lunes, 20 de junio de 2016

26-06-2016 - 13º domingo Tiempo ordinario (C)

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El pasado 2 de octubre, José Antonio Pagola nos visitó en la Parroquia de San Pedro Apóstol de la Iglesia de Sopela, dándonos la conferencia:
"Volver a Jesucristo. Iniciar la reacción". 
Pulsando aquí podréis disfrutar de ella.
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Para leer, compartir, bajarse o imprimir las homilias de José Antonio Pagola del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer las homilias de cada ciclo.

¡Volver a Jesucristo! Iniciar la reacción.
Video de la Conferencia de Jose Antonio Pagola. 

José Antonio Pagola: He recibido con satisfacción la resolución definitiva de la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe sobre mi libro, Jesús.Aproximación histórica.

No dejes de visitar la nueva página de VÍDEOS DE LAS CONFERENCIAS DE JOSÉ ANTONIO PAGOLA .

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13º domingo Tiempo ordinario (C)


EVANGELIO

Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,51-62

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.
De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron:
- Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?
Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.
Mientras iban de camino, le dijo uno:
- Te seguiré adonde vayas.
Jesús le respondió:
- Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.
A otro le dijo:
- Sígueme.
Él respondió:
- Déjame primero ir a enterrar a mi padre.
Le contestó:
- Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.
Otro le dijo:
- Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.
Jesús le contestó:
- El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.

Palabra de Dios.

HOMILIA

2015-2016 -
26 de junio de 2016

SIN INSTALARSE NI MIRAR ATRÁS

Seguir a Jesús es el corazón de la vida cristiana. Lo esencial. Nada hay más importante o decisivo. Precisamente por eso, Lucas describe tres pequeñas escenas para que las comunidades que lean su evangelio, tomen conciencia de que, a los ojos de Jesús, nada puede haber más urgente e inaplazable.
Jesús emplea imágenes duras y escandalosas. Se ve que quiere sacudir las conciencias. No busca más seguidores, sino seguidores más comprometidos, que le sigan sin reservas, renunciando a falsas seguridades y asumiendo las rupturas necesarias. Sus palabras plantean en el fondo una sola cuestión: ¿qué relación queremos establecer con él quienes nos decimos seguidores suyos?
Primera escena. Uno de los que le acompañan se siente tan atraído por Jesús que, antes de que lo llame, él mismo toma la iniciativa: «Te seguiré adonde vayas». Jesús le hace tomar conciencia de lo que está diciendo: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros nido», pero él «no tiene dónde reclinar su cabeza».
Seguir a Jesús es toda una aventura. Él no ofrece a los suyos seguridad o bienestar. No ayuda a ganar dinero o adquirir poder. Seguir a Jesús es "vivir de camino", sin instalarnos en el bienestar y sin buscar un falso refugio en la religión. Una Iglesia menos poderosa y más vulnerable no es una desgracia. Es lo mejor que nos puede suceder para purificar nuestra fe y confiar más en Jesús.
Segunda escena. Otro está dispuesto a seguirle, pero le pide cumplir primero con la obligación sagrada de «enterrar a su padre». A ningún judío puede extrañar, pues se trata de una de las obligaciones religiosas más importantes. La respuesta de Jesús es desconcertante: «Deja que los muertos entierren a sus muertos: tú vete a anunciar el reino de Dios».
Abrir caminos al reino de Dios trabajando por una vida más humana es siempre la tarea más urgente. Nada ha de retrasar nuestra decisión. Nadie nos ha de retener o frenar. Los "muertos", que no viven al servicio del reino de la vida, ya se dedicarán a otras obligaciones religiosas menos apremiantes que el reino de Dios y su justicia.
Tercera escena. A un tercero que quiere despedir a su familia antes de seguirlo, Jesús le dice: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios». No es posible seguir a Jesús mirando hacia atrás. No es posible abrir caminos al reino de Dios quedándonos en el pasado. Trabajar en el proyecto del Padre pide dedicación total, confianza en el futuro de Dios y audacia para caminar tras los pasos de Jesús.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2012-2013 -
30 de junio de 2013

CÓMO SEGUIR A JESÚS

Jesús emprende con decisión su marcha hacia Jerusalén. Sabe el peligro que corre en la capital, pero nada lo detiene. Su vida solo tiene un objetivo: anunciar y promover el proyecto del reino de Dios. La marcha comienza mal: los samaritanos lo rechazan. Está acostumbrado: lo mismo le ha sucedido en su pueblo de Nazaret.
Jesús sabe que no es fácil acompañarlo en su vida de profeta itinerante. No puede ofrecer a sus seguidores la seguridad y el prestigio que pueden prometer los letrados de la ley a sus discípulos. Jesús no engaña a nadie. Quienes lo quieran seguir tendrán que aprender a vivir como él.
Mientras van de camino, se le acerca un desconocido. Se le ve entusiasmado:”Te seguiré adonde vayas”. Antes que nada, Jesús le hace ver que no espere de él seguridad, ventajas ni bienestar. Él mismo “no tiene dónde reclinar su cabeza”. No tiene casa, come lo que le ofrecen, duerme donde puede.
No nos engañemos. El gran obstáculo que nos impide hoy a muchos cristianos seguir de verdad a Jesús es el bienestar en el que vivimos instalados. Nos da miedo tomarle en serio porque sabemos que nos exigiría vivir de manera más generosa y solidaria. Somos esclavos de nuestro pequeño bienestar. Tal vez, la crisis económica nos puede hacer más humanos y más cristianos.
Otro pide a Jesús que le deje ir a enterrar a su padre antes de seguirlo. Jesús le responde con un juego de palabras provocativo y enigmático: “Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú vete a anunciar el reino de Dios”. Estas palabras desconcertantes cuestionan nuestro estilo convencional de vivir.
Hemos de ensanchar el horizonte en el que nos movemos. La familia no lo es todo. Hay algo más importante. Si nos decidimos a seguir a Jesús, hemos de pensar también en la familia humana: nadie debería vivir sin hogar, sin patria, sin papeles, sin derechos. Todos podemos hacer algo más por un mundo más justo y fraterno.
Otro está dispuesto a seguirlo, pero antes se quiere despedir de su familia. Jesús le sorprende con estas palabras: “El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios”. Colaborar en el proyecto de Jesús exige dedicación total, mirar hacia adelante sin distraernos, caminar hacia el futuro sin encerrarnos en el pasado.
Recientemente, el Papa Francisco nos ha advertido de algo que está pasando hoy en la Iglesia: “ Tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, sacándonos de nuestros horizontes, con frecuencia limitados, cerrados y egoístas, para abrirnos a los suyos.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2009-2010 – CON LOS OJOS FIJOS EN JESÚS
27 de junio de 2010

SIN INSTALARSE NI MIRAR ATRÁS

(Ver homilía del ciclo C - 2015-2016)

José Antonio Pagola

HOMILIA

2006-2007 – HACERNOS DISCÍPULOS DE JESÚS
1 de julio de 2007

MOVERSE

Mientras iban de camino.

Las primeras generaciones cristianas nunca olvidaron que ser cristiano es «seguir» a Jesús y vivir como él. Así de claro y sencillo. Por eso le da Lucas tanta importancia a tres dichos de Jesús.
A Jesús no se le puede seguir buscando seguridad, pues él «no tiene donde reclinar la cabeza». Para seguir a Jesús, hay que olvidarse de otras obligaciones pues lo primero es «anunciar el reino de Dios». A Jesús no se le puede seguir «mirando hacia atrás» pues quien le sigue así, «no vale para el reino de Dios».
«Seguir» a Jesús es una metáfora que los discípulos aprendieron por los caminos de Galilea. Para ellos significa en concreto: no perder de vista a Jesús; no quedarse parados lejos de él; caminar, moverse y dar pasos tras él. «Seguir» a Jesús exige una dinámica de movimiento. Por eso, el inmovilismo dentro de la Iglesia es una enfermedad mortal: mata la pasión por seguir a Jesús compartiendo su vida, su causa y su destino.
El instinto por sobrevivir en medio de la sociedad moderna nos lleva hoy a los cristianos a buscar seguridad. La jerarquía se afana por recuperar un apoyo social que va decreciendo. Las comunidades cristianas pierden peso y fuerza para influir en el ambiente. No sabemos «dónde reclinar la cabeza». Es el momento de aprender a seguir a Jesús de manera más despojada y vulnerable, pero también más auténtica y real.
En la Iglesia vivimos con frecuencia distraídos por costumbres y obligaciones que provienen del pasado pero no ayudan hoy a generar vida evangélica. Hay pastores que se sienten como «muertos dedicados a enterrar muertos». Es el momento de volver a Jesús y buscar primero el reino de Dios. Sólo así nos colocaremos en la verdadera perspectiva para entender y vivir la fe cristiana como quería él.
Pero quienes miran sólo para atrás, no valen para el reino de Dios. Cuando se ahoga la creatividad, se mata la imaginación evangélica y se controla toda novedad como peligrosa, se está promoviendo una religión estática que impide el seguimiento vivo a Jesús. Es el momento de buscar una vez más «vino nuevo en odres nuevos». Lo pedía Jesús.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2003-2004 – A QUIÉN IREMOS
27 de junio de 2004

HACERSE CRISTIANO

(ver homilía del año 1986)

José Antonio Pagola

HOMILIA

2000-2001 – BUSCAR LAS RAÍCES
1 de julio de 2001

DIOS NO ES VIOLENTO

Se volvió y los regañó.

Jesús no aceptó ninguna forma de violencia. Al contrario, la quiso eliminar de raíz. No hay duda alguna. Lo han proclamado siempre los cristianos y lo afirma rotundamente la investigación actual. La no violencia es uno de los rasgos esenciales de la actuación y del mensaje de Jesús. En el relato de Lucas, Jesús reacciona enérgicamente y reprende a sus discípulos porque desean que «el fuego del cielo» destruya a los odiados samaritanos que no los han acogido.
Sin embargo, sorprendentemente, esta no violencia de Jesús no ha sido considerada normativa ni relevante para el cristianismo. A lo largo de los siglos, los cristianos la han considerado como algo desconectado de la fe o del comportamiento cristiano. Se ha llegado incluso a bendecir guerras, cruzadas y posiciones militaristas, sin tener conciencia de ir contra algo esencial de la fe cristiana.
¿Dónde está la raíz de esta contradicción? Según diversos teólogos, el cristianismo sigue atrapado por la idea del Dios violento de la Biblia, sin atreverse a seguir a Jesús. Se conoce y se admira la no violencia del Maestro de Galilea, pero en la conciencia social de los pueblos «cristianos» sigue vivo y operante el arquetipo de un Dios justiciero y castigador que se impone a todos porque tiene más fuerza que nadie. Es este Dios el que nos lleva una y otra vez a la guerra.
Si algo quiso Jesús fue arrancar de las conciencias la imagen de un Dios violento. Sus gestos, sus palabras, su vida entera revelan a un Dios Padre que no se impone nunca por la violencia. Para Jesús, acoger el Reino de Dios significa precisamente eliminar toda forma de violencia entre los individuos y entre los pueblos. Su mensaje es siempre el mismo: «Dios es un Padre que está cerca. Sólo quiere una vida más digna y dichosa para todos. Cambiad vuestra manera de pensar y de actuar, y creed en esta Buena Noticia».
La fe de Jesús no ha logrado todavía cambiar la inclinación humana al recurso a la violencia. Quienes dominan el mundo sólo parecen entender el lenguaje de la guerra. Piensan «imponer la justicia» actuando a imagen del Dios violento del Antiguo Testamento. Hay que cambiar y creer en el Dios de Jesús. No es absurdo intentar caminos no violentos. Lo absurdo es que haya todavía alguien que siga creyendo en la guerra a pesar de tantos siglos de su bárbara inutilidad.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1997-1998 – UN CAMINO DIFERENTE
28 de junio de 1998

¿HACIA DÓNDE?

Te seguiré a donde vayas.

Es muy difícil que una persona haga el recorrido de su vida sin preguntarse nunca por el sentido de su existencia. Por muy monótona y rutinaria que sea su vida, tarde o temprano terminará por escuchar las preguntas que lleva en el fondo de su ser: ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿qué me espera?, ¿qué sentido tiene todo?
Estas preguntas pueden brotar en momentos de crisis y desgracia o en las horas de gozo más intenso. Le pueden sorprender durante el silencio de la noche o en el bullicio de una fiesta. Se las plantea el esposo feliz rodeado de su esposa e hijos, y el vagabundo que camina solitario por las calles. La mujer que sufre en la cama de un hospital y la que se broncea al sol en una playa de moda.
Es inútil que algunos filósofos nos digan que «no tiene sentido buscar sentido a la vida». (J. Sádaba). El ser humano quiere saber de dónde viene y a dónde va. En el nuevo milenio se seguirán haciendo las mismas preguntas que en milenios anteriores, pues la cuestión del sentido de la vida no es un entretenimiento para personas desocupadas, sino un asunto en el que «nos va la vida».
Por eso es tan grave que el hombre moderno se vaya quedando sin Dios y sin nada que pueda dar coherencia y sentido, fundamento y finalidad a la vida. Ya no se aceptan verdades ni metas absolutas. Hay que aprender —se dice— a vivir sin un sentido último. Según el filósofo de Turín, Gianni Váttimo, la tarea actual de la filosofía ha de ser «enseñar a vivir en la condición de quien no se dirige a ninguna parte».
Pero, ¿cómo vivir sin dirigirse a ninguna parte?, ¿qué le espera al ser humano si ya no sabe cuándo progresa y cuándo retrocede, cuando construye y cuándo se destruye? El hombre de hoy no parece sentir necesidad de una «salvación religiosa» del pecado y de la muerte, pero necesita ser salvado del nihilismo y el sinsentido que parece invadirlo todo.
Tarde o temprano, el verdadero creyente se sitúa ante Cristo con este tipo de preguntas: ¿qué es para Jesús vivir?, ¿cómo entiende la vida?, ¿dónde está el secreto de su estilo de vivir? No lo hace para encontrar recetas con las que resolver problemas concretos de su vida, sino para orientar y dar sentido a su existencia entera. Es más tarde cuando, atraído por la vida de Jesús, dice convencido: «Te seguiré a donde vayas».

José Antonio Pagola

HOMILIA

1994-1995 – VIVIR DESPIERTOS
2 de julio de 1995

INVIERNO EN LA IGLESIA

Tú vete a anunciar el Reino de Dios.

En los últimos años de su vida, el célebre teólogo K. Rahner decía que en Europa la fe se halla en «tiempo invernal». Luego han sido varios los teólogos europeos que han usado la misma metáfora para describir el momento actual de la Iglesia. Se trata, sin duda, de una expresión dura, pero que viene sugerida por algunos indicios graves. Sólo señalaré los que se apunta con más fuerza.
Bastantes cristianos se sienten sacudidos en su misma identidad. No están seguros de ser creyentes. Tampoco aciertan a comunicarse con Dios. La teólogo I.F. Górres hablaba hace unos años de la «secreta increencia » que crece en el interior mismo de la Iglesia. Por otra parte, no parece que las Iglesias estén consiguiendo transmitir la fe a las nuevas generaciones.
Otro dato importante es la pérdida de credibilidad del cristianismo. La Iglesia ya no despierta la confianza de hace unos años. Su palabra, muchas veces autoritaria y exigente, no tiene el peso moral de otros tiempos. La autoridad religiosa viene cuestionada hacia dentro y hacia fuera de la Iglesia. Al cristianismo se le piden hechos y no discursos.
Además, «lo cristiano» parece cada vez más irrelevante social- mente. El teólogo de Tubinga, N. Greinacher acaba de afirmar que «la Iglesia se está convirtiendo cada vez más en un fenómeno marginal de nuestra sociedad». En algunos ambientes, su actuación ni siquiera es considerada digna de discusión o de crítica.
La imagen de K. Rahner encerraba, sin embargo, un sentido más hondo que el de la «rigidez hibernal». En cada invierno se anuncia ya la primavera y, bajo los campos helados, la vida se prepara para un nuevo renacer. Pero, nada importante nace de forma fácil. El mismo Rahner pedía, en primer lugar, radicalidad, retorno a las raíces espirituales. «Es difícil saber de qué modo y con qué medios hacerlo, pero si el cristianismo estuviera marcado por la radicalidad, surgiría la primavera en la Iglesia. » Hoy no tenemos santos entre nosotros o, tal vez, ni somos capaces de reconocerlos. Este es nuestro primer problema.
Además, la Iglesia ha de acercarse al dolor del hombre actual, a su vacío interior, a su impotencia para encontrarse con Dios. Para nadie es fácil creer. Y la Iglesia tiene que desprenderse de falsas seguridades para acompañar a los hombres y mujeres de hoy en la búsqueda de sentido y esperanza. El «restauracionismo» sólo conduce a peligrosos atascos de endurecimiento y crispación. Lo que necesitamos es conversión personal y colectiva al Dios vivo de Jesucristo.
Tal vez ha llegado el momento en que la Iglesia, olvidando cuestiones secundarias, ha de escuchar la llamada de Jesús: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios

José Antonio Pagola

HOMILIA

1991-1992 – SIN PERDER LA DIRECCIÓN
28 de junio de 1992

Contra la violencia

Les regaño.

La primera reacción de muchos al oír hablar de la no-violencia es una reacción de escepticismo o desconfianza. En el fondo, son pocos los que creen de verdad que los graves conflictos que enfrentan a los hombres puedan resolverse sin acudir a la violencia.
Somos herederos de una larga tradición en la que la violencia ha jugado un papel decisivo. La historia que se nos ha enseñado es una historia de guerras. Desde niños se nos ha hecho creer que las armas son el único medio eficaz para lograr la victoria.
Las mismas Iglesias han contribuido a que la historia de Europa haya sido una historia violenta. Alejándose del Espíritu de Cristo han elaborado diferentes teologías que justificaban la violencia o permitían a los combatientes emprender «guerras santas» o, al menos, «justas».
Se diría que la humanidad no acierta a liberarse de la fatalidad de la violencia. A finales ya de este siglo que ha conocido guerras horribles, a nadie parece conmover demasiado que se desencadenen nuevos combates dentro de la misma Europa para resolver los conflictos entre los pueblos, o que se siga predicando entre nosotros la necesidad de la violencia.
Por eso, uno de los signos más esperanzadores en este momento de la historia es el nacimiento de grupos y movimientos comprometidos en crear una nueva cultura de no-violencia. Una cultura que no consiste en estériles condenas de la violencia, sino en la creación de un pensamiento nuevo sobre los conflictos y en la búsqueda de caminos y estrategias para luchar eficazmente por la justicia sin introducir nuevas violencias.
Tal vez, el primer paso sea desenmascarar la maldad que encierra toda violencia. Sobre nosotros siguen pesando ideologías que nos llevan a pensar que la violencia no sólo es necesaria, sino incluso honorable. En nuestro subconsciente colectivo la violencia aparece asociada a las causas más nobles de justicia y de libertad, como la reacción natural de hombres movidos por la nobleza, el sacrificio, la generosidad o el honor.
Es necesario tomar conciencia de que estamos totalmente equivocados. La violencia engendra siempre un proceso deshumanizador que pervierte radicalmente las relaciones entre los hombres, introduce en la historia nuevas injusticias y obstaculiza de nuevo el camino hacia la reconciliación.
De ahí la necesidad de buscar alternativas eficaces a la violencia poniendo en práctica métodos y estrategias que fuercen a resolver los conflictos por las vías del diálogo, el acercamiento de posturas y el acuerdo.
La Iglesia ha de comprometerse decididamente por esta cultura de la no-violencia si quiere ser fiel a aquel Jesús que fustigó la típica reacción de violencia destructora de unos discípulos que pedían «fuego del cielo» para acabar con una aldea que no los había acogido.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1988-1989 – CONSTRUIR SOBRE LA ROCA
2 de julio de 1989

LA NO-VIOLENCIA DE JESUS

Les regaño.

La escena es significativa. Los samaritanos, pueblo hostil a los judíos, rechazan a Jesús y le niegan la hospitalidad acostumbrada. La reacción de Santiago y Juan es rápida: “Señor, ¿quieres que mandemos fuego del cielo que acabe con ellos?”. Jesús les reprende y los invita a marchar a otra aldea.
Muchas veces los cristianos no hemos sabido ver algo que M. Gandhi descubrió con gozo al leer el evangelio: la profunda convicción de Jesús de que sólo la no-violencia puede salvar a la humanidad.
Después de su encuentro con el evangelio, Gandhi escribía estas palabras: “Leyendo toda la historia de esta vida… me parece que el cristianismo está todavía por realizar… Mientras no hayamos arrancado de raíz la violencia de nuestra civilización, Cristo no ha nacido todavía”.
La vida entera de Jesús ha sido, desde el principio hasta el fin, una llamada a resolver los problemas de la humanidad por caminos no violentos.
La violencia tiende siempre a destruir. Lleva dentro de sí misma la tendencia al exceso. Pretende solucionar los problemas de la convivencia humana arrasando al que considera enemigo, pero no hace sino poner en marcha una reacción en cadena que no tiene fin.
Jesús urge a “hacer violencia a la violencia”. El verdadero enemigo del hombre hacia el que tenemos que dirigir nuestra agresividad no es el otro, sino nuestro propio “yo” egoísta, capaz de destruir a quien se nos oponga.
Es una equivocación creer que el mal se puede detener con el mal y la injusticia con la injusticia. El respeto total a cada hombre y cada mujer, tal como lo entiende Jesús, está pidiendo un esfuerzo constante por reducir progresivamente la mutua violencia para ir extendiendo la cooperación, el diálogo y la búsqueda común de la justicia.
Los cristianos hemos de preguntarnos por qué no hemos sabido todavía extraer del evangelio todas las consecuencias de la “no-violencia” de Jesús ni le hemos dado el papel central que ha de ocupar en la vida y la predicación de las iglesias.
Paradójicamente, han sido los países de tradición cristiana los primeros en hacer posible el deseo de los discípulos. Ya tenemos sobre nuestras cabezas ese “paraguas nuclear” que puede hacer bajar fuego del cielo y arrasarnos a todos.
Tal vez, uno de los mayores pecados de las Iglesias actuales sea el no promover e impulsar con fuerza y convicción un movimiento de no violencia que vaya desarrollando una cultura diferente de la que están imponiendo hoy los profetas del armamentismo y el “equilibrio del terror”.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1985-1986 – BUENAS NOTICIAS
29 de junio de 1986

HACERSE CRISTIANO

Sígueme.

Ser cristiano no es tener fe sino irse haciendo creyente. Con frecuencia, entendemos la vida cristiana de una manera muy estática y no la vivimos como un proceso de crecimiento y seguimiento constante a Jesús.
Sin embargo, en realidad, se es cristiano cuando se está caminando tras las huellas del Maestro. Por eso, quizás deberíamos decir que somos cristianos, pero, sobre todo, nos vamos haciendo cristianos en la medida en que nos atrevemos a seguir a Jesús.
Para no pocos, la vida cristiana se reduce más o menos a vivir una moral muy general que consiste sencillamente en «hacer el bien y evitar el mal». Eso es todo.
No han entendido que el seguimiento a Jesús es algo mucho más profundo y vivo, y de exigencias más concretas. Se trata de irnos abriendo dócilmente al Espíritu de Jesús para vivir como él vivió y pasar por donde él pasó.
Por eso, el cristiano no sólo evita el mal, sino que lucha contra el mal y la injusticia como lo hizo Jesús, para eliminarlos y suprimirlos de entre los hombres. No sólo hace el bien, sino que lucha por un mundo mejor, adoptando la postura concreta de Jesús y tomando sus mismas opciones.
No basta buscar la voluntad de Dios de cualquier manera sino buscarla siguiendo muy de cerca las huellas de Jesús. Como ha dicho P. Miranda, «la cuestión no está en si alguien busca a Dios o no, sino en si lo busca donde él mismo dijo que estaba».
A veces pensamos que es difícil saber cuál es la voluntad de Dios en nuestra vida. Y sin embargo, sabemos muy bien cuál es el estilo de vida sencillo, austero, fraterno, cercano a los pobres, que debemos reproducir día a día siguiendo a Jesús.
Hay cosas que son muy claras si nos ponemos a seguir a Jesús. «La voluntad de Dios no es un misterio por lo menos en cuanto atañe al hermano y se trata del amor» (E. Kasemann).
Ciertamente es arriesgado y exigente seguir a Jesús. No se puede servir a Dios y al dinero, no se puede echar mano al arado y volver la vista atrás, puede uno quedarse sin apoyo alguno donde reclinar su cabeza.
Pero es lo único que puede infundir verdadera alegría a nuestra vida. Cuando el creyente se esfuerza por seguir a Jesús día a día, va experimentando de manera creciente que sin ese "seguir a Jesús", su vida sería menos vida, más inerte, más vacía y más sin sentido.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1982-1983 – APRENDER A VIVIR
26 de junio de 1983

UN CRISTIANO DE SEGUIMIENTO

Sígueme.

En momentos de crisis como el que estamos viviendo es grande la tentación de buscar seguridad, volver a posiciones fáciles, y llamar de nuevo a las puertas de una religión que nos “proteja” de tanto problema y conflicto.
Por eso, un creyente que lo quiera ser de verdad debe preguntarse una y otra vez: ¿Cómo ser cristiano hoy? Y naturalmente, la respuesta es la de siempre. Hay que volver a Jesús. Hay que volver a una espiritualidad de seguimiento a Jesús.
Se trata de configurar toda nuestra vida cristiana en el seguimiento a Jesús, sin caer en la tentación de seguir otros intereses ni otras corrientes que aparentemente nos pueden ofrecer una “seguridad religiosa”, pero que nos alejan del espíritu del evangelio.
J. B. Metz nos ha hablado del desafío más grave al que nos enfrentamos los cristianos en Europa. Decidirnos entre “una religión burguesa” o “un cristianismo de seguimiento”.
Seguir a Jesús no significa huir hacia un pasado ya muerto, sin tratar de vivir hoy con el espíritu que le animó a él. Como ha dicho alguien con ingenio, se trata de vivir hoy “con el aire de Jesús” y no “al aire que más sopla”.
Este seguimiento no consiste primariamente en apropiarnos de un conjunto de ideas nuevas, ni en pasar a pertenecer a un grupo de selectos, sino en hacer de Jesús el eje único de nuestro vivir diario y en ponernos decididamente al servicio de los que él llamaba reino de Dios.
Este seguimiento a Jesús implica casi siempre caminar “contra corriente” en actitud de rebeldía y ruptura frente a costumbres, modas, corrientes de opinión que no concuerdan con el espíritu del evangelio.
Y esto exige no solamente resistirse a dejarse domesticar por una sociedad superficial y consumista, sino incluso saber contradecir a los propios amigos y familiares cuando nos invitan a seguir caminos contrarios del evangelio.
Por eso, el seguir a Jesús implica también estar dispuesto a la conflictividad y a la cruz. Estar dispuesto a compartir su suerte. Aceptar libremente el riesgo de una vida crucificada como la suya, sabiendo que nos espera resurrección.
¿Ya no somos los cristianos de hoy capaces de escuchar la llamada siempre viva de Jesús: “Sígueme”?

José Antonio Pagola



Blog:               http://sopelakoeliza.blogspot.com

Para ver videos de las Conferencias de José Antonio Pagola
                        http://iglesiadesopelana3v.blogspot.com


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