca posturas, fortalece la amistad, hace crecer la fraternidad.
La cordialidad ayuda a liberarse de sentimientos de egoísmo y rechazo, pues se opone directamente a nuestra tendencia a dominar, manipular o hacer sufrir al prójimo. Quienes saben acoger y comunicar afecto de manera sana y generosa crean en su entorno un mundo más humano y habitable.
Jesús insiste en desplegar esta cordialidad, no sólo ante el amigo o la persona agradable, sino incluso ante quien nos rechaza. Recordemos unas palabras suyas que nos revelan su estilo de ser: «Si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario?»

José Antonio Pagola

HOMILIA

1986-1987 – CONSTRUIR SOBRE LA ROCA
22 de febrero de 1987

AGRESIVIDAD DESTRUCTORA

No hagáis frente al que os agravia...

Las protestas estudiantiles están provocando honda preocupación en sectores amplios de la sociedad. Los motivos de alarma son diversos. Sin duda, no es el menor el comprobar con qué facilidad puede extenderse entre nosotros la agresividad y la violencia.
La sicología moderna nos ha enseñado a valorar positivamente la agresividad del hombre como una energía orientada a promover su crecimiento y desarrollo integral. Sin ella, la humanidad no habría sido capaz de acometer las grandes empresas que le han llevado a progresar a lo largo de los siglos.
Sin embargo, una y otra vez, somos testigos de cómo esta agresividad cambia de orientación y se convierte en ataque ciego e ímpetu destructor. ¿Por qué?
Sería una ingenuidad condenar la agresividad sin ahondar en las raíces que provocan su desorientación destructora. Hemos de preguntarnos más bien cuáles pueden ser las causas que desencadenan su estallido violento en nuestros días.
Sin duda, las reivindicaciones concretas de los estudiantes encierran graves problemas en el mundo de la enseñanza que requieren una atención urgente. Pero su protesta, llena de violencia e ira, es probablemente signo de un malestar más profundo.
Cuando las personas no reciben el amor que necesitan ni la acogida suficiente que les ayude a enfrentarse a la vida, es fácil la explosión de ira y odio.
Cuando alguien se siente excluido de la sociedad y sin futuro, su frustración puede descargarse en violencia y destrucción.
Cuando las personas se sienten infravaloradas, inseguras y sin identidad, no es difícil que busquen su afirmación participando de alguna manera en acciones agresivas aunque sean realizadas por otros.
¿Es tan extraña la agresividad destructora de estos jóvenes a veces tan indigentes de verdadero amor, tan necesitados de seguridad, tan faltos de porvenir?
También aquí hemos de escuchar las palabras de Jesús invitándonos a no reaccionar ante el agresor con nueva agresividad. El “ojo por ojo y diente por diente” no erradica el mal. Es necesario superar el mal con el bien.
Estos jóvenes están pidiendo de la sociedad una acogida más solícita, una atención más efectiva, una preocupación más real.
Autoridades públicas, responsables políticos, educadores y padres hemos de preguntarnos si estamos escuchando su llamada.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1983-1984 – BUENAS NOTICIAS
19 de febrero de 1984

«GUERRA SUCIA»

Amad a vuestros enemigos.

Dentro de la espiral incontenible de violencia que nos asola, ha hecho ya su aparición brutal la llamada «guerra sucia», nueva versión de la vieja ley del «ojo por ojo y diente por diente».
Se trata, una vez más, de disuadir al agresor haciéndole sufrir el mismo daño que él causa y con la misma violencia e inhumanidad pie él mismo practica.
Se piensa así que el mejor método para disuadir a los terroristas de ETA a desistir de su acción violenta es hacerles sufrir en su propia carne el mismo horror que ellos provocan en sus víctimas.
Hemos llegado a tal estado de exasperación que no son pocos lo que, aun reprobando en voz alta estas acciones, las aprueban secretamente en su corazón como remedio eficaz para ahuyentar de nosotros, una vez por todas, la sombra siniestra del terrorismo.
La violencia se está apoderando hasta tal punto de nuestros corazones y de nuestra convivencia, que tiene que ser uno demasiado «ingenuo» para atreverse a recordar entre nosotros aquella llamada original de Jesús: «Amad a ¡os enemigos».
¿No es esto algo antinatural, que contradice las leyes más elementales de la sensatez y la eficacia frente a quienes ponen en peligro nuestra seguridad y siembran de sangre nuestro instinto, violentarnos a nosotros mismos y forzar en nuestro interior una actitud de simpatía y unos sentimientos de amor no menos violentos?
Ciertamente, Jesús no plantea así las cosas. Lo primero es transformar la relación «amigo-enemigo», descubriendo en el otro al hombre, al hermano.
El otro no es sólo «enemigo». Es un ser humano, alguien que tiene seres queridos, alguien que ama y es amado, que sufre y que goza, alguien que tiene el mismo hambre de felicidad que todos nosotros. Alguien que salió de manos del Padre para disfrutar un día de la vida plena.
El «enemigo» empieza a ser muy diverso de lo que nosotros vemos en él, cuando lo contemplamos sencillamente como hombre.
«Amar al enemigo» no es introducirlo en el círculo íntimo de nuestras amistades. Pero sí, aceptarlo como hombre y como hermano, que no ha perdido ci derecho a ser tratado con justicia y humanidad.
Las «guerras sucias» pueden parecer eficaces para crear «un equilibrio de terror», pero ensucian aún más nuestra convivencia y la degradan, buscando una vez más, la solución de nuestros problemas por el camino inhumano de la sangre y la violencia.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1980-1981 – APRENDER A VIVIR
22 de febrero de 1981

INCLUSO A LOS ENEMIGOS

Yo os digo: amad a vuestros enemigos.

Es innegable que vivimos en una situación realmente paradójica. «Mientras más aumenta la sensibilidad ante los derechos pisoteados o injusticias violentas, más crece el sentimiento de tener que recurrir a una violencia brutal o despiadada para llevar a cabo los profundos cambios que se anhelan» (Documento de los Provinciales de la Compañía).
No parece haber otro camino para resolver ¡os problemas que el recurso a la violencia. No es extraño que las palabras de Jesús resuenen en nuestra sociedad como un grito ingenuo además de discordante: «Amad a vuestros enemigos, haced ei bien a los que os aborrecen».
Y sin embargo, quizás es la palabra que más necesitamos escuchar todos en estos momentos en que, sumidos en la perplejidad, no sabemos qué hacer en concreto para ir arrancando del mundo la violencia.
Alguien ha dicho que «los problemas que sólo pueden resolverse con violencia, deben ser planteados de nuevo» (F. Hacker). Y es precisamente aquí donde tiene mucho que aportar también hoy el evangelio de Jesús, no para ofrecernos soluciones técnicas a nuestros conflictos, pero sí para descubrirnos en qué actitud debemos abordarlos.
Hay una convicción profunda en Jesús. Al mal no se le puede vencer a base de fuerza, odio y violencia. Al mal se le vence sólo con el bien. Como decía M. Luther King, «el último defecto de la violencia es que describe una espiral descendente que destruye todo lo que engendra. En vez de disminuir el mal, lo aumenta».
Jesús no se detiene a precisar si, en alguna circunstancia con- creta, la violencia puede ser legítima. Más bien nos invita a trabajar y luchar para que no lo sea nunca. Por eso es importante buscar siempre caminos que nos lleven hacia la fraternidad y no hacia el fratricidio.
Amar a los enemigos no significa tolerar las injusticias y retirarse cómodamente de la lucha contra el mal. Lo que Jesús ha visto con claridad es que no se lucha contra el mal cuando se destruye a las personas. Hay que combatir el mal sin buscar la destrucción del adversario.
Pero no olvidemos algo importante. Esta llamada a renunciar al odio y a la violencia debe dirigirse no tanto a los débiles que no tienen apenas ningún poder ni acceso a la violencia destructora, sino sobre todo a quienes manejan el poder, el dinero o las armas, y pueden por ello acrecentar la violencia de manera decisiva.

José Antonio Pagola



Blog:               http://sopelakoeliza.blogspot.com

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lunes, 6 de febrero de 2017

12-02-2017 - 6º domingo Tiempo ordinario (A)


El pasado 2 de octubre de 2014, José Antonio Pagola nos visitó  en la Parroquia de San Pedro Apóstol de la Iglesia de Sopela, dándonos  la conferencia: Volver a Jesucristo. Iniciar la reacción.
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José Antonio Pagola: He recibido con satisfacción la resolución definitiva de la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe sobre mi libro, Jesús.Aproximación histórica.

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6º domingo Tiempo ordinario (A)


EVANGELIO

Se dijo a los antiguos, pero yo os digo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.
El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será procesado.
Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil', tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego.
Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.
Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior.
Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno.
Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno.
Está mandado: "El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio. "
Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y "Cumplirás tus votos al Señor".
Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir "sí" o "no". Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»

Palabra de Dios.

HOMILIA

2016-2017 -
12 de febrero de 2.017

NO A LA GUERRA ENTRE NOSOTROS

Los judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Según la tradición, Dios mismo la había regalado a su pueblo. Era lo mejor que habían recibido de él. En esa Ley se encierra la voluntad del único Dios verdadero. Ahí pueden encontrar todo lo que necesitan para ser fieles a Dios.
También para Jesús la Ley es importante, pero ya no ocupa el lugar central. Él vive y comunica otra experiencia: está llegando el reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros para hacer un mundo más humano. No basta quedarnos con cumplir la Ley de Moisés. Es necesario abrirnos al Padre y colaborar con él en hacer una vida más justa y fraterna.
Por eso, según Jesús, no basta cumplir la ley que ordena “No matarás”. Es necesario, además, arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos o las venganzas. Aquel que no mata, cumple la ley, pero si no se libera de la violencia, en su corazón no reina todavía ese Dios que busca construir con nosotros una vida más humana.
Según algunos observadores, se está extendiendo en la sociedad actual un lenguaje que refleja el crecimiento de la agresividad. Cada vez son más frecuentes los insultos ofensivos proferidos solo para humillar, despreciar y herir. Palabras nacidas del rechazo, el resentimiento, el odio o la venganza.
Por otra parte, las conversaciones están a menudo tejidas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto, que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza.
No es este un hecho que se da solo en la convivencia social. Es también un grave problema en la Iglesia actual. El Papa Francisco sufre al ver divisiones, conflictos y enfrentamientos de “cristianos en guerra contra otros cristianos”. Es un estado de cosas tan contrario al Evangelio que ha sentido la necesidad de dirigirnos una llamada urgente: “No a la guerra entre nosotros”.
Así habla el Papa: “Me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aún entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odios, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?”. El Papa quiere trabajar por una Iglesia en la que “todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis”.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2013-2014 –
16 de febrero de 2.014

NO A LA GUERRA ENTRE NOSOTROS

(Ver homilía del ciclo A - 2016-2017)

José Antonio Pagola

HOMILIA

2010-2011 – JESÚS ES PARA TODOS
13 de febrero de 2011

ENTENDER LAS LEYES COMO JESÚS

Los judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Era el mejor regalo que habían recibido de Dios. En todas las sinagogas la guardaban con veneración dentro de un cofre depositado en un lugar especial. En esa Ley podían encontrar cuanto necesitaban para ser fieles a Dios.
Jesús, sin embargo, no vive centrado en la Ley. No se dedica a estudiarla ni a explicarla a sus discípulos. No se le ve nunca preocupado por observarla de manera escrupulosa. Ciertamente, no pone en marcha una campaña contra la Ley, pero ésta no ocupa ya un lugar central en su corazón.
Jesús busca la voluntad del Dios desde otra experiencia diferente. Le siente a Dios tratando de abrirse camino entre los hombres para construir con ellos un mundo más justo y fraterno. Esto lo cambia todo. La ley no es ya lo decisivo para saber qué espera Dios de nosotros. Lo primero es "buscar el reino de Dios y su justicia".
Los fariseos y letrados se preocupan de observar rigurosamente las leyes, pero descuidan el amor y la justicia. Jesús se esfuerza por introducir en sus seguidores otro talante y otro espíritu: «si vuestra justicia no es mejor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de Dios». Hay que superar el legalismo que se contenta con el cumplimiento literal de leyes y normas.
Cuando se busca la voluntad del Padre con la pasión con que la busca Jesús, se va siempre más allá de lo que dicen las leyes. Para caminar hacia ese mundo más humano que Dios quiere para todos, lo importante no es contar con personas observantes de leyes, sino con hombres y mujeres que se parezcan a él.
Aquel que no mata, cumple la Ley, pero si no arranca de su corazón la agresividad hacia su hermano, no se parece a Dios. Aquel que no comete adulterio, cumple la Ley, pero si desea egoístamente la esposa de su hermano, no se asemeja a Dios. En estas personas reina la Ley, pero no Dios; son observantes, pero no saben amar; viven correctamente, pero no construirán un mundo más humano.
Hemos de escuchar bien las palabras de Jesús: «No he venido a abolir la Ley y los profetas, sino a dar plenitud». No ha venido a echar por tierra el patrimonio legal y religioso del antiguo testamento. Ha venido a «dar plenitud», a ensanchar el horizonte del comportamiento humano, a liberar la vida de los peligros del legalismo.
Nuestro cristianismo será más humano y evangélico cuando aprendamos a vivir las leyes, normas, preceptos y tradiciones como los vivía Jesús: buscando ese mundo más justo y fraterno que quiere el Padre.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2007-2008 – RECREADOS POR JESÚS

DESARMAR LA PALABRA

Si uno llama a su hermano «imbécil».

El conocido escritor italiano, Alessandro Pronzato, ha publicado un nuevo libro titulado En busca de las virtudes perdidas. Su tesis es clara: hemos de cuidar mejor actitudes como la paciencia, el respeto, la discreción, la dulzura, la honradez, el sentido del deber..., si queremos vivir de manera más humana en una sociedad donde el individualismo, la búsqueda de eficacia o el éxito fácil parecen invadirlo todo.
Entre otras cosas, Pronzato denuncia en su libro la «profanación del lenguaje» en nuestros días. No está de moda hablar respetuosamente y con delicadeza. Es más frecuente el lenguaje decadente y de mal gusto. Es fácil detectar tres hechos lamentables: la violencia verbal, la maledicencia en el hablar y la vulgaridad.
El hablar actual refleja con frecuencia la agresividad que habita el corazón de las personas. De su boca brota un lenguaje duro e implacable. Palabras ofensivas e hirientes, pronunciadas sólo para humillar y despreciar, para descalificar y destruir. ¿Por qué está tan extendido este lenguaje hecho de insultos e injurias? A veces, todo proviene de la agresividad, el rechazo o el deseo de venganza. Otras, de la antipatía o la envidia. A veces, de la ligereza e inconsciencia.
Otro rasgo del lenguaje actual es la maledicencia. Las conversaciones están llenas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto, que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza. Palabras que no alientan ni construyen.
Otro síntoma penoso es la vulgaridad, el lenguaje desvergonzado y hasta procaz. Hay quienes no pueden expresarse sin aludir de forma irreverente a lo sagrado, o sin utilizar términos groseros e indecentes. No está de moda el lenguaje amable o las palabras educadas. Impacta más el mal gusto y la transgresión.
No ha perdido actualidad la advertencia de Jesús pidiendo a sus seguidores no insultar al hermano llamándolo «imbécil» o «renegado». Cuando se tiene un corazón noble y una actitud digna, se habla de otra manera más respetuosa y pacífica.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2004-2005 – AL ESTILO DE JESÚS

Título

(No existe)

José Antonio Pagola

HOMILIA

2001-2002 – CON FUEGO

PREOCUPACIONES DIFERENTES

Deja tu ofrenda ante el altar.

Al parecer, preocupan no poco en algunos sectores de la Iglesia los abusos que se puedan cometer en la liturgia. Al menos, esto parece desprenderse de un documento oficial en el que se señalan hasta 37 abusos de diversa naturaleza, que alteran los ritos, expresan un excesivo protagonismo de los laicos y laicas o no tienen en cuenta algunas normas.
La preocupación es tal que en un párrafo inusitado y sorprendente se dice que cualquier católico, sacerdote, diácono o laico, «tiene derecho a denunciar cualquier abuso litúrgico» ante el obispo diocesano o ante la Sede Apostólica de Roma.
Ciertamente no eran éstas las preocupaciones de Jesús en torno a la liturgia ni éstos los caminos y el espíritu para corregir actuaciones inadecuadas entre sus seguidores. A Jesús le preocupa la liturgia que no crea una vida más digna y humana entre las gentes. Si un día realiza un gesto amenazador contra el Templo no es porque los ritos no se ajustan a lo prescrito, sino porque aquel culto no crea justicia.
Según Jesús, todas las ofrendas han de quedar ante el altar y la liturgia ha de ser interrumpida si no nos urge a construir una sociedad más reconciliada. Sus comidas y cenas, abiertas a publicanos, pecadores y prostitutas, no tenían otro fin: despertar la fe en el Dios del perdón y crear una sociedad fraterna.
¿Cuál es el verdadero problema de nuestra liturgia? ¿Los abusos que se pueden cometer o la falta de verdad, coherencia y credibilidad? ¿Qué hemos de denunciar? ¿Los «abusos» de algunos o la falta de sensibilidad y creatividad de todos para buscar formas de celebración más adecuadas para el hombre y la mujer de hoy?
Las iglesias se vacían, los jóvenes no entienden nuestro lenguaje multisecular, no pocos asisten pacientemente a unas misas en las que no resuenan sus verdaderos problemas y preocupaciones... Sin embargo, nadie reacciona. ¿Es tan difícil preguntarse (sólo preguntarse) qué liturgia necesitan los hombres y las mujeres de hoy, sumidos en la desorientación, necesitados de esperanza y hambrientos de un Dios Amigo?
Lo que ha de alertar nuestra conciencia son las palabras de Jesús: «Si te acuerdas de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda».

José Antonio Pagola

HOMILIA

1998-1999 – FUERZA PARA VIVIR
14 de febrero de 1999

DESARMAR LA PALABRA

Si uno llama a su hermano «imbécil»...

El conocido escritor italiano, Alessandro Pronzato, acaba de publicar un nuevo libro titulado «En busca de las virtudes perdidas» (Ed. Sígueme, Salamanca 2001). Su tesis es clara: hemos de cuidar mejor actitudes como la paciencia, el respeto, la discreción, la dulzura, la honradez, el sentido del deber..., si queremos vivir de manera más humana en una sociedad donde el individualismo, la búsqueda de eficacia o el éxito fácil parecen invadirlo todo.
Entre otras cosas, Pronzato denuncia en su libro la «profanación del lenguaje» en nuestros días. No está de moda hablar respetuosamente y con delicadeza. Es más frecuente el lenguaje decadente y de mal gusto. Es fácil detectar tres hechos lamentables: la violencia verbal, la maledicencia en el hablar y la vulgaridad.
El hablar actual refleja con frecuencia la agresividad que habita el corazón de las personas. De su boca brota un lenguaje duro e implacable. Palabras ofensivas e hirientes, pronunciadas sólo para humillar y despreciar, para descalificar y destruir. ¿Por qué está tan extendido este lenguaje hecho de insultos e injurias? A veces, todo proviene de la agresividad, el rechazo o el deseo de venganza. Otras, de la antipatía o la envidia. A veces, de la ligereza e inconsciencia.
Otro rasgo del lenguaje actual es la maledicencia. Las conversaciones están llenas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto, que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza. Palabras que no alientan ni construyen.
Otro síntoma penoso es la vulgaridad, el lenguaje desvergonzado y hasta procaz. Hay quienes no pueden expresarse sin aludir de forma irreverente a lo sagrado, o sin utilizar términos groseros e indecentes. No está de moda el lenguaje amable o las palabras educadas. Impacta más el mal gusto y la transgresión.
No ha perdido actualidad la advertencia de Jesús pidiendo a sus seguidores no insultar al hermano llamándolo «imbécil» o «renegado». Cuando se tiene un corazón noble y una actitud digna, se habla de otra manera más respetuosa y pacífica.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1995-1996 – SANAR LA VIDA
11 de febrero de 1996

¿ES POSIBLE SER FIEL?

No cometerás adulterio.

No es fácil hablar hoy de «fidelidad». La confusión es casi total. ¿Hemos de ser fieles a una patria, a una religión, a una ideología? ¿Debemos ser fieles a unos principios de valor eterno? ¿He de ser fiel a mi pasado cuando ya no me convence?
Las cosas se complican todavía más cuando se trata de la «fidelidad matrimonial». ¿Qué quiere decir fidelidad a un amor que ha desaparecido? Si el cónyuge ya no es el de antes, si ya no le amo o amo a otra persona, ¿qué es ser fiel?, ¿mantener las apariencias de un amor inexistente?, ¿sentirme libre para volver a amar a otra persona?, ¿he de ser fiel a la institución matrimonial o fiel a mí mismo y a la realidad?
Se suele atribuir esta crisis de la pareja al cambio de rol de la mujer y a su nuevo protagonismo sexual, a la disolución que se ha abierto entre sexo y fecundidad, al descubrimiento del erotismo fuera de la institución matrimonial o a factores semejantes. No deberíamos, sin embargo, olvidar otro dato fundamental: la sociedad moderna marcada por cambios pro fundos y acelerados está generando en las personas inestabilidad, deseo de vivir sólo el presente, miedo a todo compromiso de carácter duradero.
No son pocos los que sienten más o menos así: «¿Puedo yo ser fiel a mi compromiso a lo largo de los años si tanto mi pareja como yo vamos a ir cambiando, y va a cambiar también nuestra relación, nuestras ideas y sentimientos?» La conclusión es lógica: «estaremos casados mientras las cosas nos vayan bien».
Lo primero es aclarar que la fidelidad siempre tiene sentido en relación al otro. No se trata de ser fiel a la institución matrimonial o al vínculo jurídico, sino a esa persona a la que ahora amo y prometo amar. Por otra parte, la fidelidad a esa persona amada ha de ser siempre «nueva» y «creativa» pues la pareja, efectivamente, va cambiando a lo largo de los años. El «amor muerto» o la convivencia soportada en el aburrimiento no es propiamente fidelidad. Esta se vive en cada momento de manera diferente, siempre abierta a situaciones nuevas.
Al afirmar que el hombre se unirá a la mujer y que «no serán ya dos, sino una sola carne», Jesús no está invitando a la pareja a soportar una institución jurídica o a vivir la mentira de un «amor muerto», sino a crecer juntos, a descubrirse siempre de forma nueva, a consolidar el amor cada vez con más realismo y más ternura. Está invitando a vivir las exigencias más hondas del amor humano.
Sin embargo, la fidelidad del hombre o la mujer será siempre frágil e incierta. Dios que ha creado el corazón humano lo sabe. Y Dios es siempre gracia, perdón y principio de vida renovada.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1992-1993 – CON HORIZONTE
14 de febrero de 1993

EL CAMINO MÁS EQUIVOCADO

Vete primero a reconciliarte.

Estoy convencido de que el deseo sincero de paz que sienten tantos hombres y mujeres de este pueblo se abrirá camino tarde o temprano. Lo siento así incluso en estos momentos en que se abren nuevas heridas, aumentan los odios y cunde en no pocos el desaliento.
Eso sí, hacia la paz no se avanza de cualquier manera. Hay que dar pasos acertados. Y en estos momentos corremos el peligro de adentramos por los caminos más equivocados.
No se llegará a la paz pidiendo a gritos la «libertad» del pueblo mientras se legitima el secuestro de una persona. Es un error engañar la propia conciencia tratando de justificar lo que es injustificable. ¿Qué «libertad» se está pidiendo cuando no importa la libertad ni la vida de las personas?
No se llegará a la paz enfrentando de manera violenta a las personas. Lo que se necesita es aproximar posturas y aunar fuerzas, no encender la lucha callejera ni ahondar las divisiones. Así no se hace un pueblo. Así se lo destruye. ¿Qué amor al pueblo hay en quien pone en marcha un camino tan peligroso y destructor?
No se llegará a la paz provocando el desprecio, los insultos y la mutua agresión. ¿Qué paz se podrá hacer entre personas que no se escuchan ni se respetan mutuamente sus ideas? ¿Por qué tengo yo que despreciar y considerar como enemigo a alguien sólo porque piensa de diversa manera? ¿Tengo que olvidar que es hombre, que es hermano, que pertenece a mi propio pueblo?
No se llegará a la paz introduciendo más pasión y fanatismo entre nosotros. Lo que se necesita es sembrar objetividad y racionalidad. Sólo quienes busquen con espíritu abierto y lucidez fórmulas de convivencia política nos acercarán a la paz. ¿Qué puede esperarse que nazca de posturas dogmáticas intocables de un signo o de otro?
No se llegará a la paz coaccionando a las personas con graves amenazas y reduciendo al silencio a quien no piensa igual. Cuando en una sociedad la gente tiene miedo para expresar lo que piensa, allí se está destruyendo la convivencia democrática. Un pueblo puede perder la libertad desde fuera, pero la puede perder también dentro.
En medio de los enfrentamientos de estos días, escucho la consigna de Jesús: «Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano.» ¿Para qué sirven todas nuestras profesiones de fe en un Dios Padre, si luego no vivimos como hermanos? ¿Qué puede significar una celebración cristiana vivida desde el resentimiento y el odio mutuo? El acercamiento a Dios lleva siempre a una actitud abierta y reconciliadora con todos.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1989-1990 – NUNCA ES TARDE
11 de febrero de 1990

NO MATARAS

No matarás.

Es realmente aterrador estudiar los Informes que publica cada año, con su habitual rigor, Amnistía Internacional sobre las violaciones de los derechos humanos en el mundo.
Decenas de miles de personas mueren anualmente víctimas de matanzas masivas, ejecuciones secretas, juicios sumarísimos o como consecuencia de torturas inhumanas.
Algunos fueron asesinados a la puerta de su casa, en mezquitas o iglesias. Otros eliminados en comisarías de policía, celdas secretas, cuarteles militares o dependencias gubernamentales.
Muchas de estas personas han sido ejecutadas exclusivamente por sus convicciones políticas o religiosas, o por razones de color, origen étnico o idioma.
Resulta especialmente estremecedor constatar los esfuerzos por ocultar tanta indignidad: ejecuciones nocturnas, desaparición de las víctimas, eliminación de pruebas, intervención de «escuadrones de la muerte» y fuerzas paramilitares secretas, prohibición de investigaciones imparciales.
Según los datos, la década de los ochenta se ha caracterizado por el número extraordinario de asesinatos masivos o individuales cometidos precisamente por fuerzas gubernamentales.
El «no matarás» bíblico, tan radicalmente asumido y predicado por Jesús, sigue siendo violado de manera sistemática en el mundo, incluso por aquellos que tienen el deber de proteger la vida de las personas.
¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros ante esa barbarie mundial?
¿Cómo contribuir a crear una conciencia internacional que reaccione con más fuerza ante atentados tan execrables?
Un cauce sencillo pero eficaz es colaborar en la actividad que viene realizando de manera incansable Amnistía Internacional. La actuación de este prestigioso organismo de carácter independiente se centra sobre todo en estas tareas:
Liberar a «los presos de conciencia» que no han recurrido a la violencia ni han abogado por ella, presionando a las autoridades por medio de cartas y escritos, y alertando a la opinión pública sobre los presos olvidados.
Propugnar juicios imparciales para todos los presos políticos, defendiéndolos de injusticias y arbitrariedades.
Detectar y denunciar las torturas y el trato inhumano y degradante impuestos a cualquier categoría de presos.
Luchar por la abolición de la pena de muerte vigente todavía en más de cien países y realizar campañas ante la inminente ejecución de algún recluso.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1986-1987 – CONSTRUIR SOBRE LA ROCA
15 de febrero de 1987

EL DIA DE LA EUCARISTIA

Vuelve a presentar tu ofrenda.

La eucaristía es el centro del domingo y, por lo tanto, el momento culminante de toda la semana del creyente.
Los cristianos hemos acentuado mucho la misa como sacrificio redentor pero, a veces hemos olvidado que la eucaristía es lo que a nosotros nos permite hoy encontrarnos realmente con el resucitado.
El que se hace presente en la eucaristía no es propiamente aquel personaje histórico que vivió hace dos mil años y se llamó Jesús de Nazaret, sino el que vive ahora resucitado y lleno de vida. Ese Cristo resucitado que alimenta hoy la vida de los creyentes.
Por eso, F.X. Durrwell ha podido decir en su estudio sobre la eucaristía que ésta es «una forma permanente de aparición pascual» para los cristianos de todas las épocas.
Así comprenderemos mejor que la Iglesia no celebra la eucaristía dominical para permitir a cada cristiano que cumpla con su deber. No se trata de “organizar» misas para ponerlas a disposición de aquellos que quieran cumplir con sus obligaciones religiosas.
Las comunidades cristianas celebran cada domingo la eucaristía porque necesitan alimentar su fe y encontrarse con Cristo resucitado. Como dice S. Juan Crisóstomo: “abstenerse de esta comida es quedar- se separado del Señor”.
Más de uno dirá, sin embargo, que no es fácil renovar la esperanza en ciertas misas. Las razones pueden ser varias: una iglesia mal dispuesta y poco acogedora, una celebración mal preparada, una actuación torpe del sacerdote, unos cantos mal cantados, una homilía pesada...
Quejas, con frecuencia, muy reales y que han de ser escuchadas por quienes podemos y debemos mejorar la liturgia de las comunidades cristianas. Pero es necesario recordar que Dios se deja encontrar por quien realmente le busca, incluso en esas circunstancias.
Uno puede poner de su parte gestos sencillos pero de gran importancia.
Llegar con tiempo suficiente para estar unos minutos en silencio, liberarnos de otras preocupaciones y hacer paz en nuestro corazón.
Colocarnos allí donde nos resulte más fácil participar y vivir la celebración. Cantar y pronunciar las oraciones dándonos cuenta de lo que decimos. Dar sentido a todos nuestros gestos: levantarnos en actitud de respeto y atención, sentarnos para escuchar, arrodillamos para adorar y orar con humildad.
Pero, sin duda, lo más importante es abrirnos interiormente a Dios, acogerle sin temor, confiarnos a él con gozo. Que cuando el sacerdote nos invite a que levantemos el corazón, podamos decir con toda verdad: «Lo tenemos levantado hacia el Señor».

José Antonio Pagola

HOMILIA

1983-1984 – BUENAS NOTICIAS
12 de febrero de 1984

AGRESION INUTIL

Si uno llama «imbécil» a su hermano...

Es insólito que un animal llegue a destruir a otro de su misma especie. La explicación científica es sencilla. En los animales, la agresión está controlada por mecanismos biológicos que impiden su mutua destrucción.
No sucede así en la especie humana. En nosotros, la agresividad puede convertirse en ataque destructor que llega, incluso, hasta eliminar a otro hombre.
Nosotros no estamos defendidos por ningún dispositivo biológico que nos impida destruirnos mutuamente. ¿Qué es lo que puede salvar a los hombres de la mutua agresión y el exterminio?
Esta pregunta no es hoy algo teórico y sin importancia, sino una cuestión angustiosa en una sociedad cuya agresividad está creciendo hasta límites insostenibles.
La respuesta de Jesús es clara. No basta convertir el homicidio en 4tabú», con la prohibición divina del «no matarás». Es necesario, además, liberarnos de todo lo que nos lleva a destruir al otro y reorientar nuestras energías agresivas hacia la construcción de la fraternidad.
Es una equivocación y una incoherencia condenar con toda clase de repulsas las muertes violentas y avivar, al mismo tiempo, entre nosotros, una agresividad tan estéril como peligrosa.
Lo podemos comprobar una vez más en esta campaña electoral. Parece que no podemos confrontar nuestras posiciones políticas, sin degenerar en ataques poco nobles al adversario. No acertamos a defender nuestras opciones sin despreciar las de los demás. No sabemos criticarnos mutuamente, sin caer en la acusación desleal, el insulto o la injuria.
Los dirigentes políticos no contribuyen a crear un clima social de diálogo, colaboración y búsqueda solidaria del bien común. Al contrario, enzarzados, con frecuencia, en agresiones inútiles, producen la impresión de estar más enfrentados que los mismos ciudadanos a los que representan.
¿Qué sentido pueden tener estos enfrentamientos estériles, cuando estamos necesitando aunar más que nunca los esfuerzos de todos para acometer juntos la solución de nuestros graves problemas?
Hay en el evangelio de Jesús un mensaje que tampoco hoy deberíamos olvidar: los hombres caminan hacia la salvación, cuando convierten su «agresividad», no en ataque destructor al hermano sino en energía positiva, orientada a construir una sociedad más justa y fraterna.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1980-1981 – APRENDER A VIVIR
15 de febrero de 1981

¿SOLO DIVORCIO?

El que se divorcie de su mujer...

El proyecto de ley de divorcio que se encuentra a la espera de ser debatido próximamente en el Congreso de Diputados ha levantado ya fuertes reacciones a favor y en contra.
Divorcistas y antidivorcistas se debaten con argumentos de todo género en una controversia que va adquiriendo tonos cada vez más fuertes.
A nadie se le escapa que la aprobación de dicha ley introducirá en nuestra sociedad cambios profundos e irreversibles en el comportamiento y la conducta matrimonial.
Pero, quizás no sea menor la influencia que puede tener en la conciencia cristiana de muchos creyentes. No son pocos los que comienzan a sospechar que Jesús y la Iglesia han cargado al matrimonio con una pesada ley, insoportable ya para el hombre contemporáneo.
Con demasiada facilidad se olvida en las discusiones que, en cualquier caso, la fidelidad sigue urgiendo siempre que ha nacido y se ha logrado un auténtico amor. Un matrimonio fundado en un verdadero amor conyugal está llamado a ser exclusivo, total e incondicional para toda la vida.
El proyecto cristiano no es una agresión absurda y anticuada al matrimonio, sino, precisamente, la exigencia verdadera del amor que nace en aquellos esposos que se aman sinceramente.
Por esto, ante el fracaso matrimonial, no es suficiente defender teóricamente la indisolubilidad del matrimonio ni tampoco posicionarse a favor del proyecto de ley de divorcio.
Nos debemos interrogar sobre las raíces profundas de tanto fracaso matrimonial y sentirnos interpelados por tantos esposos que soportan una vida matrimonial vacía y desgarrada, o buscan liberarse de su soledad en una nueva relación amorosa.
¿Qué hacer ante la falta de conciencia matrimonial, la ausencia de diálogo conyugal, la inestabilidad y la incapacidad de fidelidad de tantas parejas?
Una ley divorcista no resolverá nunca el problema profundo de una sociedad que engendra tantos hombres y mujeres inestables, inmaduros, frágiles, incapaces de vivir el amor en fidelidad.
Nuestra sociedad necesita hombres y mujeres que sepan defender el proyecto de un amor indisoluble, al mismo tiempo que compren. den y ayudan a quienes son incapaces de vivirlo en el contexto difícil de esta sociedad.
Los cristianos tenemos un modelo de conducta a seguir en Aquél que defendió el matrimonio como nadie y, al mismo tiempo, no quiso lanzar piedras sobre nadie.

José Antonio Pagola



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